José ‘Scientia’ Nicolás: “¿Qué cojones tienen que decir los políticos a un reglamento redactado por científicos?”

Published On 20/05/2014 | By Jon Gurutz Arranz Izquierdo | Divulgación, Entrevista

“En ciencia no se invierte, en ciencia se gasta. Porque la inversión va asociada, casi siempre, al rendimiento económico y en ciencia, buscarlo de forma inmediata, es absurdo. Por supuesto, hay que gastar en ciencia porque mata la curiosidad del científico. Y la curiosidad genera conocimiento.

La ciencia podría ayudar a desarrollar productos que sí den rendimiento económico, pero solamente podría, sin que sea su objetivo primordial. La ciencia ayudará a formar una sociedad más exigente y de ahí seguro que saldrán personas que puedan conducir a la ciencia a un sitio muy distinto al que le han llevado los actuales dirigentes”. ~ Scientia acerca de por qué la inversión en ciencia es una falacia. Extracto de su intervención El huevo y la niña, durante la celebración del evento de divulgación científica Naukas 2013 en Bilbao, donde habló de las enfermedades raras y la importancia crucial de la investigación básica.

Galardonado en la categoría de Ciencia, Tecnología e Internet durante la última edición de los Premios20Blogs —imperdible su discurso no pronunciado—, ganador del premio bitácoras 2013 al Mejor blog de ciencia de habla hispana —tras quedar finalista en 2012—, reconocido con el segundo premio Tesla durante el evento Naukas 2012 y distinguido con el Premio Experientia Docet a la excelencia en la divulgación científica. El blog Scientia es, pese a lo reciente de su andadura digital, un referente respetado a la hora de denunciar los abusos de las empresas que utilizan el marketing pseudocientífico sin ningún reparo para vender sus productos de dudosa calidad. Tanto es así, que ya ha conseguido que varias multinacionales de la industria alimentaria y cosmética hayan cambiado su publicidad tras ser el objetivo de detallados posts en los que, a través del rigor científico, el autor ha ido desgranando y desmontando uno a uno los desmanes de todas ellas.

En el mundo real, fuera de la endogamia internetera de los blogs de divulgación científica, quien se encuentra detrás del alias Scientia es José Manuel López Nicolás, Doctor en Ciencias Químicas por la Universidad de Murcia, donde actualmente es profesor titular de Bioquímica y Biología Molecular. Allí desarrolla su actividad docente e investigadora dentro del Grupo de Excelencia Bioquímica y Biotecnología enzimática, siendo la encapsulación molecular de compuestos bioactivos su principal línea de trabajo en el laboratorio. A este trabajo le añade un gran número de publicaciones en revistas científicas internacionales, su asidua participación en la plataforma Naukas, ya sea realizando ponencias, escribiendo para la revista en papel y en FIVE o en el libro grupal recientemente editado Grandes enigmas de la ciencia: la curiosidades más sorprendentes de nuestro mundo, así como la colaboración habitual en la revista digital gratuita Journal of Feelsynapsis. Y, para rematar, ha sido designado presidente de la recién creada Asociación de Divulgación Científica de la Región de Murcia (ADCM).

Hace un par de semanas escribió, el que probablemente sea, su post más importante hasta la fecha, así que podéis pasaros a felicitarle.

José Manuel López Nicolás concedió esta entrevista a “¡Muera la inteligencia!” durante la celebración de la jornada Las dos culturas y más allá: Ciencia, Sociedad y Desarrollo organizada por la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU en los Cursos de Verano en el Palacio Miramar, donde participó con la ponencia Malos usos de la ciencia.

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EL MIEDO VENDE, COMPRA

Pregunta. ¿A qué cree que obedece el aumento de la quimiofobia entre la población?

Respuesta. La quimiofobia es el miedo irracional a todo aquello que tenga relación con la química. En este momento se ha convertido en una moda que asocia lo “natural” con lo saludable y que lo “orgánico/ecológico” es equivalente a mejores propiedades sobre la salud; de modo que lo “artificial, sintético o químico” es peor. Es una moda, sí, pero peligrosa. Se está implantando en la sociedad: las últimas estadísticas dicen que más del 70% de los españoles piensan que un producto con aditivos tiene más riesgos para la salud que uno sin ellos. Eso es un auténtico disparate. Es más, afortunadamente tenemos los aditivos, porque sin ellos no podríamos comer la mayoría de productos que consumimos diariamente.

P. ¿Se ha preguntado cómo es posible que haya unido a grupos tan diversos, en ocasiones antagonistas en cualquier otra materia?

R. Porque es una moda populista que va dirigida a toda la sociedad, no solo a un grupo. Por eso, si quiero vender un producto, como en el caso de Punset, digo que es “100% natural”, y listo. Y si, desde los grupos de los ecologistas radicales, quiero infundir miedo respecto a algo, pues digo que “huele a química”. Cuando se está instalando una moda dentro de la sociedad son muchos los sectores que se apuntan. Además, es una moda populista, eso está claro: tú sales a la calle y le preguntas a la gente a ver qué prefiere si algo natural o algo químico, y sabes la respuesta que te van a decir “lo natural, siempre”. Por eso está tan aceptada y promulgada por parte de algunos sectores. Sirve para vender lo que sea.

P. ¿Cómo es posible que una sociedad avanzada pueda olvidar su propio pasado reciente y ser tan absolutamente irresponsable como para rechazar el progreso científico logrado con tanto trabajo?

R. Por el miedo que nos meten, en ciertos aspectos vamos hacia atrás como sociedad. Un caso claro es el de los transgénicos, que está muy asociado a todo esto. La primera empresa que usó transgénicos se vanagloriaba de utilizarlos, y con razón. Toda su publicidad hablaba de que estaban utilizando la última tecnología puntera y que eran vanguardistas; pero, sin embargo, ahora esto lo esconden. Pues con la química ocurre lo mismo, estamos yendo hacia atrás, a la gente se le ha metido en la cabeza una equivalencia entre “lo natural” y “lo saludable”. Y lo han logrado entre todos: gracias a los medios de comunicación, a los slogans publicitarios, a grupos ecologistas, etc. Han ganado una guerra mediática. Ahora, mucha culpa de esto la tenemos los divulgadores. Bueno, no, mejor dicho, los científicos. Y ahí me incluyo: nos hemos quedado en nuestra Torre de marfil viendo cómo el “enemigo” iba avanzando con esta moda sin que le plantásemos cara con divulgación, mientras nos dedicábamos a otras cosas, y cuando nos hemos dado cuenta ya es muy difícil dar marcha atrás a toda esta desinformación.

P. Parte de esa desinformación quimiobófica ocurre en la prensa, ¿de dónde viene esa obsesión de los medios con la pseudociencia?

R. Porque el amarilleo, dramatismo y el miedo venden. Que lo hagan ciertos personajes determinados, los de siempre ya de sobra conocidos, vale; pero que sea la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), como cuando dijo que podría haber riesgos en las embarazadas al tomar un aditivo, eso es una verdadera burrada, probablemente de las más grandes que he escuchado nunca. Y eso es más peligroso, porque de la OCU no te lo esperas.

P. Relacionado con eso, criticó muy duramente el delirante alegato quimiofóbico en Público, escrito por la periodista, política y activista profesional Esther Vivas.

R. Es una persona que, en fin. Fue cabeza de lista a nivel de España por los Anticapitalistas para las Europeas, es quimiofóbica total y dice auténticos disparates desde el punto de vista científico, especialmente sobre aditivos y transgénicos. Que además tiene una vertiente populista que, claro, todo el mundo está a favor de la paz en el mundo, no te digo, ¡yo también y todos! La mejor noticia que he tenido de ella es que antes tenía una página en Wikipedia bastante extensa dedicada a ella y ahora se ha reducido muy considerablemente. Ahí alguien tuvo que ver.

P. Cuando he solido ver debates o ciclos en los que aparece ella, por ejemplo en el que estuvo con Mulet, me he dado cuenta de que vosotros os cortáis un poco a la hora de hablar u opinar sobre temas ajenos a vuestro campo, pero es que ella en cambio pontifica sobre absolutamente de todo.

R. Habla de lo que sea. Yo no es que me corte o no me atreva a decir algo, es que soy incapaz de hablar de lo que no tengo ni puta idea. Pues ella lo hace, pero es que además lo hace de una forma que parece verdad. Es un verdadero peligro las cosas que dice sin base científica porque eso llega a mucha gente, tiene una relevancia social importante, de ahí que escribiera aquel artículo. La primera vez, con el texto de Público, no sabía ni quién era, y flipé. Tampoco hay que darle mucha más importancia de la que tiene porque su peso en el mundo científico es nulo.

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MALOS USOS DE LA CIENCIA

P. Durante su charla de hoy, titulada Malos usos de la ciencia, ha desarrollado ciertos temas relacionados con la alimentación en los que ya profundizó cuando publicó: “Sin conservantes ni colorantes”, ¿por qué no?, en Naukas, y acerca de “lo natural y lo químico” en Scientia con Alimentos ecológicos, ¿sí o no?. Ambos textos generaron mucho debate.

R. Desde que escribí el segundo artículo, el de los alimentos ecológicos, mi opinión ha cambiado. Y eso es bueno también. Sigo pensando que no existen ventajas nutricionales ni mayor seguridad entre los productos “ecológicos” y los convencionales, pero lo que ya no tengo tan claro es que en la realidad los alimentos “ecológicos” sean mucho más respetuosos sobre el medio ambiente que los alimentos convencionales. En el primer texto hablaba de los aditivos, especialmente de la publicidad del estilo “sin conservantes ni colorantes”. Hoy me he centrado en el aspecto legal del tema, ya que siempre nos movemos con el discurso romántico al decir cosas del estilo “todo es química”, pues hoy quería darle una vuelta. Y en la normativa dice que al anunciar un producto no se puede echar mierda sobre los ingredientes de otro producto si estos han sido admitidos legalmente y han pasado todas las pruebas estipuladas.

P. Quizá me haya despistado, pero nunca le había leído o escuchado ese argumento.

R. Claro, ¡es que nunca lo había dicho!

P. Sobre los grandes lemas engañosos de la publicidad pseudocientífica, el problema parece que empezó con el “sin colorantes ni conservantes”, después pasó a “sin aditivos”, luego degeneró en “sin químicos” y ha acabado con el “sin porquerías”, ¿cuál es el límite?

R. Pero fíjate, son casos distintos. Quiero decir, el “sin colorantes ni conservantes ni aditivos” se vende con la pretensión de que el consumidor piense que es más saludable. Pero es que el “sin porquerías” tenía trampa, porque sí que los tenía: el comprador no ve la E, que es lo que relaciona con los aditivos, pero en el etiquetado están los nombres completos de los aditivos. De ahí que se diga lo de “sin porquerías”, porque no lo puede llamar sin aditivos, porque los tiene. Volvemos a lo mismo de antes acerca de “lo natural”. No sé cuál será el siguiente lema engañoso, pero te aseguro que ya están buscando nuevas formas. La trampa siempre va a ir por delante de la explicación que la desmonta.

P. Al hilo de eso último, recientemente ha dicho que sería necesario regular la publicidad de alguna forma para evitar el marketing pseudocientífico.

R. No soy alguien al que le guste excesivamente regular, y creo que comunicar ciencia es fundamental, pero ¿de verdad alguien piensa que la divulgación que hacemos, ya sea desde los blogs, libros o charlas, llega a toda la sociedad? No. Claro que no hay que dejar de divulgar y explicar dónde está el engaño en cierto producto que acabe de salir al mercado, pero es que a la vez hay que restringir y cortar de raíz el uso de esa mala ciencia. Y la única manera de detener esto es de forma legislativa. Es necesaria una ley y meterles una multa, porque si no van a seguir haciéndolo. ¿Cuánta gente sabrá lo del “sin porquerías”? Un número ridículo, en las redes sociales y los blogs, quizá. A veces perdemos la perspectiva, nos creamos nuestro micromundo y extrapolamos cuando somos cuatro gatos.

P. Es curioso que justo diga esto cuando es, pese a la corta vida de Scientia, precisamente uno de los divulgadores que más ha conseguido. Por cierto, puede decir los nombres que quiera, nunca vamos a tener publicidad.

R. Ah, bueno, eso da igual, un día me van a pegar una paliza y listo [se carcajea]. Sí, cierto, he conseguido cambiar el anuncio de L’Oréal, que aquello fue lo primero; cambiar el “sin porquerías” de Hero; que la Asociación Española de Dietistas y Nutricionistas retire el aval a Danone por el Actimel; que la OCU quite una página de quimiofobia entera, que no es un órgano menor… Sí, y además presumo de ello, dejadme hacerlo. Ahora bien, lo que quiero decir, ¿cuántos casos existirán que no se han denunciado ni corregido? ¿Cuánta gente sabrá lo del “sin conservantes ni colorantes”? Eso no lo he cambiado, ni creo que lo consiga. De nuevo, la única forma de evitar las prácticas publicitarias pseudocientíficas es por ley. ¿Que logro cambiarlo con divulgación? Muy bien, pero habrá otros después.

P. En el caso de la normativa europea sobre seguridad alimentaria, ¿cree que va a poder legislar de alguna forma?

R. Antes era un auténtico cachondeo y un caos, pero lo de ahora es una oportunidad perdida brutal porque han hecho un reglamento erróneo. Conozco a gente que ha participado en la redacción de la normativa, y su contestación es que se trata de un reglamento europeo, por lo que hay que unificar las opiniones de tantos países que es lo mejor que han podido hacer, porque hay algunos que no querían regular directamente nada. No me vale esa respuesta. Entiendo lo que me están diciendo, pero no me vale.

Además, me consta que el reglamento original era más estricto. Se reunieron un montón de científicos y publicaron un reglamento, que fue echado para atrás por políticos. Pero, ¿qué cojones tienen que decir los políticos a un reglamento que han hecho los científicos? Tardaron dos años en redactarlo, ¡dos años para hacerlo!, y ahora tú, que no tienes ni idea, ¿vas y lo rehaces? ¿Pero qué sentido tiene todo esto? Claro, se llevaron un cabreo considerable los científicos del primer texto. No me gusta hablar de conspiraciones ni de lobbies, pero el reglamento original era estricto y eso no le interesaba nada a la industria alimentaria, que es poderosa, por lo que no salió. Ahora tenemos éste, y la industria lo está celebrando diciendo “fijaos qué buen reglamento que cada vez son menos las solicitudes de productos a analizar que tenemos porque somos más estrictos”. Mentira. Ahora no evalúan nada, basta con que el producto tenga un único micronutriente que ya esté aprobado para que se diga que cumple la ley.

P. De modo que su reclamación es que la normativa europea evalúe el producto completo.

R. Claro, vamos a imaginar que tenemos un producto que es una auténtica bazofia desde el punto de vista nutricional, algo que produzca obesidad o lo que sea. Una hamburguesa malísima churretosa de esas con aceite requemado, con grasas trans y todo lo que quieras, una aberración desde el punto de vista nutricional, vamos. Tú a eso le añades un micronutriente, por ejemplo el del selenio, y ya puedes cantar las bondades del producto sin necesidad de que te lo evalúe la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (por sus siglas en inglés, EFSA), porque, claro, como ese ingrediente ya está aprobado… ¿Esto es normal?

P. Las prácticas fraudulentas de las empresas de complementos alimenticios, desde el marketing engañoso hasta el pseudocientífico. ¿Algún producto cumple con el rigor científico?

R. Ahora cumplen el haber añadido un micronutriente avalado por la EFSA, por lo cual son legales. Pero estamos en el mismo caso que con los alimentos funcionales que he dicho antes, se equivocan en dos cosas: no hay evaluación producto por producto y el ingrediente extra que le añaden, y por lo que lo patrocinan supuestos beneficios, está en una dieta normal en mucha más alta concentración. Entonces, ¿cumplen con la ley? Sí. ¿El complemento alimenticio evita los controles de los fármacos? También, y por eso tienen mucho más fácil salir al mercado. ¿Estoy diciendo que no sean seguros? No, para nada, son seguros desde el punto de vista toxicológico; pero desde el punto de vista funcional, aunque sean legales, para mí son un fraude.

P. Entonces, ¿cómo se imagina un complemento alimenticio no engañoso? ¿Y una legislación rigurosa?

R. Para empezar, como ya he comentado, una normativa que evaluara producto por producto y, sobre todo, que el complemento alimenticio con el que esté enriquecido el producto sea una sustancia que no puedas encontrarte de forma normal en la dieta tradicional a esas concentraciones, y que además tenga un efecto beneficioso reconocido por la EFSA. Por ejemplo, un caso positivo es el de Danacol y Benecol, que están enriquecidos en fitoesteroles para reducir el colesterol, que no es posible encontrarlos en los alimentos naturales a esa alta concentración. No ocurre lo mismo con el caso de la vitamina B6 y el fósforo.

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P. Relacionado con eso hizo una llamada a la auto-crítica que no suele ser habitual: “Menos culpar a la industria alimentaria y más mirarnos a nosotros mismos.

R. Hice una encuesta y todo el mundo creía que el Latobacillus casei era el que ayudaba al efecto inmune, de modo que les expliqué que en realidad lo producía la vitamina B6. Pero es que después volví a preguntar a aquellos a los que ya se lo había explicado, y resulta que el 80-85% le seguían dando el Actimel a sus hijos porque, claro, “no iba a ser su niño el que fuera con un plátano en papel albal mientas que el de al lado iba con su Actimel”.

El Actimel, o el Lactobacillus casei de Hacendado, no han demostrado que tengan efecto alguno sobre el sistema inmune. Sin embargo, existen muchos micronutrientes, vitaminas o minerales, como el selenio o la vitamina C, que sí que lo tienen, por eso son precisamente los que están utilizando para enriquecer los complementos alimenticios o funcionales. Pero claro, luego te vendo el producto a precio de Lactobacillus casei, no de vitamina B6.

P. Y además los consumidores se muestran hostiles a las evidencias, de ahí que le acusen de friki científico, lobbysta, fastizoide (sic).

R. Me quedé alucinado, “fastizoide”, ¿pero eso qué es? Con el tema del Lactobacillus casei, el del asterisco de Hacendado, se me acusó de querer hundir a la empresa y demás. Poco después, escribí un texto sobre las cremas de Mercadona porque se montó un pifostio considerable, hacia agosto del año pasado, cuando tuvieron que retirarlas del mercado. El asunto es que conté que estaba bien retirarlas, porque la ley no dejaba tener esos ingredientes, pero que no había ningún peligro porque para que lo hubiera sería necesario calentar la crema a 200 grados y después comérsela. Y como me posicioné “a favor” del producto, entonces me acusaron de ser un sicario de Roig. Pues eso: hace una semana quería hundir la empresa y ahora estoy vendido a ella. Total, que soy un fastizoide. Y de Murcia.

Pero friki científico sí que soy, de ahí lo de Sauron y demás.

P. ¿Por qué cree que no termina de calar en el consumidor de este tipo de productos el mensaje de la evidencia científica? ¿Cómo es posible que incluso ya aparezcan “escépticos con el escepticismo”?

R. La única forma de desmontar el “escepticismo con el escepticismo” es hacer una buena divulgación científica y, al explicar la falsedad de algo, dar una posible solución para que eso no siga ocurriendo. Eso es fundamental. No hay nada peor que reírse de los argumentos de la pseudociencia sin desmontarlos científicamente, porque te pones a su nivel. No puedo decir: “El Actimel es malo”, y listo. No, tengo que explicar que hay un informe de seguridad alimentaria, estudios estadísticos, indicar la referencia y demás. Si nos ponemos a desprestigiar por desprestigiar perdemos la batalla.

P. Ha mencionado que un divulgador siempre tiene que dar una posible solución.

R. Creo que eso es fundamental. Criticar y desmontar científicamente algo, pero luego explicar tu opinión personal dando posibles soluciones para que eso no siga ocurriendo.

P. En la ponencia El lado oscuro de las bebidas energéticas, organizada por la Cátedra de Cultura Científica, afirmó con cierta ironía que admira el Red Bull porque le parece “el producto estrella del mercado, por la capacidad que tiene para poder venderse en cualquier situación”.

R. Estoy absolutamente seguro de que este tema sorprendió a los de la propia empresa. Originalmente ellos no tenían pensado que iba a servir, o que iba a ser utilizado mejor dicho, para aumentar el rendimiento deportivo, para mejorar el estudio, como bebida refrescante o para mezclarlo con alcohol. De ahí que diga lo de producto estrella, y no como el que tiene más ventas, sino que sirve para todo. Y eso que para mí es una bomba de relojería para la salud. Pero bueno, si el Red Bull lo es, el Monster ya es la releche, porque se vende en unidades de 500 ml., calcúlalo frente a las 330 del Red Bull… No es que los ingredientes sean peores, es que la cantidad es mayor. La gente me dice que “si lo tomas con un tanto por ciento equilibrándolo”, pero vamos a ver, tú no vas a un bar y pides el equivalente a nada, pides directamente un Monster, por lo que te tomas el medio litro. Ahí está la clave. Aparte, mezclarlo con alcohol me parece un disparate.

P. A muchos de los que acudimos a aquella charla todavía nos perturba la imagen que utilizó para reflejar el contenido de azúcar por bebida.

R. Eso es algo de lo que no habla la gente. Cuando analizamos bebidas energéticas todo el mundo menciona el poder estimulante, la taurina o la carnitina, pero nadie habla de la influencia en la obesidad, de ahí que pusiera esa imagen, que también lo hago en clase. A mis alumnos les pasa lo mismo, cuando ven las bolsas se quedan asustados, se te mueve algo por dentro: “Mecagoendiez, pero ¿qué me estoy metiendo?”. Eso es una forma de vincular la divulgación científica a la docencia, en vez de hablarles del zumo de naranja, pues hacemos la práctica con productos de su vida diaria.

P. No ha habido ningún fallecimiento por cafeína demostrado, ¿cuál sería entonces el riesgo de este estilo de bebidas?

R. Eso hay que particularizarlo: la dosis letal por cafeína está muy lejos, creo que sobre las 60 de latas de Monster, un disparate, como para poder morir sólo por la cafeína. Pero, pero, pero hay determinadas condiciones que pueden alterar esa dosis, por ejemplo al mezclarlo con alcohol a lo mejor ya no hace falta llegar a 60. Si igual resulta que tienes problemas de corazón, tampoco ahí es lo mismo. Obviamente no se puede asociar el tema de la muerte de una chica con una bebida, no se puede aducir causalidad.

P. ¿Qué obsesión hay con añadirle taurina a todos estos productos? ¿Sirve para algo realmente?

R. Es puro marketing. Los informes de la EFSA son demoledoramente negativos. No está avalado absolutamente nada, pero “mola, porque da alas”. No tiene ningún sentido.

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P. Respecto a los complementos alimenticios destinados a mejorar el rendimiento intelectual, destaca el caso De Memory.

R. Ese post durante los tres primeros días después de publicarse fue lo más leído de la historia del blog, llegó a las 100.000 visitas o algo así, y tiene mucha historia. El que lleva Menéame, Galli, hizo un entrada hablando del éxito del post porque no era normal que una publicación científica, incluso con fórmulas químicas, fuera lo más leído, votado y comentado, cuando lo normal es que esto pase en noticias políticas. El éxito de ese post era su historia, que conté en forma de cuento, y se me volvió en contra en parte. La gente se lo tomó en serio y creyeron que iba llamando “pieza” a un alumno, que enviaba a otro a la pescadería a comprar una sardina para comparar el fósforo o que suspendiera a otro con un 4,9. Hablando en serio, con productos como el De Memory, que en época de exámenes se ponen de moda, siempre comparo la publicidad de la web y la caja. Ahí hablan de mejorar el rendimiento académico, la atención y retrasar la fatiga. Pero en el caso de estos productos suelen llevar muchos ingredientes: fosfatidilserina, jalea real, taurina, fósforo y vitaminas. Pues de todos esos, los únicos que habían demostrado efectividad positiva eran las vitaminas, como en el caso de las bebidas energéticas. Y volvemos siempre a lo mismo.

Me pareció un caso sangrante, porque lo de que el fósforo ayuda al rendimiento es un mito, no está demostrado. Pero es que encima el fósforo que lleva De Memory es el 0,28% de la cantidad diaria recomendada. No lleva nada, ¡doy un golpe en el suelo y seguro que sale más fósforo! Una sardina normal tiene el fósforo equivalente a tres cajas, no comprimidos, cajas del De Memory. Aunque hacer eso sea legal, tendría que estar prohibido. No es normal. Pero la gente no tiene ni idea de esto, ven la publicidad de la caja, y pagan un huevo por él.

P. Algo similar ocurre con el Revidox y lo de “ralentizar el envejecimiento celular”, ¿no?

R. El éxito del Revidox es que tiene una patente, que sí que es cierto que existe. Pero el asunto es saber qué dice la patente sobre la funcionalidad, pero no lo hace, lo único que explica es de dónde sale el Resveratrol. Al final, lo que se toma una persona es el producto entero, y el Resveratrol no es efectivo sobre el organismo humano. No hay ninguna evidencia científica que lo confirme positivamente y la EFSA no lo reconoce. Pero luego viene Actafarma y dice que no es el Resveratrol, sino la mezcla de polifemoles. Pero no han enviado esa mezcla a analizar, por lo que es como si no existiera, vamos, entonces, ¿qué están diciendo? Y de nuevo aparece que le han metido selenio. Al igual que los del Actimel cuando le meten vitamina B6 al Lactobacillus casei, o los que le añaden potasio a otro producto… Siempre es la misma estrategia. Y la respuesta también: en 100 gr. de atún hay quince veces más de la cantidad necesaria como para decir que protege contra el daño oxidativo. Pero el Resveratrol sigue siendo el rey, según la gente por ese supuesto “aval”.

P. Pero incluso ha afirmado que algunos compuestos en un mismo producto pueden anularse, lo cual es surrealista cuando a la vez se están anunciando beneficios en base a esos mismos elementos modificados o anulados.

R. ¡Pero es que además se pueden convertir en otro producto diferente! ¿Cómo pueden decir que un mismo ingrediente individualmente al meterlo con otra matriz, con otros 500 componentes, va a seguir reaccionando igual? A lo mejor, o quizá no. Y por eso, repito, es necesaria la evaluación producto por producto, la mezcla de componentes, no de forma individual. Cualquier químico lo vería, por eso creo que parte de los culpables de esto son los científicos que han formado parte de la elaboración del reglamento y que han contribuido a esta situación. Es que todo esto lo saben.

El tema del Revidox ha sido tabú en España, nadie se había atrevido a contarlo por lo del aval del grupo de investigación. Soy el primero que lo ha contado, a lo suicida.

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LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA DIVULGACIÓN CIENTÍFICA

P. ¿Es esta entrevista la última que va a conceder?

R. Es posible. Si mañana oís algo de un aterrizaje forzoso en el aeropuerto de Bilbao y que estoy en paradero desconocido y se me busca, ya sabéis. Mandadle las fotos a mi familia [ríe].

Pese a que haga bromas, hablar de todos estos temas es delicado. Sí que me la juego. Todos estos artículos del blog, el De Memory, el Resveratrol o el Actimel, llevan muchísimo trabajo detrás: tienes que documentarte, coger legislación, ir a los supermercados a compararlo con otros productos, ver otras fuentes de ese micronutriente o a qué concentración está… No es el típico post de “ha salido un artículo, voy a hacer su resumen”. Cuesta hacerlos. Pero es que además te la juegas porque si metes la pata, la empresa que señalas te “va a dar un viaje”.

P. Por lo menos tiene que ser reconfortante ver que hay una respuesta positiva tan masiva a lo que divulga.

R. Haciendo esto me lo paso bien, y eso se nota. Dejaré de divulgar el día que no disfrute porque a mí esto no me da dinero, tampoco me vale en el curriculum profesional ni voy a escalar en la universidad gracias a ello. Entonces, y pese a que lo veo como algo de mi trabajo, divulgo porque me lo paso de puta madre.

P. ¿Así es como llegó a presidente de la Asociación de Divulgación Científica de Murcia?

R. En realidad me engañaron mis amigos. No, en serio: salió una noticia donde se decía que Murcia era la última región en interés por la ciencia en la sociedad. Pero a la vez hay muy buena divulgación, estamos tres de Naukas, por ejemplo, Dani, Txema y yo, y además hay otros muchos de un nivel fuerte. Y como a partir de unas jornadas de la universidad ya nos reuníamos periódicamente, dijimos vamos a dar el paso y hacer la Asociación de Divulgación Científica de Murcia. Lo de presidente, pues me tocó por ser profesor de universidad y tener los contactos. Es un cargo rotatorio.

Mi labor de divulgación científica no se basa solo en el blog, también doy charlas por toda España, hostia, si parezco Alfredo Landa con la maleta a cuestas por ahí. Eso me cuesta mucho a nivel personal en mi casa y profesional, pero creo en la divulgación científica. Toco temas agresivos, que impactan y por eso pienso que cumplo una labor social. Me lo creo, no tengo ningún problema en reconocerlo.

P. Cuando le dice alguien como César Tomé (Experientia Docet) que “cumples un servicio público” yo también me lo creería.

R. Sí, lo dijo. Yo no hago esto por tocarle los cojones a las empresas, para nada. Lo hago para que todo el mundo se entere de que la vitamina B6 está en un plátano, para seguir con ese ejemplo, y que además tiene tres veces más que un Actimel. Lo que quiero es que la gente tenga toda la información disponible para que puedan actuar, con libertad, pero sobre todo con conocimiento. Que nadie se base en el engaño ni en el fraude.

P. Cuando una empresa o un organismo recula, ¿cómo se siente? ¿Cree que vamos a ir hacia otro tipo de publicidad al estar constituyéndose un “bloque crítico” que señala y censura actividades fraudulentas?

R. Alabo y me quito el sombrero ante las empresas que han rectificado, ya sea Hero, L’Oréal o la OCU. Hay otras más, pero son una minoría. Creo que las empresas van a seguir buscando tretas, por supuesto, utilizarán el marketing pseudocientífico mientras no les empapele la ley. Una vez que pase eso, entonces espero que empiece a acabarse. Por eso lo único que puedo hacer es ir apagando fuegos. O intentándolo, porque hay denuncias que no llegan a ningún lado.

La solución es una ley que impida hacer esto. Ese día estaré contento.

P. Ha hablado del binomio indivisible entre sociedad y ciencia, ¿puede la divulgación servir a la ciudadanía a la hora de tomar mejores decisiones políticas?

R. Sí, totalmente, todo el rato, ¡es que la comunicación entre ciencia y sociedad tiene que ser constante! Lo que ocurrió en Suiza con La rebelión de las batas blancas sería un ejemplo. El país era una potencia en biotecnología. Pero determinados grupos ecologistas radicales decidieron, y lograron sacar adelante con el apoyo de mucha gente, porque eso no se consigue con cuatro votos, organizar un referéndum nacional para abolir la biotecnología por “innecesaria y peligrosa”, decían. “Innecesaria” por las promesas que no se habían cumplido y “peligrosa” por los transgénicos y demás. El tema central era eliminar la biotecnología. Y claro, en ese momento, los centros de investigación biotecnológicos, públicos y privados, al ver que se iban a quedar sin financiación y que perderían todos su trabajo, decidieron salir a la calle y divulgar. Salieron de su torre de marfil y explicaron las verdaderas expectativas de la biotecnología, a la vez que sus riesgos, en caso de haberlos. Se quitaron las batas, no, mejor: las sacaron a la calle para explicar por qué es necesaria la ciencia. Fueron a centros comerciales, medios de comunicación, etc., a contar lo que hacían. Si al principio, antes de la consulta, había un 80% a favor de prohibir la tecnología, al final salió que Suiza se quedaba con la biotecnología, cuando la ciudadanía supo al fin lo que el científico le transmitió. Si la sociedad necesita a la ciencia, también el científico necesita a la sociedad.

No quería hablar de recortes, pero no podemos estar reclamando que la sociedad apoye las, desde mi punto de vista, legítimas reclamaciones de los científicos, pero que luego el científico no salga a la sociedad a explicar la ciencia. Tócate los cojones: quiero que me ayudes, pero no tengo tiempo para pararme a explicarte lo que hago ni el porqué.

P. ¿Cómo ve la relación entre ciencia y democracia?

R. Están entrelazadas y es una relación absolutamente evidente, tanto en una dirección como en la otra. La ciencia avanzará muchísimo más en un país democrático, de la misma forma que creo que la democracia se nutrirá más de la ciencia que una dictadura. De eso creo que habla mejor Iñako que yo [sonríe], pero mi postura es clara: al invertir en ciencia y educación vas a generar una sociedad libre y, sobre todo, con criterio a la hora de tomar decisiones. Además, va a estar formada por gente con el conocimiento suficiente para impulsar la democracia.

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Juan Ignacio Pérez
, César Tomé, Itziar Laka y José Manuel López Nicolás.

Agradecimientos al gabinete de comunicación de los Cursos de Verano de la UPV/EHU (especialmente a Karmele, Aintzane y Marian).

Entrevista realizada con la ayuda de Ainhoa Zubeldia, Joseba Egia Larrinaga y Gorka Maiztegi.

Fotogafía: Joseba Egia Larrinaga.

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Empecé como chico de los recados para Oreka Komunikazioa y miembro del Ala Dura, sector Pito-Jai, del Euskal Kultur Mintegia; luego, hice esquelas preciosísimas en el DA (entrad, ¡que cada día hay nuevas!); después, en El País, aprendí que ser periodista es discutir mucho y muy fuerte con tu jefe; al final, me licencié en Humanidades y Comunicación (HUCO) en Deusto y, al ver que lo mío no era nada de todo eso, acabé en la UPV/EHU estudiando Antropología Social. Además, gracias a mi inglés “Hi! I’m Big Muzzy!” colaboro en Mapping Ignorance. También he trabajado en los Cursos de Verano de la UPV/EHU. Soy una persona de poca fortuna genética y un desecho vital. Por favor, no me miréis, me provoca miedito y consternación.

3 Responses to José ‘Scientia’ Nicolás: “¿Qué cojones tienen que decir los políticos a un reglamento redactado por científicos?”

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