Francisco Etxeberria: “¿Cómo pudo el ‘lehendakari’ López decir que era evidente que había existido una trama de robo de bebés en Euskadi?” (Segunda parte)

Published On 29/09/2013 | By Jon Gurutz Arranz Izquierdo | Divulgación, Entrevista, Historia, Medicina

“Llega un momento en el que me doy cuenta de que ésta es mi propia historia. Aunque una fosa esté muy lejos de donde yo vivo o he nacido, me doy cuenta de que ésta es una historia propia. Sintonizo de tal manera con esos hijos, familiares, vecinos, que me doy cuenta de que es como si me hubiera ocurrido a mí. O mejor dicho, que me podría haber ocurrido de la misma manera. Entonces, cada una de las víctimas que investigamos, identificamos y reconocemos, todas ellas somos nosotros. No hay tanta distancia.

A veces esto parece que es una cosa muy antigua, un tiempo pasado que ya ocurrió; sin embargo, yo creo que es muy próximo. No lo sé explicar plenamente, pero me doy cuenta de que todas esas víctimas somos nosotros mismos. Que si yo hubiera nacido en aquella época no sé dónde hubiera podido caer, pero quizá hubiera hecho el mismo recorrido de muchas de las víctimas que reconozco; o quizá hubiera hecho el camino de los criminales. ¿Cómo es posible que eso ocurriera?”. ~ Etxeberria durante un fragmento del documental Los caminos de la memoria.

Esto que lee es la segunda parte de la entrevista que Francisco Etxeberria concedió a ¡Muera la Inteligencia!”. Debido a su extensión decidimos dividirla en tres partes, puede leer la primera y la tercera.

Ruth y José: negligencia profesional

Pregunta. La policía ha alabado su labor como perito judicial. ¿Cree que, como opina el director de la policía científica, los casos recientes como el de Ruth y José marcan un antes y después en la Antropología forense para los procesos judiciales?

Respuesta. Si, yo creo que sí. Además, no sólo en el ámbito de antropología forense, sino en general en la investigación criminal. Que por otra parte en este país se llama “investigación”, y si es investigación debe contar con investigadores y a estos se les mide por unos patrones que también son universales. En algunos lugares del mundo, a la policía, que aquí denominamos científica, se le llama policía de investigación. Ya se ve que no siempre todo lo que se hace es científico, por lo que sería mucho más modesto llamarle Policía de Investigación. Una investigación puede acabar bien o mal, puede dar éxitos o no, pero llamar por sí solo científica a investigaciones que en ocasiones luego se demuestra que no han tenido ni las más mínimas consideraciones del comportamiento científico, es una cosa también curiosa del país en el que vivimos.

No obstante, esto no lo digo para desprestigiar a nadie. La Policía Científica tiene gente muy buena, tanto investigadores como técnicos cualificados. Al mismo tiempo, como es una estructura muy grande, ya se ve que no siempre son las personas que trabajan en ella las más cualificadas o las que tienen los mejores medios. ¿Para qué ha servido el Caso Bretón? Para darnos cuenta de que hay que reforzar con medios humanos, es decir, con personas que tengan la cualificación pertinente, y poder contar con los medios materiales necesarios. Y en lo sucesivo, cuando estemos ante una investigación criminal donde haya una información que la condicione de manera importante, en un sentido o en otro, esos informes técnico-periciales tienen que estar sometidos a una revisión interna. Como se hace en cualquier investigación científica, por ejemplo cuando uno envía un artículo a publicar y siempre hay una corrección por parte de los revisores. Por lo tanto, el resultado final es la publicación de un documento que es mejor que el original. Eso es científico. Y quizá no sé dé lo suficiente.

En lo sucesivo, creo que estas cosas se van a tener bastante en cuenta. Porque no se puede volver a hacer el ridículo en proporciones tan llamativas como ha sido este caso, en donde una persona se ha equivocado y ha confundido a sus propios compañeros de la institución en la que trabaja porque les hizo seguir otra línea de investigación al decir que no eran restos de humanos. Y, por supuesto, todo esto ha afectado a una familia que no se merece ese trato.

P. ¿De verdad identificó los huesos humanos basándose en fotografías?

R. Los identifiqué por las fotocopias, de las fotocopias, de unas fotografías. En cuanto vi las vértebras supe que eran humanas, incluso pensé ya en ese momento que eran de un individuo no adulto. Cuando pedí más fotos, de mejor calidad, a la octava que me entró por el correo electrónico vi que eran los dientes y ahí ya dije que no había nada más que hablar:  son humanos. Además, de una persona de seis años. Ahí se revolvió todo el asunto y me pidieron que realizara un informe, pero contesté que eso me era imposible por unas fotos, y entonces fui a Madrid a hacerlo en directo.

P. Pero, ¿cómo pudo ocurrir esta equivocación? ¿Es todo achacable a un error de novato?

R. He sido muy generoso en muchas cosas con esta mujer. Muy generoso. Y más después de todo lo que ha pasado durante el último año. Podría haber metido el dedo en el ojo, y no lo hice. Pero, básicamente, esa persona tiene una falta de conocimientos patente. Es inaudito que dentro de la policía científica haya una persona que solo tenga el título de médico, que no tenga ninguna especialización, y que con eso trabaje. Yo tengo un título de especialista, en Medicina legal y Forense, mientras que ella carece de esa formación. Y sin embargo prospera y progresa instalándose en la Comisaría General de la Policía Científica de Canillas por esas cosas increíbles que pasan en una estructura de ese tipo. Un concurso de méritos internos que se queda vacante y, tras años trabajando en otras funciones, hace que exhiba el título de licenciada en Medicina y pueda dedicarse a esto. Observadores de todo el mundo han considerado esto increíble, porque uno supone que el trabaja de genetista sabrá de genética y el que trabaja a cargo de las huellas dactilares será el amo en ese asunto.

Todos cometemos errores y también equivocaciones, pero tan de bulto como éste yo no conocía. Uno en cualquier investigación siempre tiene pequeños flecos, posibles errores o cosas sobre las que se duda, y por eso te expresas en términos de probabilidad en lugar de certeza. Pero lo que no puede ser es que no sepas diferenciar una motocicleta de una bicicleta, que son dos cosas que hasta se parecen en el nombre pero son distintas, y que por lo tanto equivoques tan groseramente toda la investigación al no haber sabido interpretar esta cuestión. Es un tema de negligencia profesional en los conocimientos necesarios para ejercer su profesión. Si esto le hubiera pasado a cualquier otro profesional médico habría quedado inhabilitado.

Por lo tanto, sí, creo que esta investigación marca un punto de inflexión.

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La trama de bebés robados en Euskadi

que nunca existió

P. Ha sido usted uno de los pocos médicos que, junto al Dr. Joseba Landa, ha alzado la voz frente a las acusaciones generalizadas de la existencia de una trama de bebés robados aquí en Euskadi. ¿Cree que la respuesta de los medios fue apropiada?, ¿quizá fue excesiva?

R. Bueno, yo hace años creía de verdad que era posible que se hubieran robado niños, siguiendo con una tradición que procedía del franquismo y que aquí se viene a considerar a partir de las noticias que nos llegan de las dictaduras de Sudamérica, donde los militares habían robado niños para luego regalarlos a familias pudientes. Eso mismo, quizá, podría haber ocurrido en España y, aunque no tenemos pruebas, sí que han escrito libros algunos profesores de universidad —como Ricard Vinyes—, en los que se ha llegado a decir que existen hasta 30.000 niños robados. Yo no tengo las pruebas de ese tipo, pero puedo pensar que podría haber ocurrido algo similar en España. Lo que ya no me pude creer es la noticia que surge de la nada acerca de que los robos se han mantenido desde los años 40 y han llegado casi a la actualidad. Las mismas personas que decían eso también afirmaban que los robos, por cuestión de negocio, se habían seguido cometiendo de forma permanente, incluso con médicos y otros profesionales sanitarios implicados. Claro, esto se dice sobre los años 2005-2006, de cuando son las últimas reclamaciones, y entonces esto ya me alcanza directamente a mí como protagonista.  Si yo soy médico en una ciudad y conozco un hospital en el que una serie de profesionales están robando niños contra la voluntad de sus madres y los están vendiendo, es algo que… Vamos, si no lo sé, es como para que me llame la atención. Si esto estuviera ocurriendo sin que me diera cuenta, yo soy un ignorante y tendría que ser descalificado, no podría seguir siendo médico ni profesor en la misma ciudad en la que están ocurriendo estos crímenes. Yo no me he dedicado a robar niños,  ¿pero algunos de mis compañeros quizá sí lo hicieron? ¿Cómo puede ser posible esto? Esto último de pronto a mí me permitió pensar que las cosas no eran como se estaban contando. Esto era un tema que mediáticamente tenía mucho gancho y que por eso los medios de comunicación, sin ningún tipo de reflexión, estaban empezando a dar explicaciones equivocadas.

P. Este tema explota a finales del 2010 cuando El Diario Vasco, Gara y Noticias de Gipuzkoa le dan una cobertura inmensa, ¿no?

R. Empieza exactamente por la cuestión de la Memoria histórica. Cuando el Noticias de Gipuzkoa genera periódicamente unos textos largos que desde Aranzadi alimentamos con información, por ejemplo: ¿Que pasó con la toma de París y los soldados vascos que estuvieron allá?, o ¿Qué pasó con las mujeres de la cárcel de Saturraran? Cuando estamos a ese tipo de cosas, de pronto surge la idea, a nivel general, de que también durante la dictadura se han robado niños aquí. Todo esto se inaugura con un titular: “Los niños robados de… ¿Gipuzkoa?”. En el texto el periodista menciona que no hay noticia de que se hayan robado niños en Gipuzkoa, siempre vinculándolo al tiempo del franquismo, al de la dictadura y a todo el tema de la Memoria histórica. Estando las cosas de esta manera se introduce otra noticia—a través de un tabloide británico— acerca de unas hermanas de Irun que dicen que a ellas les han robado a su hermano. Y al ser preguntadas si su hermano había sido robado en Irun, respondieron que no, que en realidad su madre había dado a luz en La Línea de la Concepción, Cádiz. Entonces nosotros estamos afectados por el robo de un hermano en Cádiz. Y se produce una confusión y mezcla entre lo que son los robos del tiempo del franquismo, que no los hemos podido acreditar pero que algunos profesores dicen que se han producido, con la idea de que hay unos guipuzcoanos a los cuales les han robado a un hermano. Eso empieza a funcionar los medios de comunicación.

Por si faltaba algo más, se crea una escisión en Anadir, que es una asociación muy seria que se preocupa por las irregularidades en las adopciones de niños que ya de adultos se preguntan legítimamente quiénes son su familia o qué pasó con ellos. Estando esa asociación funcionando de manera muy correcta surge una escisión y nace SOS Bebés robados. Cuando se produce esta escisión, que tiene mayor fuerza en el País Vasco de la mano de esta cuestión que tiene que ver con las hermanas de Irun, a partir de ese momento ya casi no se habla de Anadir y todo el tiempo se habla de “bebés robados”.

Así se empieza a crear una idea, como si fuera la cosa más normal del mundo, de que se han robado niños en Gipuzkoa, y también fuera de aquí. Pero entre nosotros tranquilísimamente. Esto crece y los medios de comunicación empiezan a dar voz a algunas mujeres que dicen: “Yo creo que a mí me robaron el niño porque no me lo enseñaron después de la muerte. Realmente me dijeron que había muerto, pero yo no hice las gestiones en la funeraria ya que se ocupó el hospital, y como me he enterado leyendo el periódico de que robaron niños en esa época, pienso que quizá…”. Y así se empiezan a sumar casos uno detrás de otro, hasta el extremo de que hay mujeres que no reclaman el robo de ningún niño concreto y que, sin embargo, dicen: “Si yo di a luz en esos hospitales por aquellas fechas, estuve expuesta a que me hubieran podido robar un niño. Y, aunque no me lo hayan robado, es increíble que hubiera estado expuesta”. Es decir, se crea una psicosis.

P. ¿Y cuál es su visión desde adentro?

R. Todo esto no encaja con lo que yo en ese momento estoy conociendo del mundo del hospital, al preguntar a comadronas, enfermeras, personal auxiliar, celadores, médicos, neonatólogos, radiólogos, etc. Y sin embargo, se crea esta idea. Entonces se empiezan a abrir diligencias judiciales. Lo más curioso es que muchas veces se han hecho avances en actos de carácter judicial y policial sin antes haber pedido la historia clínica; cuál será la sorpresa en el sector de los médicos cuando, a raíz de algunos de los casos que se judicializaron, se ha ido al hospital a preguntarles y estos les han entregado sin ningún problema la historia clínica con toda la información de los bebés fallecidos. En esos casos es cuando el médico ha puesto encima de la mesa una historia clínica que permite acreditar que no habido ningún robo y que el niño se murió. Incluso muchos médicos han llegado a preguntarse: “¿Pero por qué no nos han pedido oficialmente las historias clínicas la fiscalía, la Ertzaintza o desde el juzgado de instrucción? Porque eso que están diciendo de ese caso concreto aquí está documentado: el niño nació prematuro y tenía esta patología que evolución esta manera; lo vio el neonatólogo, el radiólogo, el pediatra, y después se murió”. Hay un caso, hay más, pero hay uno concreto en donde la historia clínica acaba con un informe de autopsia. Fíjate si el niño si se murió que hasta el anatomopatólogo del hospital le hizo la autopsia y confirmó un diagnóstico de malformación en el tubo digestivo que antes había constatado el radiólogo. Esto desconcertaba en el mundo de los médicos, con los cuales yo soy muy cercano, ya que no podían entender la noticia del titular periodístico al compararla con la realidad de alguno de los ejemplos. Y nadie contenía la cuestión, el tema seguía creciendo.

Bueno, la razón por la que el tema seguía creciendo tiene que ver con que los médicos no podamos desvelar información confidencial. Es decir, este es otro asunto curioso, quizá el más interesante desde el punto de vista deontológico y ético, porque como no se trata del robo de objetos sino de personas, todos los médicos acusados se podían haber defendido al día siguiendo de aquel titular de prensa diciendo: “Eso que ha dicho usted, periodista, es falso, y es falso porque tengo una historia clínica, se la enseño, publíquenla”. Esto es lo que no puede hacer un médico, porque eso sí que es un delito. Entonces los médicos se tragaban el sapo, callándose, esperando a que un día fueran citados oficialmente por alguna autoridad, para poder decir: “Que yo le explico lo que quiera, que no sólo no hemos robado este niño, sino que se pueden acreditar perfectamente las razones por las que murió”. Esto no se puede aplicar a todos los casos, pero sí a la mayoría de los que estaban pasando en Gipuzkoa.

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P. Y entonces llegan las primeras exhumaciones.

R. Otro efecto más, esta vez específico en el País Vasco. Con las tres exhumaciones se arroja la noticia periodística de que los tres féretros estaban vacíos. Hasta tal extremo que yo me lo creí, concretamente por la primera que fue en Derio y la segunda en Polloe. Me quedé desconcertado. Si un féretro está vacío significa que verdaderamente tenemos la primera prueba de que ha habido un robo; y me lo creí. Pero al cabo de diez días de la primera exhumación, supe que no era “exactamente vacío”, al cabo de 20 días confirmé otro dato y al mes ya sabía que los féretros no estaban vacíos. Ninguno.

¿Por qué los medios de comunicación habían dicho que los féretros estaban vacíos? ¿Quién ha sido el que ha dicho que el féretro está vacío y eso ha trascendido públicamente? Lo que ha ocurrido en esas exhumaciones, supuestamente vacías, es que dentro del féretro había un paño quirúrgico que envolvía una pinza del cordón umbilical y en algunos casos incluso una pulsera de identificación; además, en otros casos, también se hallaron pelos y puparios —envoltura de una proteína muy dura, que se llama quitina, de las fase larvaria de las moscas—. Y además de todo eso hay un residuo negruzco, como un barro, que es la degradación por un proceso de putrefacción de un perinatal. Se han producido algunos equívocos y errores por desconsiderar el nivel de mineralización del hueso, particularmente en un prematuro, que es tan débil que puede ocurrir que se experimenten unas degradaciones o putrefacciones que lleven a un residuo que prácticamente no recuerda a nada del original. Claro, si no te pones las gafas de cerca, dices: “Aquí no hay nada”. “Nada” sería que hubiera aire, y entonces tendríamos un problema verdaderamente grave. Pero al principio, como ya he dicho, me lo creí.

Con la tercera exhumación en Itsasondo, que es con la que ya no pude más, la prensa guipuzcoana dio la noticia de que el féretro estaba vacío, ¿por qué lo hicieron? Pero si lo que ocurrió en realidad es que no se encontró el féretro como consecuencia de unas obras y remodelaciones que se habían hecho en el cementerio. Ah, claro, pero es que no es lo mismo decir: “Hemos hecho la tarea de exhumación y no ha aparecido el féretro porque aquí hace 10 años se hicieron obras”, esto es informar sin titulares, que decir: “Tercera exhumación en el País Vasco, tercer féretro vacío”. Porque ahí ya todo el mundo dijo: “Ah, está clarísimo, ha habido robo de niños”.  ¿Por qué pasó esto?

¿Cómo es posible que hasta el lehendakari Patxi López, a la vista de la tercera exhumación en la CAV, vaya a la televisión y diga: “Es evidente que existen tramas de médicos y hospitales”? ¿Cómo puede tener una información tan equivocada? ¿Quién es el responsable de facilitarle al lehendakari una información tan errónea? ¿Por qué no se identifica a los encargados de su gabinete de prensa, que son unos irresponsables introduciendo en la televisión en directo la certeza de que hasta el lehendakari cree que existen tramas de robo de bebés orquestadas por médicos y hospitales? Cuando el lehendakari dijo eso se encendieron todas las luces rojas de los hospitales, los directores y gerentes dijeron: “¿Pero qué está diciendo este insensato?”. Si este ejemplo me sirve para desmentir algo que dice, en otros temas de los que esté hablando, ¿qué? ¿Podría ocurrir lo mismo?

P. La respuesta de los profesionales hospitalarios, ¿cuál fue? ¿Cómo actuaron ante semejantes declaraciones?

R. No se sabía cómo gestionar el asunto porque había crecido desproporcionadamente. La única oportunidad que existía era que nos citaran oficialmente. Ahí se dio para mí la primera oportunidad, primero en la comisión del Parlamento vasco y, la segunda, en la Juntas Generales de Gipuzkoa. Antes había hablado, de forma privada, con muchas autoridades judiciales cuando me preguntaban cómo lo veía yo. Una de las cosas más interesantes e increíbles con el tema de los “bebés robados” cuando empezó, por decir algo, son las pancartas que exhibían algunos de los que participaban las manifestaciones en la calle con lemas como: “Lo nuestro no es Memoria Histórica”. Se querían despegar del movimiento Memoria Histórica. Pero ha pasado el tiempo, y han vuelto a cobijarse a ella. Otro de los lemas que aparece en algunas manifestaciones, específico del País Vasco, como las que se han hecho delante de la Audiencia provincial de Bilbao es: “Nosotros también somos víctimas del terrorismo”. Esto causó estupor en algunas personas, cuyos nombres no puedo citar aquí, que se preguntaron: “¿Qué pasa aquí dentro? ¿Cuánto hay de verdad o de exageración en todo esto?”; y entonces se produjo algo importante: la intervención de la Fiscalía diciendo que se iban a investigar todos los casos con todo detalle. Y efectivamente, dos años después de que se hayan hecho las investigaciones necesarias, con todos los recursos policiales, forenses y de fiscalía, se sabe que no hay trama. Ahora ya hay datos facilitados. Es decir, afortunadamente cuando se produce la segunda comparecencia en la comisión de las Juntas Generales de Guipuzkoa, ya hay otros expertos que hablan antes que yo —el fiscal jefe y la Ertzaintza—, y dicen las cosas claras: los féretros no estaban vacíos. Para mí entonces fue mucho más cómodo ir a comparecer y volver a dar mi opinión desde el punto de vista de la criminología.

Memoria Histórica en las Juntas Generales de Gipuzkoa - Francisco Etxeberria, presidente de la sociedad de ciencias Aranzadi
Claro, por este motivo las asociaciones han venido contra mí diciendo que porque he dicho esto ahora las denuncias no se investigan. Eso es falso, se están investigando con todo detalle. Y todo el mundo debe saber que el 100% de las exhumaciones que se han realizado a nivel España, incluyendo las del País Vasco, donde se han encontrado huesos de los que ha sido posible extraer ADN, a fecha de hoy arrojan el resultado de que no ha habido robo. Esto sí sería un titular para la prensa de mañana: el 100% da negativo, aquí y allá.

En las investigaciones que se han hecho por parte del Instituto Nacional de toxicología, como han arrojado ese resultado, no han faltado pancartas que dicen: “Gallardón, no nos creemos los resultados del Instituto Nacional de Toxicología”. Puedo pensar que es porque la gente no se cree una investigación realizada por las estructuras oficiales del Estado. Vale, pues vayamos a preguntar a los laboratorios privados que han hecho también algunos de estos análisis de ADN, ¿y cuál es la noticia? La misma, nada. Es ahí por lo que todo el mundo se ha quedado en silencio. Por eso se ha empezado a desinflar este tema, que se está colocando ahora en su dimensión real. La realidad es que es verdad que existen muchas muertes de bebés que se produjeron de forma natural, por las cuales las mujeres no hicieron el duelo adecuadamente, y posteriomente han pensado que les han robado el niño.

Entre otras razones es porque en aquellos tiempos, durante los años 60-70, recuerdo esto porque era estudiante y vi algo parecido, cuando un niño moría no se sabía cómo decírselo a la madre. Y se jugaba. Entonces, primero iba la enfermera y le decía a la mujer que su hijo “estaba malito”, para que dos horas después fuera otra enfermera y le dijera “ha empeorado”, para terminar con el médico que le dijera “ha muerto”. Cuando en realidad el niño llevaba muerto desde las cinco de la mañana. Nunca iba el médico y le daba el notición directamente. Y, ¿qué pasaba cuando el propio médico, después de explicar a la mujer lo sucedido, le decía: “No llores, eres una mujer joven y podrás volver a tener familia”? Esto que ahora, dicho así, suena brutal, se hacía con normalidad. ¿Qué iba a hacer la mujer? Llorar, lo normal, se tapaba con la sábana y lloraba. Y el médico le decía esto, seguramente cuestionable desde la ética actual, pero se funcionaba así. “Y, ¿por qué no se enseñaban muchos de los niños?”, ¿pero vosotros sabéis cómo es un niño que ha nacido muerto, que sale negro porque está asfixiado o con deformaciones? Muchas veces no se enseñaba por eso. Hoy es lo contrario, ¡incluso tendrás que hacer una fotografía con tal de demostrar que no ha habido robo!

Muchas de las reclamaciones son de gente que creen que les han robado un niño y no es verdad. Su niño murió y hay historias clínicas que lo acreditan. Eso por un lado. Pero existe otra situación, aquella en la que la mujer era engañada, y no por el médico, sino por su propia madre que era la que tomaba las decisiones irregulares, algunas de ellas delictivas. Cuando la chica tenía veinte años y estaba embarazada sin tener a su alrededor el amparo suficiente, era la madre la que llevaba las riendas de la situación y era la que decidía lo que había que hacer. Incluso le decía al ginecólogo tranquilamente: “Como no hemos podido abortar, vamos a entregar el niño en adopción. No ponga el nombre de mi hija en los papeles y no vuelva a hablar de esto nunca, ¿me ha oído usted, doctor?”. Y la chica no decía nada, con veinte años no hablaba. Hoy, con menos edad, tienen el derecho legítimo de reclamar, y hay que ayudarle. Pero en aquel momento, la que hablaba en boca de la chica de 20 años era su madre. A fecha de hoy quizá no se le pueda tomar declaración, por el tiempo transcurrido o porque por su edad haya podido incluso fallecer, pero es la madre la que decía lo que había que hacer. Y lo que había que hacer era muy sencillo, un procedimiento muy utilizado: la mujer al dar a la luz dice que no reconoce al recién nacido, se redacta un papel y esto significa que el bebé entra en el circuito de adopción. Esto se hacía con el médico y la monja presentes. Claro que sí, eso ha sido así. ¿Cuánto ganaban los médicos por esto? Yo no lo sé. Y las irregularidades, ¿cómo se producían? Pues en situaciones muy claras. Si el proceso de adopción era un trámite administrativo que duraba no sé cuántos meses, había situaciones, que conocemos ahora, en donde niños que habían sido abandonados en muchas maternidades, porque había muchísimos casos, se gestionaban cargados de irregularidades entregándolos en adopción, seguramente haciendo falsificación de documentación, en 10-15 días o en un mes y medio, en vez de seis meses y un día. ¿Con dinero? Naturalmente. ¿Algunos se enriquecieron? Es muy probable. Y, ¿quiénes se ocupaban de todo este asunto? Pues la caridad, ¿dónde se entregaban los niños que no se querían atender? En el torno del convento de las monjas, no en el parque de los bomberos. Eran las instituciones religiosas las que atendían estas cosas, como Fraisoro en Gipuzkoa. Y nosotros desde la perspectiva actual podemos decir lo mal que se hicieron las cosas entonces. Bien, bueno, pero es que hay que situarse en el tiempo del año 60 cuando venía a dar a luz una chica desde Zaragoza, por la misma razón que una chica de aquí iba hasta allí para intentar que nadie de su entorno se enterara, incluyendo a muchos de sus familiares.

P. ¿Pero sin rastro de robo?

R. El robo malintencionado en época reciente en hospitales públicos, no es que no lo vea, es que me parece que no hay ninguna prueba al respecto. Y esas irregularidades se tienen que investigar todas. De hecho, las están investigando y están empezando a aparecer situaciones increíbles: mujeres que entregaron al niño en adopción, que nunca más han querido saber nada del asunto, y que ahora por este tema se están empezando a saber. Mujeres que tienen una vida hecha, incluso otra familia diferente, y nadie de su entorno actual sabe lo le que pasó cuando tenía 20 años. Y entonces se está procurando que estos casos no trasciendan, porque lo único que faltaba es precisamente que ahora salgan ejemplos así.

Repito: se están investigando todos los casos, ejemplos donde se ha dicho “me han robado al niño”, y resulta que haces el ADN y ves que no le han robado nada. Si verdaderamente se hubiera producido lo que dicen sería el acontecimiento más criminal en el que hayan estado implicados los médicos, por ejemplo, de los últimos 100 años. Si todo esto fuera verdad, claro. No creo que exista un precedente en el que a un colectivo de médicos se le diga que un hospital entero está implicado de un modo u otro en algo de esta envergadura. Además, si fuera verdad, el tema alcanzaría no sólo a los profesionales que intervienen, sino a todos los demás del centro. Ya me da igual que seas anatomopatólogo, radiólogo o dermatólogo, si tú trabajas en una institución en la que se están produciendo unos crímenes de estas proporciones, si es verdad esto de lo que estamos hablando, debería ir a la cárcel hasta el lehendakari. Y, como también se ha dicho en los medios, de certificarse que las historias clínicas que aparecen en los hospitales son falsas, tiene que ir a la cárcel el actual máximo responsable del Gobierno vasco. De descubrirse que en un hospital público se falsifican las historias clínicas, la organización que pagamos con nuestros impuestos que desconozca esto o no desvele la ilicitud del asunto tiene responsabilidades.

En la sanidad pública que tenemos es imposible robar los niños de la forma en que se ha venido a decir. Vuelvo a repetir que esto no me sirve para explicar el 100% de las situaciones porque después está lo que yo no conozco, como por ejemplo Sor María en esa clínica de Madrid; yo eso no lo conozco, pero lo que me ha ocurrido personalmente es que cuando toca poner detalle en las denuncias, porque se ha hecho el estudio, he visto que no era así. Que no era, que no era y que no era. Yo me hice crítico. Me fui haciendo crítico y, claro, he acabado señalado como un “cochino” por cierta gente. Pero con la misma razón que te digo que los restos de las Quemadillas son dos, con exactamente la misma razón, te digo que estas cosas se pueden explicar perfectamente desde las Ciencias forenses.

P. Retomando un pregunta anterior, ¿qué intereses han alimentado este movimiento y esta repercusión en prensa? ¿Qué ha podido ocurrir para que esto tenga tanta repercusión y aceptación entre el público?

R. Esto tiene un claro interés morboso desde el punto de vista periodístico, y después está la falta de responsabilidad de mucha gente. Pero esto también alcanza a instituciones médicas, no quiero dejar la irresponsabilidad solamente en esa familia o la mujer que ha reclamado el robo de un bebé porque probablemente es la que menos culpa tiene en este asunto. Las instituciones médicas, por ejemplo los colegios de médicos, no han hecho nada, ni siquiera ir a hablar con la Fiscalía o convocar una reunión para hablar con los pediatras que estaban siendo citados a los juzgados para decirles: “Oye, ¿qué pensáis vosotros que trabajabais ahí? ¿Qué explicación me podéis dar?”. Ni siquiera han hecho eso. Los médicos se han sentido abandonados. Conozco algunas cosas increíbles que les han pasado a médicos con los que he hablado. Eso ha ocurrido y la culpa la tenemos nosotros.

Pero también están los medios de comunicación. El ejemplo más claro de su irresponsabilidad sigue siendo el caso del Noticias de Gipuzkoa, de nuevo, en donde en un titular hablaron de una mujer que decía: “Era un bebé muy vendible; fue brutal”. Explica el ejemplo y viene a decir que ha encontrado documentación donde aparece la causa médica de la muerte escrita de una manera concreta y en otros papeles de otra manera diferente, con lo cual descubre que hay una trampa. Piensa que si en algunos papeles se indica que la muerte es una, pero en otros se da otra explicación, alguno de los dos miente. De modo que hay robo. Claro, esta mujer no sabe, no tiene igual toda la culpa, pero es inaudito que el periodista tampoco contraste la información, que cuando los médicos tenemos que certificar la muerte de una persona tenemos que explicar la causa inmediata del fallecimiento, la causa intermedia del fallecimiento y la causa fundamental. Y que cuando tú te mueres por un infarto de miocardio, el infarto de miocardio puede ser la causa inmediata, la intermedia o la fundamental, dependiendo de en qué momento lo escribas. Y, ¿cómo estaba redactado en este ejemplo concreto? En uno de los papeles ponía: “Murió por meningitis”, y en el otro: “Murió por hidrocefalia”. Entonces la mujer pensaba que eran dos cosas distintas. No, perdone, ¿usted no sabe que la meningitis produce hidrocefalia? ¿Y que la diferencia entre un término y otro depende de en qué parte del certificado médico quieras leer, que se transcribe al registro civil y al del cementerio, por lo que pendiendo de qué línea redactes, coges la de arriba, la del medio o la otra?

Ése es un ejemplo, un caso que se desinfla con lo que acabo de decir. No hay substancia. Pero sin lugar a dudas, uno de los ejemplos más grandiosos sigue siendo el de esa reunión de diferentes asociaciones de bebés robados que se está celebrando en Palencia. Están allí los de una asociación local y fue un representante de aquí para explicar las cosas que hacen. Y entonces aparece una persona de Palencia, un hombre, de 30 y tantos años, que dice: “Yo estoy afectado porque yo nací en un parto gemelar y creo que a mi hermano lo robaron”. Entonces, la persona de aquí le dice a este hombre de Palencia: “Déjame que te mire, espérate un poco, pero si tú te pareces mucho a uno que vive en Rentería”. Imagínatelo. Y esa persona de Palencia se viene a Rentería, pone su cara en la prensa, una fotografía actual y otra de su primera comunión, y dice: “Me han dicho que han visto a un tío exactamente igual que yo en Rentería”. Esto, en el mundo del hospital, entre los profesionales sanitarios, provocaba ya un nivel de incredulidad nunca visto. Nos preguntábamos, una y otra vez, cómo podía haber tanto disparatado en este asunto. Pero es que además la prensa, ¡les da pábulo y habla de ellos! Que el periodista publique esto, ¡y se queda tan tranquilo! De nuevo sin haber contrastado nada. Es que es increíble. Y claro, a mí me pesó mucho la noticia que se dio al principio de este tema, que es por lo que yo empiezo a hablar con Joseba Landa para intentar comprender qué estaba pasaba en este asunto y qué había de realidad en él, cuando se llegó a decir, por parte de la misma gente, asociaciones, presuntos afectados, etc., que en los hospitales públicos guipuzcoanos de los años 70 y 80 se moría uno de cada tres niños nacidos. Eso no pasaba aquí ni en la Edad Media; pero es que eso no pasa hoy ni en el país más pobre de África. Un tercio de los nacidos no se ha muerto durante estos años de ninguna manera [INE: 15 por 1.000]. Si uno de cada tres niños se muriera significaría que el nivel de la sanidad que teníamos en aquella época era una mierda, y que a los profesionales que trabajaban allí habría que llevarlos a todos a… [suelta una carcajada de incredulidad]. Pero, ¿de qué estás hablando? No tienes ni idea de lo que dices. Estás hablando sin tener ni idea y has introducido una noticia en los periódicos que es un disparate, no sé si malintencionado o no, que solo sirve para producir más confusión. ¿Cómo que uno de cada tres niños? Eso es un insulto, no solo para los pediatras del momento, sino para todos los médicos, para toda la sanidad pública y privada, para todos los gobernantes, y para todas las instituciones actuales.

Francisco 'Paco' Etxeberria en los Cursos de Verano de la UPV/EHU 2013

Si le ha gustado, lea la primera y tercera parte de esta misma entrevista.

Agradecimientos al gabinete de comunicación de los Cursos de Verano de la UPV/EHU (especialmente a Karmele, Aintzane y Marian).

Entrevista realizada con la ayuda de Ainhoa Zubeldia, Adrian Hugo Llorente Aginagalde y Jokin Babaze Aizpurua.

Fotogafía: la de portada está obtenida del documental Los caminos de la memoria; la segunda pertenece a la Sociedad de Ciencias Aranzadi; la tercera y cuarta, muestran a Etxeberria durante el juicio de Ruth y José y en su intervención por el caso de los bebés robados en Euskadi en las Juntas Generales de Gipuzkoa respectivamente; y la quinta está tomada durante la entrevista en el Palacio Miramar.

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Empecé como chico de los recados para Oreka Komunikazioa y miembro del Ala Dura, sector Pito-Jai, del Euskal Kultur Mintegia; luego, hice esquelas preciosísimas en el DA (entrad, ¡que cada día hay nuevas!); después, en El País, aprendí que ser periodista es discutir mucho y muy fuerte con tu jefe; al final, me licencié en Humanidades y Comunicación (HUCO) en Deusto y, al ver que lo mío no era nada de todo eso, acabé en la UPV/EHU estudiando Antropología Social. Además, gracias a mi inglés “Hi! I’m Big Muzzy!” colaboro en Mapping Ignorance. También he trabajado en los Cursos de Verano de la UPV/EHU. Soy una persona de poca fortuna genética y un desecho vital. Por favor, no me miréis, me provoca miedito y consternación.

3 Responses to Francisco Etxeberria: “¿Cómo pudo el ‘lehendakari’ López decir que era evidente que había existido una trama de robo de bebés en Euskadi?” (Segunda parte)

  1. Protomédico says:

    Bravo. El esfuerzo está mereciendo la pena. No puedo esperar a la tercera parte. Eso sí, la parte del “me han dicho que han visto a un tipo exactamente igual que yo en Rentería” me ha matado de mala manera 🙂

  2. Pingback: Francisco Etxeberria: “¿Cómo pudo el lehendakari decir que era evidente que hubo una trama de robo de bebés en Euskadi?”

  3. Pingback: Francisco Etxeberria: “¿Cómo pudo el lehendakari decir que era evidente que hubo una trama de robo de bebés en Euskadi?” | mamas.CO

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