Selfies con el venerable

Selfies con el venerable

Published On 30/06/2014 | By Taig Mac Carthy | Crónica, Entrevista

Ése soy yo con el maestro Lobsang Dhonden Rimpoche, un venerable Geshe tibetano. Lobsang aterrizó en Bilbao el martes con su túnica granate, gafas de sol y una maleta de ruedas de quince kilos. Habla inglés perfectamente, pero la comitiva encargada de recibirle no, por eso estaba yo ahí: soy el traductor de Lobsang. Fue fácil reconocerle entre los demás pasajeros; era el único monje tibetano. No recuerdo la firmeza de su apretón de manos, pero guardo un recuerdo claro de su sonrisa rasgando más sus grandes ojos ya de por sí rasgados.

Es el primer monje tibetano que conozco, pero me atrevería a decir que Lobsang no es el típico monje. No me parece una persona extraña. Es como recoger a cualquier extranjero a la estación. Tiene alrededor de 47 años; aunque parece más joven, y viaja con un iPad en la mochila. La biografía del maestro Lobsang resulta muy peliculera sobre el papel, pero él me lo cuenta de forma sencilla. Nació en Tíbet, pero su familia se exilió a Bután cuando él era niño por problemas con el régimen de Mao. También tuvieron dificultades en Bután, por lo que se mudaron al sur de India, donde cursó sus estudios. Tras graduarse y recibir el título de Geshe, hace cuatro años, decidió vivir una vida occidental. Pidió a su maestro que bendijera su decisión y ahora estudia psicología en una universidad de California.

india-1No podía esperar a hablar con él sobre sus movidas budistas. Lo cierto es que el Budismo es un tema que me interesa mucho, principalmente por lo extraño que me resulta. La educación que he recibido se asienta sobre una determinada concepción del individuo, y el budismo parte desde otra distinta. El verano pasado viajé a India y aprendí un poco sobre ello. Las condiciones de vida en las que me encontré viviendo durante más de un mes; la suciedad, los niños pidiendo, el mal olor y las ratas, me obligaron a distanciarme un poco del concepto que tenía de mí mismo. Tenía dos opciones: adaptarme y disfrutar, o seguir pensando como un urbanita europeo y pasarme el viaje llorando. Esta experiencia me ayudó a flexibilizar mi intelecto en varias dimensiones.

«¿Cómo es vivir una “vida normal” en California después de haber crecido en India, Tíbet y Bután?». El venerable se ríe y me dice que vivir en los Estados Unidos es mucho más difícil. Tener un trabajo, pagar el alquiler, conseguir el carné de conducir… «Vivir en California es más retador que la vida en el monasterio».

«¿Y notas alguna diferencia entre la forma en la que tú vives y cómo vive la gente a tu al rededor?». «Creo que sí –responde–. La meditación le da un sentido a las cosas que hago. Puedo sentirme lleno por dentro al hacer mi día a día». Lobsang dice que conoce a muchas personas que no encuentran el sentido a su día a día, y cree que es porque espiritualmente se sienten vacíos.

Tengo curiosidad por saber cuánto medita al día y qué tipo de prácticas realiza, por lo que le pregunto si comprando en el supermercado también lo hace; no se ríe. «No es eso», niega con la cabeza. «La meditación no es algo que haga de forma aislada en momentos concretos, sino que la practico constantemente. Verás, yo entiendo dos tipos de meditación: sistemática y no-sistemática». Según Lobsang, la primera sirve para alcanzar un estado de sosiego, el verdadero estado de la mente, en el que no tienes pensamientos. Esto se puede hacer a través de la respiración, por ejemplo. «Es fácil». Una vez llegas a ese estado de no-pensar, puedes pensar para comprender. «El budismo no es una religión: no tienes que confiar en tu fe de forma ciega». El maestro me confiesa que su naturaleza es crítica y que necesita entender; no le vale con la fe. Por eso medita, piensa y estudia. «Es un conocimiento basado en mis experiencias, un conocimiento en el que puedo confiar y sobre el que puedo construir».

Lobsang Dhonden RimpocheNo me puedo resistir: «¿A qué tipo de conocimiento llegas mediante la meditación? ¿Qué cosas llegas a entender?». Lobsang me sonríe tiernamente, como si le hubiera preguntado una tontería adorable. Ahí me desarrolla que todas las religiones, incluso muchos ateos, entienden que el odio es una emoción negativa. Opinan que hay emociones negativas y otras positivas, como el amor. «El budismo te ayuda a comprender que todo lo negativo proviene de la misma semilla. Si eliminas esa semilla, el odio no puede existir en ti. Si viene tu enemigo, no aparece como tu enemigo, porque has eliminado la semilla y no puedes odiarle». Él cree que identificar esta semilla es el último propósito del Budismo. «¿Eso es lo que la gente llama iluminación?», profundizo. «La iluminación, según creo yo, es la perfección de la semilla de lo positivo y la supresión de la semilla de lo negativo. Hay gente que cree que la iluminación consiste en desprender luz o cosas por el estilo –dice mientras se ríe–, pero no es nada de eso».

Por extraño que resulte, en ese momento quise saber si Lobsang tenía novia o si podría tener sexo como cualquier otro californicador. Me explica que cuando terminó sus estudios habló con su maestro y le comunicó su deseo de vivir una vida distinta a la del monasterio. «Mi maestro es un gran hombre y entendió mi petición, así que no tengo ninguna “restricción”», se ríe.

El trabajo de Lobsang en California es algo así como Profesor particular de meditación para gente con pasta. También hace esta labor de forma gratuita en centros de personas mayores. «Mucho mejor que trabajar en un McDonald’s, ¿no?», le pregunto mientras ambos nos reímos.

En cierto punto durante la conversación nos llamaron a la mesa para comer. Lobsang come de todo; también carne y pescado, aunque la anfitriona había previsto un menú vegano.

Ritual de sanación

Lobsang estaba en la ciudad para a impartir cursos de iniciación a la meditación a los pocos bilbaínos que creen en esto. También iba a practicar rituales de sanación, en los que yo debía estar presente.

El miércoles por la mañana, acudí al centro Aguamarina en el que Lobsang iba a llevar a cabo los rituales. Un ritual de sanación es algo extraño para cualquier persona ajena a toda esta corriente espiritual. A mi madre le inquieta que participe de cualquier manera en “esos rollos raros” y lo cierto es que a mí también me resultó raro. Mi trabajo de traductor requería que estuviera presente durante todas las ceremonias, y tras unas cuantas creo que llegué a entender un poco en qué consiste un ritual de sanación.

Un ritual es un proceso diseñado para que una persona se libere de pensamientos, emociones y otras cosas chungas que tenga dando vueltas por su cabeza. Valiéndose de símbolos y metáforas, el ritual hace que una persona visualice representaciones que sólo están en su mente. La mayoría de personas no somos capaces de eliminar las preocupaciones y el miedo igual que sacamos la basura de casa, porque la basura es algo físico; es fácil sacar una bolsa de basura de casa, pero no es tan fácil sacar la basura de la cabeza.

¿Funcionan los rituales de sanación? No lo sé. Personalmente opino que es mejor que cada uno saque su propia basura. Por otro lado, en nuestra cultura pagamos bastante dinero a psicólogos y psiquiatras que nos recetan medicamentos y drogas de farmacia que no sirven para sacar la basura, sino para tratar de paliarla. Tampoco soy fan de ese sistema. Sólo diré que no conozco a nadie que se haya suicidado a base de rituales de sanación tibetanos.

Lobsang

Antes de despedirnos, le dije que quería una foto con él. «Ah, ¿a selfie?». Estuvimos charlando más, y me habló de sus hobbys. Resulta que le apasiona andar en bicicleta. Es una bici especial, me dice, pedaleas recostado. Va a todos los sitios en su bici y suele quedar con sus amigos tibetanos para pedalear en cuadrilla. Para escribir este post busqué vídeos de Lobsang. Ha sido una sorpresa entrar en su canal de Youtube y ver una enorme cantidad de vídeos suyos pedaleando en su bicicleta por California.

Este es Lobsang pedaleando de camino a la universidad. ¿Estaría meditando?

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