Francisco Etxeberria: “Es necesario buscar un reconocimiento social de la labor universitaria” (Tercera y última parte)

Published On 25/12/2013 | By Jon Gurutz Arranz Izquierdo | Divulgación, Entrevista, Historia, Medicina

De la época de chaval también recuerdo la impresión que me causaba la gente que venía para trabajar desde tan lejos. Gente que salía del caserío muy temprano, con nieve, lluvia, frío, a pie y luego en bicicleta. A mí, que vivía prácticamente a un metro de la fábrica, eso me producía mucha admiración. Lo mismo con los compañeros del colegio, algunos venían desde Idiazabal o Ataun… Cuando iba a visitarles el fin de semana veía que vivían lejísimos, hacían un camino que a veces era un simple sendero y después cogían una bicicleta, y aunque hiciera una helada de mucho cuidado allí se presentaban, congelados, en el colegio para las ocho, ocho y media. Ese esfuerzo, esa cultura del esfuerzo que tanto ha caracterizado a nuestra sociedad, a los guipuzcoanos, me impresionaba muchísimo”. ~ Etxeberria al hablar sobre su infancia.

Esto que lee es la tercera y última parte de la entrevista que Francisco Etxeberria concedió a ¡Muera la Inteligencia!”. Debido a su extensión decidimos dividirla, por lo que puede leer si lo desea las otras dos partes: primera y segunda.

UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

Pregunta. Es conocido por el empeño que le pone a difundir la imagen de la UPV/EHU allá por donde va, ¿cómo se siente tratado por la institución?

Respuesta. Yo me siento muy cómodo. Procurando no complicarme la vida en cuestiones en las que no he tenido parte ni ninguna responsabilidad. Recuerdo una cosa muy triste como que el decano de mi facultad sea imputado en hechos criminales. Son esas cosas de las que te enteras y piensas que es una vergüenza muy grande.

Hay cuestiones, que son muy universitarias, que solo sirven para que todo el mundo acabe llevándose mal con todo el mundo. Esto es una cosa muy llamativa porque en la universidad no hay una estructura que medie. Quizá ocurre que la UPV es muy grande, y entonces cualquier incidencia o planteamiento depende de muchos estamentos y comisiones, de modo que para cuando se soluciona algo ya aburre. Ha perdido agilidad. Una universidad moderna tendría que tener unos 15.000 – 16.000 alumnos y las gestiones se harían mejor. Aquí eso no se produce; y no tengo la solución para resolverlo.

Dentro de la universidad personalmente estoy muy cómodo, a gusto y reconocido. A pesar de que durante muchos años era un profesor de una unidad docente de medicina, que era como una cosa incomprensible, cuando en realidad estábamos dando una formación de calidad, con alumnos parcelados en Vitoria, Txagorritxu, Cruces, Basurto y Donostia. Estaba totalmente convencido de la calidad de la unidad docente desde que se puso en marcha, de la que por cierto fui alumno de la primera promoción. Por eso digo lo de que es incomprensible, parece que había que montar una estructura grandiosa donde los catedráticos son los que más saben. Y eso no suele ser así a la vista de lo que se da en el mundo de la medicina. Puedes tener a gente en el hospital muy brillante, brillantísima, y que son modestos colaboradores de la universidad; sean titulares o no.

Hay una parte de, no sé cómo decirlo, fantasmada en la universidad en la que no he participado ni me interesa lo más mínimo. Por eso, cuando tengo que responder cómo me siento, siempre destaco algo que me llama la atención: lo difícil que me resulta poner mis cosas en esos currículos normalizados. “Patentes registradas”, pues yo no tengo ninguna patente, qué quieres que te diga. A mí simplemente me dieron la Medalla al Mérito Ciudadano de San Sebastián que no puedo ponerlo en ningún curriculum, pero por ejemplo creo que sería importante que este reconocimiento se lo dieran a más profesores de la Universidad.

Algunas de las cosas que hago son difíciles de encajar ahí. Parece que lo meritorio es publicar en una revista del otro lado del mundo, en Canadá por ejemplo, aunque nadie vaya a leerla jamás, pero ahí está publicado. Frente a lo que significa que un médico dermatólogo, que está diagnosticando un tumor, sea además profesor. Por eso pongo el ejemplo de los médicos: cuando veo que hay médicos que van a la ocho de la mañana al hospital, hacen dos operaciones, por lo que han salvados dos vidas, y a la una menos cinco están dando una clase sobre un problema quirúrgico, a mí eso me parece el ideal. Luego probablemente publique y vaya a congresos, pero la clave y la importancia está en esa experiencia que tiene.

Estoy en una posición cómoda ahora mismo. He ido a Chile y me he identificado como profesor de la Universidad del País Vasco. Quizá le importe muy poco a ciertas estructuras, pero si han seleccionado a tres profesionales de España para investigar la muerte de Neruda, y uno es profesor de la Universidad de Murcia, otro de la Universidad de Sevilla y el último es de la Universidad del País Vasco, pues es destacable.

P. ¿Cómo ve a la universidad?

R. La UPV ha copiado todos los errores de las universidades napoleónicas. Es una universidad moderna, con gente muy valiosa, pero que tiene también ciertas cargas históricas.

Me enorgullece mucho pensar que, por ejemplo, la Facultad de Medicina basa su formación en otras cosas que existen y son muy cualificadas, como los Hospitales de la red pública de Osakidetza. Si yo tuviera que montar una facultad de Derecho lo haría con un cuadro de profesores que tienen que dar sus clases teóricas y prácticas, pero anclándola en estructuras organizadas de la administración de Justicia del País Vasco. Porque no vincularla es raro, muy raro. Lo mismo con Química, Enfermería o Periodismo; ¿se puede formar a gente en Periodismo en la Universidad del País Vasco y despreciar el nivel de organización que tienen los medios de comunicación, en nuestro caso con el complejo EiTB? Eso no puede ser.

¿Esto a qué me lleva? A que en ocasiones la universidad se mantiene en cierto elitismo distante y miramos un poco de arriba abajo al resto de las cosas que existen a nuestro alrededor. Vivimos en esa especie de distancia, por lo que a mí me satisface aproximar nuestras cosas a lo que ya está funcionando. Socializar cuestiones que son universitarias, sin para ello perder calidad.

Recuerdo un buen día cuando en el Vicerrectorado del Campus de Gipuzkoa se dijo que había que firmar un convenio de colaboración entre la Universidad del País Vasco y el Orfeón Donostiarra. Hubo gente en la universidad que dijo: “Bah, el orfeón… ¿para qué?”. ¿Y por qué no? ¿Quién crees que gana más con la firma del convenio? Gana más la universidad porque el Orfeón Donostiarra tiene un prestigio de carácter internacional, sin ninguna duda. Esto, no verlo, es de una torpeza sin parangón. Hay mucha gente que se comporta así. Nosotros tenemos que estar mucho más entroncados, por eso hablo de que tenemos que socializarnos. Es necesario buscar un reconocimiento social de la labor universitaria. Hay que habilitar mecanismos para que la universidad esté mucho más conectada con el empresariado guipuzcoano y la industria vasca en general. No porque vayamos a solucionar problemáticas suyas, sino porque es lo más normal del mundo. No puede haber tanta distancia.

Como es una universidad joven hemos tenido que montar antes la estructura universitaria, que si éste es catedrático, los departamentos y demás. Y nos llenamos la boca, a veces, entre profesores que no tienen ninguna experiencia extra-universitaria. Que su mundo de acción ha sido hasta ahora la distancia del brazo: el que llega hacia su estantería, coge un libro y lo lee. Y que nunca han salido de ese contexto, sin ninguna experiencia fuera de ahí. Por lo menos, desde que existe Internet, ahora puede llegar a muchos más sitios, ¡menos mal! [Carcajada generalizada].

Pero sin ninguna experiencia fuera de allí. Esto es toda una desgracia.

 Francisco Etxeberria por Iñigo Royo

P. ¿Qué le diría a esos estudiantes, que se le acercan durante una feria de orientación por ejemplo, que le preguntan acerca de qué hay que hacer para ser antropólogo forense?

R. Parece que se está poniendo de moda, esa pregunta me la hace mucha gente. Para ser antropólogo forense hay que estudiar Medicina o Biología. Esto produce cierto desconcierto porque no puedes llegar a la Antropología forense desde ninguna otra disciplina, a pesar de que hay excepciones que hay que respetar, la seriedad estaría en estudiar una disciplina tradicional donde los conocimientos tienen que ser científicos. Cuando uno va a un juicio oral porque lo que dice tiene una trascendencia administrativo-judicial y te preguntan “¿qué formación tiene?”, si tú no tienes la titulación adecuada, tu informe cae aunque sea muy bueno. Hablando en serio: para ser un antropólogo forense hay que ser médico o biólogo.

P. Ha educado a generaciones enteras de médicos en esta ciudad, ¿cree que habrá muchos que seguirán sus pasos en la medicina forense?

R. Pfiu, ésta es fácil: no. Poca gente seguirá mis pasos en el ámbito forense, aunque tengo el honor de saber que hay una persona, que se ha incorporado hace un año, que ha sido alumna mía y que ha hecho el recorrido forense ideal y que, además, es profesora de la Universidad del País Vasco. Tengo esa satisfacción. De lo que sí que estoy seguro es que las generaciones de Medicina que vienen por detrás nos van a sustituir tranquilamente. El ciudadano tiene que estar tranquilo al saber que los hospitales y la sanidad van a estar en mejores manos de lo que han estado hasta hoy. El nivel de preparación que tiene la gente que acaba Medicina ahora es muy superior al nuestro. El reemplazo se va a producir con una naturalidad que pasma. Si nosotros hemos podido dirigir los hospitales, administrar la sanidad, atender a los pacientes y ser exitosos profesionalmente, no quiero ni imaginarme lo que van a poder hacer los que vienen ahora.

Una cosa que no comenta casi nadie es que los estudiantes universitarios, contrariamente a lo que dice la gente, son estudiosos, amantes del deporte, responsables y trabajadores. Esto no lo diría por todas las titulaciones, obviamente, pero en general lo que veo en las personas que pasan por 6º de Medicina es que son mayores de edad, tienen el culo pelado, han estudiado todo, tienen un nivel de responsabilidad pasmoso, les dices que hagan algo y lo hacen de inmediato, etc. Especialmente las chicas, que son muy estudiosas y constantes. Esto nos lleva a un avance que yo no veré, pero puedo estar tranquilo porque cuando dentro de un tiempo vaya a morirme a un hospital allí habrá gente que sepa lo que tiene que hacer mejor de lo que yo con su misma edad hubiese podido hacerlo.

P. Para finalizar, usted en sus charlas suele hacer una defensa bastante a ultranza de una ética universal, y eso es algo que nosotros también intentamos defender pese a los envites relativistas de los posmodernos, ¿nos podría decir cómo lo argumenta?

R. Fíjate, no tengo la preparación filosófica suficiente como para responder a esa pregunta, pero hace años me di cuenta de que me había hecho mayor. Dicen que en la vida siempre hay dos tiempos: cuando te estás formando, tienes incertidumbres, dudas y no sabes hacia dónde ir porque no estás ubicado; y el después, ese momento cuando ya te has ubicado y sabes qué das de ti mismo y lo que puedes hacer. Hay gente que tarda mucho tiempo en alcanzar esta segunda etapa, incluso quizá la descubran al final de su vida, pero hay otros que llegan a ella de forma muy temprana. Por mi parte, hace años pensé que había alcanzado esta segunda etapa; quiero decir, me di cuenta de que lo que no iba a hacer en esta vida no lo iba a poder hacer en una segunda, en ningún “más allá”. Ya sabes, teniendo en cuenta esa cultura católica en la que uno se ha formado que habla del cielo, el lugar donde todos seremos buenos y tal… Bueno, me di cuenta de que eso no era verdad.

A partir de ahí, desde la medicina forense, que es una medicina social, me acerqué a problemas que son universales. Desconozco si eso es “posmoderno” o, como algunos me han acusado, “neoliberal”. Pues quizá es verdad [ríe]; vivo sin deudas, mi familia tiene dos coches y lo que gano lo ahorro; no me voy de vacaciones ni tengo un yate, quizá todo esto me hace sospechoso de algunas cosas.

R. Es curioso como todas estas críticas contra usted, como con lo del caso Bretón o cuando el tema de SOS Bebés Robados, siempre van a lo personal…

R. Eso ya lo dijo Stalin: si quieres destrozar a tu enemigo comienza por denigrarle.

P. Con usted no lo han conseguido.

R. Ah, no, claro, me he defendido. Bueno, a mí ya me quemaron el coche en el año ’85 y me pasaron cosas… Me equivocaré en algunos asuntos, y no seré genial en todo, pero respecto a determinadas cuestiones a mí ya no me toman más el pelo. Además, cuando te haces mayor, hay un momento en el que te das cuenta de que puedes decir lo que te dé la gana. Claro, es que en democracia hay una cosa curiosa, que no es solamente votar libremente cuando te convocan, vivir en democracia significa poder decir lo que piensas sin temer que eso te conlleve algún perjuicio.

Exactamente eso es vivir en democracia. Y a ese punto he llegado yo.

En el fondo, para algunas de las cosas que digo, quisiera reivindicar la figura de un sacerdote guipuzcoano que era tío mío: Nemesio Etxaniz. Escritor en euskera, compositor de canciones y novelista, Etxaniz fue sancionado por el franquismo, incluso juzgado en Madrid y lo metieron en la cárcel, etc. Pero tenía una cosa sorprendente, como era ya mayor, no podía comprender que quienes habían ganado la guerra se mantuvieran tan férreos en la dictadura. De modo que todas las navidades escribía cartas al gobernador civil de Gipuzkoa, Manuel Valencia Remón, que ahora han sido publicadas. Era católico, más que el gobernador civil e incluso que Franco, por eso cuando llegaban las fiestas felicitaba a las autoridades: Excmo. Sr. Gobernador Civil de Guipúzcoa, me gustó mucho el discurso que dio el otro día […] La condición católica nos exige a todos ser mejores personas […] El otro día estuve hablando con su mujer en la calle, me alegra que colabore con la catequesis […] Me he enterado de que su hijo Luisito no ha sacado muy buenas notas y el profesor me ha dicho que…”. Así, toda la carta. Y en esto, punto y aparte: a partir de un momento concreto le decía de todo. Menos insultarle, de todo. Lo que Etxaniz quería decir era que ambos eran “iguales”, cristianos, por lo que de la misma forma que le comentaba que su mujer e hijo eran maravillosos, también le tenía que decir todas las barbaridades que ocurrían, tantos temas políticos como sucesos de malos tratos y torturas a los detenidos, en los que sabía que él podía intervenir.

¡Y, joder, le soltaba todo! Y claro, esto era mucho más ofensivo y doloroso para el gobernador civil que recibir una carta anónima diciéndole “eres un hijoputa”. Pues yo quiero ser igual, ¿entiendes? Si tengo tiempo, pretendo ser demostrativo en lo que digo. Cuando no tenga nada que decir me callaré, pero si debo hacerlo me explayaré. El informe Bretón son 100 páginas. “No son humanos”, bueno espérate un poco, pum [sonríe].

Dignísimo Francisco Etxeberria Cursos de Verano UPV/EHU
Si le ha gustado, lea la primera y segunda parte de esta misma entrevista.

Agradecimientos al gabinete de comunicación de los Cursos de Verano de la UPV/EHU (especialmente a Karmele, Aintzane y Marian).

Entrevista realizada con la ayuda de Ainhoa Zubeldia, Adrian Hugo Llorente Aginagalde y Jokin Babaze Aizpurua.

Fotogafía: la de portada está obtenida de la inauguración del curso académico de la UPV/EHU 2013/2014; la segunda pertenece a Iñigo Royo (IPS); y la tercera está tomada durante esta entrevista en el Palacio Miramar de San Sebastián.

Like this Article? Share it!

About The Author

Empecé como chico de los recados para Oreka Komunikazioa y miembro del Ala Dura, sector Pito-Jai, del Euskal Kultur Mintegia; luego, hice esquelas preciosísimas en el DA (entrad, ¡que cada día hay nuevas!); después, en El País, aprendí que ser periodista es discutir mucho y muy fuerte con tu jefe; al final, me licencié en Humanidades y Comunicación (HUCO) en Deusto y, al ver que lo mío no era nada de todo eso, acabé en la UPV/EHU estudiando Antropología Social. Además, gracias a mi inglés “Hi! I’m Big Muzzy!” colaboro en Mapping Ignorance. También he trabajado en los Cursos de Verano de la UPV/EHU. Soy una persona de poca fortuna genética y un desecho vital. Por favor, no me miréis, me provoca miedito y consternación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *