Modestia y mucha calle; o la necesidad del periodista por contar historias y compartir fracasos como terapia (y alternativa al suicidio)

Published On 04/02/2014 | By Jon Gurutz Arranz Izquierdo | Crónica, Opinión

“Ya he dicho antes que un periodista tiende a funcionar mejor si no se acomoda y mantiene cierta rabia en el estómago. Eso suena bien como teoría, aunque en la práctica y con el tiempo se haga más y más difícil: no somos idiotas, queremos vivir bien. Lo que pasa es que vivir bien no nos conviene: somos menos libres cuanto más tenemos que perder. En cualquier caso, estoy convencido de que un periodista gana fiabilidad si vive como vive la mayoría de la gente. Desplazarse en metro o autobús y comer menús baratos ayuda a saber lo que pasa en la calle y vacuna contra el mal típico del político, del ejecutivo y del periodista acomodado: el aislamiento en comunidades endogámicas que miran desde arriba al resto de los ciudadanos y los ven como números, porcentajes y estadísticas. […] Leía, siempre he leído mucho y tal vez sea lo único que hago realmente bien. Me parece que un periodista ha de leer como si le fuera la vida en ello, porque le va la vida en ello”. ~ E. G.

Tras vivir durante más de veinte años en la misma ciudad en la que nací, encuentro gratificante poder sorprenderme al descubrir nuevos lugares. Una situación extraña que me ha ocurrido recientemente incluso al caminar por avenidas, edificios oficiales, monumentos o callejuelas que creía conocer de sobra, y que hasta este momento no habían sido nada más que espacios de mero tránsito, de pronto adquieren otro cariz.

Este cambio de perspectiva, tanto en la visión como en el planteamiento del entorno, corresponde básicamente a un acercamiento diferente a estos espacios familiares, ya que les he otorgado un nuevo significado al adentrarme en ellos por motivos laborales. Una caso claro es, por ejemplo, cuando pasas de ver el Ayuntamiento de tu localidad como un ciudadano de a pie más, como una cáscara de hormigón que proyecta la imagen que elaboran concienzudamente su gabinete de comunicación, a ser el encargado de conocer desde sus entrañas qué están haciendo los empleados públicos que le dan vida para poder transmitir esa información de forma fidedigna al resto de la sociedad.

José Javier YOSIGO Serrano:  “Blur” de ‘Côte Basque’ (visto en Azken urteak/Últimos años)

Reconozco que el ser bastante ajeno a las celebraciones grupales de alegría por motivos deportivos y muy reticente a todo lo que confiera dar importancia a la exaltación del terruño particular de cada cual en fechas señaladas, más cuando la festividad adquiere rango de oficialidad institucionalizada (que le otorga a todo un aire de sentimiento prefabricado de trascendencia vacua y rápidamente perecedera), me ha impedido participar y disfrutar algo más de la vida cultural que existe en la ciudad que habito. Asúmolo. A lo que añadiría que el abuso y la sobredimensión de la importancia de ciertos iconos y “marcos incomparables”, considerados por los autóctonos como obligatorios para todo visitante de bien, que son recurrentes en las postales, guías turísticas, anuncios y, cómo no, en las fotos de perfil en las redes sociales de sus orgullosísimos habitantes, tampoco ha favorecido a mi propósito por integrarme más.

Quizá divague. Debería aclarar que, como tantos otros desechos sociales de la generación a la que pertenezco, decidí dedicarme a estudiar esa carrera para los valientes, temerosos y, especialmente, todos aquellos que sepan de antemano que no se van a dedicar de forma profesional a nada mínimamente relacionado con ella. Hablo del periodismo, por supuesto. Bueno, en realidad, lo que hice fue su versión mejorada en la universidad privada: Humanidades y Comunicación (HUCO). Y así es como llegué a hacer prácticas de periodista en uno de los medios de comunicación de referencia en castellano, justo al acabar mi licenciatura y poco antes de empezar el grado de Antropología social en la UPV/EHU, mi nuevo hogar para los próximos años.

José Javier YOSIGO Serrano:  “Blur” de ‘Côte Basque’ (visto en Azken urteak/Últimos años)

Sin lugar a dudas, la principal virtud de realizar las prácticas laborales como estudiante durante las vacaciones de verano es tener la certeza de que se acaban. Nada te da mayor libertad de movimiento que saber que solo posees una única oportunidad para poder llevar a cabo todo lo que te propongas. No te juegas nada y pierdes menos, por lo que las posibilidades de aprender son proporcionales a las ganas que tengas de trabajar y buscar historias por tu cuenta.

Y aquí es donde aparece de nuevo la ciudad, ésa que ves con otra mirada, quizá de profesional. Ahora está viva: llena de actividades, personas con ganas de hacer cultura y, por lo general, se da una diversidad en la que nunca habías reparado al estar demasiado ocupado negándola y rechazándola. Lo que antes dabas por vacío y muerto, ahora bulle para todo aquel que esté atento. De hecho, existe tanto que simplemente sientes frustración al no poder contar todo lo que está sucediendo a tu alrededor tan bien y detallado como te gustaría. Uno de los principales inconvenientes de escribir para un periódico es la urgencia en la producción de textos, que a su vez estos sean mínimamente coherentes y legibles, o que, quieras o no, tengas que responder ante un jefe, ya sea para defender una oración que has escrito o para agachar la cabeza porque has cometido un fallo de novato y te toca apechugar.

José Javier YOSIGO Serrano:  “Blur” de ‘Côte Basque’ (visto en Azken urteak/Últimos años)

Pese a todo, pronto comprendes que ambas cosas son quejas menores, pequeños trámites y concesiones que debes hacer porque algo te susurra en la nuca que lo que ganas va a ser muchísimo mayor. Obtienes una experiencia valiosísima, que es algo que no conseguirías en ningún otro lado (y mucho menos en el monólogo de tu cabeza; sí, el que te dice lo maravillosamente bien que escribes y que todos los prejuicios que te has formado sobre lo que te rodea son reales e inamovibles), porque toda la gente a la que entrevistas te da su pequeña visión de la realidad y forma de pensar. Es imposible no enamorarte de cualquier persona a la que escuches durante más de una hora explicarte emocionada cómo le va su vida en una actividad (que para ella lo es todo). Por eso lo mejor al final de la jornada es saber que has aprovechado el tiempo, que los turnos insanos llegando a casa a media noche o las miles de relecturas y correcciones a un texto que se te atragantaba han valido para algo. No hay mayor satisfacción que dedicarle todo tu tiempo a un reportaje hasta que logras que sea redondo. Así, de alguna forma, estás demostrando todo tu respeto por el entrevistado y, cómo no, por el lector.

Una de las primeras frases que escuché al empezar mi nueva carrera fue: “La antropología busca descolonizar el pensamiento, deshacer el prejuicio”. Visto ahora, en retrospectiva, prefiero llamarlo baño de humildad. Esa ráfaga de realidad que te golpea y obliga a cambiar tus asociaciones de ideas preestablecidas, consiguiendo así que necesites otras más útiles y eficaces para construir tu pequeña y sesgada visión del mundo. Por eso me apodero, sin ningún reparo ni modestia, de las palabras del grandísimo periodista Enric González cuando habla de qué es para él hacer periodismo como corresponsal: “Modestia y mucha calle”. Como estilo de vida y estado mental permanente.

José Javier YOSIGO Serrano:  “Blur” de ‘Côte Basque’ (visto en Azken urteak/Últimos años)

Fotografía: “Blur” de Côte Basque (visto en Azken urteak/Últimos años) de José Javier YOSIGO Serrano.

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About The Author

Empecé como chico de los recados para Oreka Komunikazioa y miembro del Ala Dura, sector Pito-Jai, del Euskal Kultur Mintegia; luego, hice esquelas preciosísimas en el DA (entrad, ¡que cada día hay nuevas!); después, en El País, aprendí que ser periodista es discutir mucho y muy fuerte con tu jefe; al final, me licencié en Humanidades y Comunicación (HUCO) en Deusto y, al ver que lo mío no era nada de todo eso, acabé en la UPV/EHU estudiando Antropología Social. Además, gracias a mi inglés “Hi! I’m Big Muzzy!” colaboro en Mapping Ignorance. También he trabajado en los Cursos de Verano de la UPV/EHU. Soy una persona de poca fortuna genética y un desecho vital. Por favor, no me miréis, me provoca miedito y consternación.

2 Responses to Modestia y mucha calle; o la necesidad del periodista por contar historias y compartir fracasos como terapia (y alternativa al suicidio)

  1. Que interesante nota, felicidades…

  2. Rosa says:

    Excelente artículo, muy constructivo e interesante, soy un gran fan de la web, me gusta mucho porque veo y aprende cosas diferentes, cosas que son difíciles a veces de entender además de entretenidas. Saludos.

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