Europa, ¿garante de los Derechos Humanos?

Published On 11/10/2013 | By Laura López Gutiérrez | Historia, Opinión

Tras participar en un intercambio juvenil de la Unión Europea este verano, me preocupé por investigar algo de lo que allí me habían contado: la reunión del G8 en Génova en 2001. Para ilustrar la explicación me mostraron esta película (aquí tenéis el tráiler, y si hacéis click aquí podeis acceder al visionado de la cinta completa). He de admitir que las imágenes que se pueden ver son escalofriantes, aunque no se debe a un truco del director, no, lo que pasó en Génova en junio de 2001 fue escalofriante y, en palabras de Amnistía Internacional: “La mayor violación de Derechos Humanos ocurrida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial”.

Empecemos por el principio, el G8 es un lobby o grupo de poder formado por Estados Unidos, Rusia, Italia, Alemania, Canadá, Francia, Japón y Reino Unido. Se reúnen periódicamente para hablar sobre economía y política, para conseguir aquello que persiguen utilizan su participación en Organizaciones Internacionales varias, como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Pues bien, en 2001, tuvo lugar la 27ª reunión de este grupo de poder, siendo la ciudad elegida Génova (Italia), y la fecha fue del 20 a 22 de julio (desde entonces y tras el 11-S, las reuniones se han localizado en lugares menos céntricos).

Ese viernes, 20 de julio, tuvieron lugar manifestaciones pacíficas y autorizadas de más de 200.000 personas , la mayoría eran de grupos antiglobalzación, como aquellas impulsadas por Genova Social Forum. Estas manifestaciones tenían lugar en las plazas más importantes de la ciudad y  se planteaban temas políticos que posteriormente se trataban en grupo, quizá a nosotros nos pueden recordar al 15M.

A pesar de la presencia de la policía secreta de los ochos países, así como de un despliegue policial inaudito que cercaba la ciudad por zonas a las que se les asignaba un color, algunos Black block lograron entrar en la ciudad y romper el clima de reivindicación pacífica. Así se dio el caso, por ejemplo, en palabras de Anne Serrano, de una manifestación pacífica, de la “denominada Red Lilliput, formada por un grupo de católicos del Veneto, muchos de ellos jubilados”, contra la que los antidisturbios cargaron sólo porque en esa misma plaza habían actuado los Black Block anteriormente. Este es el caso en el que creo más se nota la brutalidad y ceguera policial, pues los Black block se caracterizan por ser un grupo formado por gente joven vestida completamente de negro para impedir una fácil identificación, lo que, a juicio de cualquiera, dista mucho del aspecto de un grupo de jubilados católicos.

Genova-G8-2001-Via_Tolemaide

Ese mismo viernes, tuvo lugar el asesinato por parte de la policía de un joven de 23 años, Carlo Giuliani, a quien primero alcanzó una bala de goma y, posteriormente, el mismo policía que había disparado le pasó por encima con su coche oficial, como demuestran estas escalofriantes imágenes.

El sábado continuaron tanto las manifestaciones como los actos de los Black Block, pero si por algo será recordado ese día es por el Asalto a la Escuela Diaz. El centro se había convertido en la base del Genova Social Forum, y estaba justo enfrente del Media Center, por lo que, ante la seguridad de estar frente a todos los medios de comunicación desplazados, y de ser un lugar permitido para pernoctar, dormían tanto periodistas, como activistas contrarios a la globalización, como sencillamente gente que no podía registrarse en los hoteles al estar cerrados. Sin embargo, la policía entró en la escuela para desalojarla, supuestamente  convencida de que allí se refugiaban los Black Block, aunque otros consideran que fue tan sólo una maniobra para ocultar su incapacidad de controlar el campo de batalla en el que se había convertido la ciudad

Para ello, reunieron cerca de 350 policías que rodearon el edificio y lo asaltaron, rompiendo puertas y ventanas, golpeando sin piedad alguna, y sin miramientos, a todas las personas con las que se encontraban, pese a que éstas levantaban las manos en símbolo de demostración pacífica y no armada. Los policías atacaron con una brutalidad que pensábamos erradicada de Europa. Para justificar la incursión violenta en la escuela Armando Diaz, la policía falsificó las pruebas, introduciendo en el edificio tanto armas como cócteles molotov.

Al respecto, son estremecedores los testimonios de los que sufrieron dicha carga policial, entre los que también había españoles, y que se han agrupado en el documental llamado Black Block.  No los voy a repetir porque son realmente fuertes, quien sea capaz de soportarlos, ahí tiene el enlace.

Dentro de esta brutalidad, tan sólo un policía recuperó el sentido de lo que el uniforme representa, el asistente jefe de la Unidad Móvil de Roma Michelangelo Fornier, quien gritó: “¡Basta, basta!”. Él fue el único en reconocer, durante el proceso judicial, “haber asistido a escenas de carnicería mexicana”. Pese a todo, no señaló, delató o denunció a sus compañeros.

De este asalto, tres personas quedaron en coma, treinta sufrieron fracturas de huesos y el resto golpes devastadores. Un total de 93 personas detenidas, acusadas de ser “delincuentes cuyo objetivo fue la devastación y el saqueo”. Por suerte, debido a la falta de pruebas, los jueces anularon esa acusación y liberaron a los detenidos.

Pero antes de eso, tendría lugar la última fase de esa pesadilla. A los detenidos que no necesitaron asistencia hospitalaria urgente (una matización importante), así como aquellos que recibieron una primera asistencia facultativa pero podían mantenerse en pie, los llevaron a Bolzaneto, que se configuró como una prisión temporal (y de la que posteriormente fueron trasladados). En aquel lugar, no sólo acudieron esas 93 personas, que vivieron un nuevo infierno, si no que fuentes policiales lo cifran en 240 detenidos y otros testimonios lo cifran al rededor de  las 500 personas . Los fiscales denunciaron que en Bolzaneto los detenidos sufrieron:

“[…] todo tipo de vejaciones e insultos, golpes y amenazas políticas y sexuales. Hicieron ladrar a los detenidos, les obligaron a adoptar posiciones imposibles, les arrancaron los ‘piercings’ incluso de las partes íntimas. A muchas chicas las obligaron a desnudarse, a hacer piruetas mientras los policías proferían comentarios brutales, incluso cuando estaban en la enfermería”.

A estas alturas, no me cabe duda de que la indignación suprema se ha apoderado de vosotros, pero creedme, aún se pone peor.

De acuerdo a Amnistía Internacional, la tortura no constituye delito en la legislación nacional italiana, por lo que los agentes del orden nunca fueron acusados de ello y los delitos de los que podrían haber sido procesados han prescrito en su mayoría. Eso sí, fueron condenados 25 agentes, algunos de los que asaltaron la escuela, a un total de 98 años de reclusión. La decisión tomada en primer grado tampoco condenaba a los agentes destinados en la prisión Bolzaneto, aunque en 2010, por suerte, el Tribunal de Apelación de Génova dictó 44 condenas a 85 años de cárcel e inhabilitación a la cúpula policial por lo ocurrido allí. Sin embargo, ninguno de ellos está en la cárcel a día de hoy.

GENOVA - FIACCOLATA DECENNALE G8

¿Podría repetirse esto? A nadie se le escapa que ciertos países, entre los que yo destacaría el nuestro, tienden hacia un endurecimiento de las medidas para controlar las manifestaciones de la población y, por otro lado, por ejemplo Italia aún no ha ratificado el Protocolo facultativo de la Convención contra la Tortura. Sin embargo, hay otros países, de los que nunca imaginaríamos que sí lo han hecho, como es el caso de Camboya.

Italia no es la única nación europea que no respeta los Derechos Humanos. Imagino que todos recordareis las brutales cargas que la policía realizó en diversas manifestaciones en Madrid, como aquella en la que se juntaron manifestantes laicos con religiosos, o en Barcelona durante el desalojo del movimiento 15-M de la Plaza Catalunya. Los valencianos desde luego recordamos las cargas frente al Lluís Vives (un instituto en el que menores se manifestaban pacíficamente contra los recortes) y que desencadenó en una verdadera oposición de la población logrando un efecto llamada para defender los derechos de manifestación, libertad e integridad física. Pero en España no nos quedamos sólo con la represión en las manifestaciones, también tenemos casos de denuncias de torturas en cuarteles, aunque es mucho más difícil encontrar pruebas gráficas de ello, como es lógico.

El problema del control sobre el cumplimiento o no del protocolo y de las leyes nacionales de cada Estado, ya excede al objetivo de este post, pero espero que haya quedado claro que Europa no es el remanso de paz y superioridad política y social que a veces creemos que es, y que violaciones de los Derechos Humanos, ocurren en todas partes , lo que por desgracia incluye a nuestro país.

Como dijo el antropólogo forense Francisco Etxebarria recientemente aquí mismo:

 “[…] descubres que la vulneración de Derechos Humanos no tiene límites geográficos ni temporales. Lo que haya pasado ayer por la tarde en Corea o hace 11 años en Costa de Marfil son temas que te tienen que importar, y no vale decir que son sitios que están muy lejos o que ha pasado hace mucho.

Son cosas que te tienen que preocupar porque con cualquier vulneración de Derechos Humanos están atentando contra ti”.

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About The Author

Licenciada en Derecho por la UV, estudiante de Grado en Criminología por la UOC, estudiante del Máster de Sistema de Justicia Penal interuniversitario, por la UJI, UDL, UA y URV. Soñadora, bailarina, incorformista, protestona y con un definido, y defendido, concepto de Justicia.

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