No se puede borrar: el perfil del agresor

Published On 24/01/2014 | By Laura López Gutiérrez | Divulgación, Opinión

Cuando escuchamos que una persona ha agredido sexualmente a otra, solemos pensar de modo instintivo: “Está enfermo o loco”. Sin embargo, yo no opino así.

Si atendemos a los principios del Derecho Penal, no podemos castigar con prisión a quien por una enfermedad no controla ni entiende lo que hace. Por ello, para demostrar que al menos la inmensa mayoría sí se merece ir a prisión, vamos a adentrarnos en un pequeño análisis sobre las causas que estadísticamente llevan a los individuos a agredir sexualmente a otra persona.

La clasificación más común es la del centro de Tratamiento Bridgewater que agrupa a los atacantes en cuatro tipos:

  • Violador de agresión desplazada: es aquella situación en que la víctima “no ha hecho nada” al agresor, es decir, que la violación se desencadena por completo debido a la actitud del  agresor sin que este le otorgue un papel a su víctima, por lo que no tienen si quiera la necesidad de conocerse de antes. La finalidad de este agresor es humillar a la víctima, por lo que suele ser sádico.
  • Violador compensatorio: su deseo es demostrar su competencia sexual, con lo que no suele ser muy agresivo.
  • Violador sexual-agresivo: es el que para poder sentir excitación sexual infringe daño a la víctima.
  • Violador impulsivo: es el que sencillamente “aprovecha la oportunidad”, suelde darse tras la realización de otros delitos, como por ejemplo un robo.

Otra clasificación importante, y más reciente, es la de Ronald Holmes (1989):

  • Violador de afirmación de poder: es el menos violento, y podría equipararse o coincidir con el compensatorio. Tiene un perfil de bajo nivel académico, tendencia a permanecer soltero y vivir más tiempo en la casa familiar, no tendría muchos amigos y sería una persona más bien pasiva. Al ser su motivación básicamente sexual, actuaría bajo la idea de que sus víctimas disfrutan también.
  • Violador por venganza: utiliza la agresión como modo  de vengarse de todas las injusticias que ha sufrido, aunque éstas no tienen por qué ser reales, sino que también pueden ser imaginarias. Suele ser considerado como socialmente competente, aunque puede que su infancia haya sido complicada, lo más habitual es que esté casado y que sus amistades lo consideren impulsivo y violento. La agresión suele ser impremeditada y con el fin de dañar a la víctima; con frecuencia se da, además, contra mujeres importantes de su vida.
  • Violador depredador: con la violación trata de expresar su virilidad, se parecería socialmente al del caso de por venganza, pero sin vida familiar satisfactoria, y frecuentaría locales de exhibición sexual o prostitución. El sujeto entiende la violación como un acto de depredación, en el que empleará la violencia conveniente para dominar a la víctima, pudiendo someterla a múltiples agresiones.
  • Violador sádico: con la acción expresa sus fantasías agresivas y sexuales, que ya serían evidentes en su adolescencia. Se trata de una persona inteligente, por lo que los ataque son planificados con cuidado, disfruta horrorizando a la víctima.  Es este tipo el que puede convertirse en agresor o incluso asesino en serie.

Así pues, una vez aclarado el falso mito de que los agresores sexuales son todos enfermos mentales, estamos en condiciones de aceptar su condena y castigo legal, con penas que variarán en función de las circunstancias del caso y, por supuesto, del país en que nos encontremos. Tras cumplir la condena, viene la libertad, y aquí parece que vuelven a aparecer los problemas.

Qué hacer con un delincuente que ya ha cumplido su condena y que por ende, al menos en teoría, está en paz con la sociedad, puede suponer un pequeño problema. Pero este dilema crece, y mucho, cuando hablamos de agresores sexuales. Y esta situación parece ya desbordarse cuando dichos agresores no han recibido un informe positivo de no reincidencia.

Es aquí donde el debate se abre. Pero si tratamos en profundidad el tema, descubrimos que no es donde debería iniciarse dicha discusión, sino que primero deberíamos reflexionar sobre la prevención de la delincuencia sexual. En este punto, muchos se preguntarán si efectivamente es posible arrancar el problema de nuestra sociedad de raíz, o si sencillamente he enloquecido y lo que propongo es una locura. Así, si analizamos el modo en el que podríamos realizar la prevención encontramos tres niveles:

La prevención primaria es aquella que debe llevarse a cabo antes de que el sujeto muestre ningún tipo de conducta “desviada”. Se inicia en el ámbito familiar, al que se van añadiendo, conforme se va creciendo, el ámbito escolar y los amigos. A modo de resumen ejemplificativo, consiste en: entrenar al niño en la expresión adecuada de emociones, la erradicación de distorsiones cognitivas, demostración de afecto hacia el niño junto con una conducta paterna de exigencia y control, generación de vínculos de unidad prosocial y ciertos entrenamientos complementarios como la empatía. Esta fase acabará en la adolescencia, y si todo ha ido bien, el sujeto no delinquirá.

La prevención secundaria es aquella que se dirige a jóvenes en riesgo, es decir, ya han tenido lugar los primeros casos de comportamiento antisocial, pero antes de que desencadenen en la agresión sexual y una carrera delictiva duradera. Se tratarían de sujetos que repiten experiencias como abusos, o intentos de agresiones. Lo más importante de esta fase, que de modo general tendrá lugar en la adolescencia, es la detección precoz, para lo que las familias y entidades educativas deben estar alerta. Los casos menos graves, se resolverán con una fuerte intervención educativa, mientras que los más graves requerirán atención especializada. Para el caso de menores que a causa de su comportamiento antisocial, se encuentren en centros de menores, se han desarrollado varios programas de intervención muy interesantes en la Comunidad de Madrid, siendo el último el diseñado en 2012 por Redondo y otros, y constando de unas 65 horas.

La prevención terciaria consiste en el tratamiento dirigido a agresores sexuales, y suele centrarse en trabajar la autoestima de la educación sexual, la mejora de las habilidades afectivo-sexuales, la erradicación de distorsiones cognitivas, autocontrol emocional, empatía con las víctimas y la prevención de recaídas. Y es en este punto, cuando volvemos a la pregunta inicial. Así, en un estudio realizado en las prisiones de Cataluña en 2005, se concluyó que de los agresores tratados con esta prevención terciaria, tan sólo reincidió un 4,1%, frente a un 18,2% de reincidencia media de los no tratados.

Tras comprobar que la prevención es efectiva y necesaria, seguimos sin haber despejado la duda sobre qué hacer con quien no ha recibido un informe favorable. En nuestro país ya no podemos imponer penas preventivas/previsoras; es decir, coartar la libertad de un sujeto atendiendo a su peligrosidad, sino que se exige haber sido declarado culpable por un Tribunal legalmente establecido. En otros países, sin embargo, se publican listas con los agresores sexuales o incluso se les controla de cerca por la policía. Pero esto es completamente inviable en España, pues una persona que ya ha cumplido condena es, por definición, libre, por lo que deben respetarse todos sus derechos (entre los que se incluyen: el de la intimidad, el honor, la propia imagen, etc.). Lo que no parece descabellado, o al menos a mí no me lo parece, es que en manos de la policía existan unas listas que controlen los antecedentes para, por ejemplo, poder acceder al puesto de profesor, o incluso que se haga un control a los ex-convictos, pero siempre respetando sus derechos.

Puede leer aquí la primera parte de este post.

Bibliografía: Santiago Redondo Illescas y Marian Martínez García (2013): Delincuencia sexual y violencia, Barcelona. Depósito legal B-31.622-2012.

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About The Author

Licenciada en Derecho por la UV, estudiante de Grado en Criminología por la UOC, estudiante del Máster de Sistema de Justicia Penal interuniversitario, por la UJI, UDL, UA y URV. Soñadora, bailarina, incorformista, protestona y con un definido, y defendido, concepto de Justicia.

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