Linda Laubenstein, en la primera línea de la epidemia

Published On 11/09/2016 | By Adrian Hugo Llorente Aginagalde | Historia

1981…

Antes de que se conociera el SIDA, antes del Club de las Cuatro Haches (homosexuales, heroinómanos, hemofílicos y haitianos), antes de que se bautizara como la Peste Rosa

Antes de todo eso, una doctora neoyorquina describió 41 casos de un extraño cáncer dermatológico: el sarcoma de Kaposi. Todos los pacientes tenían algo en común, su orientación sexual. Y el CDC terminó declarando la epidemia, escondida al inicio bajo aquella simple agregación de casos, que los medios bautizarían como “el cáncer gay“.

Mientras enfermeras y médicos se negaban a entrar en las salas de espera de estos pacientes, aquella investigadora, impotente e incapaz de detener aquella nueva enfermedad cuya causa faltaban años por conocer dio una de las mejores lecciones de epidemiología de la historia: el activismo social como medida de prevención.

Atendía a los pacientes sola y a escondidas en la sala de urgencias de noche, a pesar de que su salud seguía empeorando, porque ella misma había conocido aquel rechazo cuando la polio la postró en una silla de ruedas y en su localidad natal de Oklahoma nadie quiso acercarse a ella.

Estaba más enferma que la mayoría de sus pacientes, pero tuvo tiempo para organizar la primera conferencia sobre el SIDA, aunando y juntando a los primeros virólogos que empezaban a estudiar la enfermedad, por que ella lo tenía claro: aquella epidemia solo acababa de empezar.

Su activismo le llevó a visitar los locales gays de Nueva York en un vano intento de prevenir su extensión, pero sus opiniones eran demasiado extremas para una enfermedad desconocida y en una comunidad víctima de la homofobia sus propuestas de evitar las relaciones hasta que se descubriera su origen no fueron bien recibidas.

No tenía pruebas, pero sospechaba que se trataba de una enfermedad de transmisión sexual.

Posteriormente se fundaría la ‘Gay Men Health Crisis‘ y la movilización social convertiría la ‘Inmunodeficiencia Asociada a los Gays (GRID)’ en el SIDA. Los NIH le negarían la financiación de sus investigaciones y hasta el 84 no se descubriría que detrás de aquella enfermedad se encontraba el VIH.

Pero aunque pasará a la historia por ser la primera en publicar la relación entre los Sarcomas de Kaposi y el SIDA, ella fue mucho más allá y demostró que incluso sin pipetas y solo con una bata y una silla de ruedas se podía hacer mucho más a través del activismo, la concienciación. Allá donde el epidemiólogo del CDC Don Francis falló, ella fue capaz de encontrar aliados.

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Linda Laubenstein (1947 – 1992)

La historia de Linda Laubenstein no es quizá tan conocida como la Don Francis, probablemente otro desconocido para el público general, y ocupó muchas menos páginas que el enfrentamiento entre Luc Montagnier y Robert Gallo, pero es una historia que también hay que conocer, pues es la demostración de que la nueva Salud Pública cuenta con una poderosa herramienta para combatir la epidemia, sus determinantes sociales y el estigma: la movilización y concienciación social.

Para saber más: El SIDA, la última gran epidemia que nadie previó (podcast)

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About The Author

Investigador del Museo Vasco de Historia de la Medicina y de la Ciencia de la UPV/EHU, especializado en Historia de las Epidemias, y médico interno residente de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Universitario de Cruces.

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