Francisco Etxeberria: “Cualquier vulneración de Derechos Humanos te tiene que importar, están atentando contra ti” (Primera parte)

Published On 09/09/2013 | By Jon Gurutz Arranz Izquierdo | Divulgación, Entrevista, Historia, Medicina

«No somos “buenos por naturaleza”, aunque lo dijera Rousseau. Yo no me lo creo. Verdaderamente creo que somos unos canallas, lo que pasa es que nos modulamos. Y lo hacemos por la educación o la cultura. Pero de pronto, si nadie nos controla lo suficiente o no somos observados, nos convertimos en unos canallas…, y para eso bastan cinco minutos». ~ Etxeberria sobre la naturaleza de la condición humana, al ser preguntado durante una entrevista con Iñaki Gabilondo.

Al hablar sobre Francisco Etxeberria Gabilondo podríamos decir que es Doctor en Medicina por la Universidad del País Vasco, médico especialista en Medicina legal y forense, especialista universitario en Antropología y Biología forense por la Universidad Complutense de Madrid, subdirector del Instituto vasco de criminología, presidente de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y profesor titular en medicina legal en la UPV/EHU, pero no estaríamos contando más que una pequeña parte de la historia.

Sin embargo, haciendo lo anterior dejaríamos sin explicar cómo, siendo todavía alumno de medicina de tercero en la Universidad de Valladolid, tras la muerte del dictador se plantó ante el recién creado Consejo General vasco en el Palacio de Miramar junto con sus compañeros, con el objetivo de conseguir para San Sebastián una Unidad Docente donde impartir Medicina. Centro universitario que no solo consiguió que se creara sino que también que se adscribiera en la Universidad Autónoma de Bilbao, posterior UPV/EHU, y que culminó en su integración en el actual Hospital Universitario Donostia. Tampoco estaríamos mencionando cómo empezó a trabajar de forense casi antes de acabar la carrera ni que pertenece a esa generación profesionales que tuvo que hacer el difícil camino entre una medicina forense propia de una Administración de Justicia preconstitucional, sin personal médico propio, a una medicina forense científica, académica, fuertemente vinculada a la Universidad y acorde a los estándares internacionales.

Olvidaríamos también que pertenece, junto al prehistoriador Xabier Peñalver, a esa juventud guipuzcoana ya universitaria que maduró en las excavaciones y expediciones espeleológicas de la Sociedad de Ciencias Aranzadi de Jose Miguel de Barandiaran, patriarca de la cultura vasca, y su pupilo el arqueólogo Jesús Altuna, quien años después le cedería la batuta en la dirección Aranzadi.

Equipo de investigación de la Sociedad de Ciencias Aranzadi en la Cueva de Amalda, Valle de Altzolaras, barrio de Aizarna en Zestoa (1981).  La fotografía del equipo de investigación de la Sociedad de Ciencias Aranzadi fue tomada por el fotógrafo de prensa Pemán que acompañaba al periodista Javier Aramburu que aparece sentado en la parte inferior izquierda del grupo. Fue publicada en el diario "Deia". La imagen representa el cambio que se produjo en las investigaciones de Prehistoria en la década de los años 70 y 80, donde resultaba imprescindible configurar equipos amplios y multidisciplinares. De pie y por el lado izquierdo: Joxean Múgica (Doctor en Prehistoria y Profesor Titular de Prehistoria UPV/EHU), Angel Armendáriz (Doctor en Prehistoria y Profesor Titular de Prehistoria Universidad de Cantabria), Xavier Peñalver (Doctor en Prehistoria), Txomin Ugalde (Ingeniero Técnico Industrial), Lourdes Herrasti (Lcda en Geografía en Historia), Mila Olaskoaga (Lcda en Química) Sentados y en la parte inferior: Javier Aramburu (periodista), Mertxe Aspiazu (Lda en Geografía e Historia), Maider Etxaide (Lda en Biología), Silvia Huércanos (Lda en Historia), Amaia Rodríguez (Doctora en Biología) De pie en el lado derecho de la fotografía: Koro Mariezkurrena (Diplomada en Magisterio), Jesús Altuna (Doctor en Biología, Catedrático de Escuela Universitaria UPV/EHU), Francisco Etxeberria (Doctor en Medicina y Profesor Titular de la UPV/EHU), Pablo Areso (Licenciado en Biología), Xavier Zabala (Licenciado en Biologia)

Equipo de investigación de la Sociedad de Ciencias Aranzadi en la Cueva de Amalda, Valle de Altzolaras, barrio de Aizarna en Zestoa (1981). De pie en el lado derecho de la fotografía: Koro Mariezkurrena (Diplomada en Magisterio), Jesús Altuna (Doctor en Biología, Catedrático de Escuela Universitaria UPV/EHU), Francisco Etxeberria (Doctor en Medicina y Profesor Titular de la UPV/EHU), Pablo Areso (Licenciado en Biología), Xavier Zabala (Licenciado en Biologia). La imagen representa el cambio que se produjo en las investigaciones de Prehistoria en la década de los años 70 y 80, donde resultaba imprescindible configurar equipos amplios y multidisciplinares.

Camino que no le costó pocos encontronazos con la Policía y la Administración de la época. En el juicio de Lasa y Zabala, tuvo que contradecir al forense alicantino cuando éste afirmó que no se podría demostrar con los restos semimomificados de los asesinados que estos “hubieran sufrido torturas”. La profesionalidad y ética que en la década de los 80 y 90 le llevó a darse de cabezazos con una Administración en la cual el “100% de los detenidos eran maltratados” y donde “era horroroso ir a la Comandancia de la Guardia Civil de Intxaurrondo y el Antiguo”, denuncias que le valieron no pocas amenazas.

A continuación, sería obligatorio relatar cómo, con su tesis doctoral sobre paleopatología bajo el brazo (disciplina de la cual fue impulsor en España) con la titularidad de profesor en la universidad y alejado de la sala de autopsia, se enfrascó en la identificación de los restos de las víctimas de la Guerra Civil. Encabezando así el equipo de voluntarios que en el año 2000 realizó la primera exhumación científica de España en Priaranza del Bierzo (León), pues “no podía ser que se volviera a exhumar como en el ’78, los familiares los fines de semana con una azada”. Poco después aquella primera exhumación daría origen a la Asociación para la Memoria Histórica. Labor que le ha merecido el apelativo de “el forense de la memoria histórica” y así como los Premios Derechos Humanos de Gipuzkoa (2006) y Rene Cassin del Gobierno vasco (2007).

En la actualidad, con más de 120 fosas comunes exhumadas a sus espaldas, es respetado por su imparcialidad, objetividad e incansable labor por descubrir la verdad, tanto por un bando como por el otro, junto a ser incapaz, según sus palabras, de “mantenerse neutral” como médico y ciudadano ante las violaciones de los derechos humanos, le ha llevado a ser reclamado en investigaciones como el asesinato de Víctor Jara, el suicidio de Salvador Allende o la muerte de Pablo Neruda.

De vuelta en su ciudad, concedió esta extensa entrevista a “¡Muera la Inteligencia!” en el marco de su participación en los Cursos de Verano de la UPV/EHU en el Palacio Miramar. Hoy publicamos la primera parte con motivo del reconocimiento que el rector de la UPV/EHU Iñaki Goirizelaia ha querido realizarle invitándole a impartir la lección inaugural del acto solemne de la apertura del curso académico 2013/2014, con su ponencia Exhumando fosas, recuperando dignidades.

Pregunta. ¿Cree que la recuperación de la memoria histórica debe concernir a los dos bandos?

Respuesta. Claro, efectivamente. A todas las víctimas. Lo que ocurre es que uno de los lados, en vez de bando, ya tiene ese asunto resuelto. Porque se hizo además con carácter oficial, con inversiones económicas y con la implicación institucional y profesional necesaria en su momento. Basta leer la Causa General para ver que se investigó con todo detalle, precisamente para reprochar de todos esos crímenes a los republicanos.

Era el otro lado el que estaba pendiente de una revisión del tema, en su dimensión histórica, pero sin hablar de heroicidades de guerra, sino de víctimas y de gente perjudicada. Esto se ha llevado de manera desigual, con crítica política de por medio, pero que en los últimos años se ha hecho de forma imparable. Porque aquí hay una parcela totalmente desconocida.

P. ¿Cómo ha sido la reacción a que usted abra fosas? ¿Ha sido principalmente política?

R. Todo el mundo dice que lo estamos haciendo por cuestiones políticas. Y yo digo que sí, que es verdad y que tienen toda la razón. Es que es precisamente por cuestiones políticas por lo que este tema estaba parado, dormido y olvidado. Claro, todo es por cuestión política. Sobre todo el no haber investigado lo hechos.

Entonces, como la necesidad de conocer la verdad no tiene límites y es un derecho que asiste a cualquier perjudicado o víctima siempre, no sé por qué hay gente que se pone nerviosa e intranquiliza cuando se quiere conocer la verdad de algunas situaciones concretas. Por ejemplo, ¿qué pasó con las mujeres que siendo esposas de presos acompañaron a sus maridos por diferentes ciudades y cárceles con el fin de trabajar y conseguir algo de dinero para poder mantener a sus maridos? Abandonando para ello su pueblo, familia, hogar, etc. Eso es una dimensión del dolor que nadie ha tratado o investigado, que pongo adrede a modo de ejemplo para demostrar que todavía quedan muchas más cosas que se pueden estudiar. Y más aún si hace desde el estudio académico, la universidad, de donde es perfectamente posible investigar cualquier cosa.

P. Ahora que los recortes han alcanzado a las subvenciones del Ministerio de la Presidencia, que era de quien dependían a nivel estatal las exhumaciones, ¿en qué situación se encuentran en la actualidad? Y, ¿qué cree que debe hacerse desde las instituciones, pese a no haber viabilidad económica?

R. Se pueden hacer muchísimas cosas que cuestan cero euros, lo que hay que hacer es ponerse a pensar. Por ejemplo, oficializar información o datos que se han obtenido a lo largo de esto años: hacer oficial un informe realizado con criterio universitario, científico y académico cuesta cero euros; y validar ese mismo informe ratificándolo, no cuesta nada. Y es algo que no se hace, que no se quiere hacer.

Esta validación de la información incluso se puede hacer a escala municipal, desde el nivel de los ayuntamientos, y no cuesta dinero alguno. Con que se repartan los informes fotocopiados a toda la corporación municipal y que cada uno de ellos opine y reflexione libremente para posteriormente convocar una reunión, que repito cuesta cero euros, y sacar alguna conclusión respecto a esa información que hemos puesto sobre la mesa desde el punto de vista técnico-científico-académico, por ejemplo. Ni siquiera eso se está haciendo.

El siguiente paso o reto que veo es hacer oficial la información que hemos generado. Si digo que el 4% de las víctimas eran mujeres, esto podría ser verdad o mentira, ¿pero de dónde sale este dato? ¿Podría ser validado? Para ello tendría que haber una institución que tuviera la información y que dijera: “Ese dato es verdad”. Y así me voy al resto de miles de datos más.

A partir de ahí el Ministerio de la Presidencia no tiene un apoyo institucional o respaldo económico, pero tampoco ideológico o de ningún otro orden. La excusa que dan, muy vulgar, es que: “Estamos en crisis”. El problema es que esa frase viene precedida de otras dos: “Esto divide a los ciudadanos”, primera afirmación, absolutamente absurda; y la segunda: “Esto reabre viejas heridas”. En realidad estas tres frases, que se utilizan para descalificar nuestra labor con las exhumaciones, no tienen mayor sustento por detrás. Son frases que quedan en punto final, porque si empiezas a hablar con ellos te das cuenta de que no hay un desarrollo ideológico por detrás de esas expresiones. De modo que hay un problema previo, es que simplemente no les da la gana hacer algo.

P. De modo que se trata de una oposición profundamente ideológica.

R. Sí, totalmente. Dicen: “Esto no nos interesa, ¿a qué vienen estos ahora a molestar?”, y partir de ahí se inventan esas frases que digo. Pero lo mejor es que precisamente ocurre todo lo contrario a “reabrirse las heridas”, porque esto ya lo tenemos estudiado. Nosotros en los equipos de investigación tenemos antropólogos culturales, que no investigan restos sino que se dedican a estudiar qué piensa la población, los vecinos, los allegados o a valorar cómo los medios de comunicación se están tomando el trabajo que realizamos. Años más tarde,  vuelven a estas localidades y descubren que no sólo no se han reabierto las heridas sino que se han cerrado completamente. Lo que quiero decir con esto es que sobre nuestra labor de exhumación de las fosas comunes del franquismo hay gente que, en el fondo, habla sin tener ni idea de lo que dice.

Además, lo hacen desde la distancia. Y otra cosa te voy a decir: cuando viene cualquier persona que está en desacuerdo con lo que hacemos, por ejemplo de ideología de derechas, y ve el resultado de nuestro trabajo desde cerca, cambia completamente de actitud. En ese momento siempre nos explican lo mismo: “Es que desde mi partido me han dicho que diga otra cosa…”. Entonces el problema no es de la persona o del político, sino de los partidos políticos. Ése es el problema de España. Todo lo que estamos viendo ahora sobre corrupción, no es un problema solo de las personas afiliadas a los partidos, es culpa de la estructura de la organización en la que se han metido. El partido que tiene maquinarias inconfesables de gestión de los problemas y que hace que, en el tema de la Memoria Histórica, la derecha haya sido beligerante. Y así estamos.

‘Los caminos de la memoria/Les chemins de la mémoire’ - Más de 2.000 fosas comunes, solo 250 abiertas

P. Garzón inicia en 2012 una investigación judicial por los delitos cometidos durante el Franquismo, por lo cual es acusado de prevaricación para luego ser absuelto. ¿Qué cree que se perseguía con estas diligencias? Y,  ¿por qué tuvieron esa repercusión mediática y judicial?

R. La repercusión la tiene porque es el primer juez que hace algo así, desde una instancia con competencia en todo el estado, esto mediáticamente era nuevo; eso es todo una novedad y además provocó gran ilusión en los familiares de las víctimas, frente a los años que hemos estado en la puerta de la administración de justicia y no se nos ha hecho caso, también con un argumento muy simple: “Esto ha prescrito, y en tanto que lo ha hecho a mí no me corresponde, así que váyanse ustedes a tocar la puerta de otro”. Así opinaban jueces y fiscales. Sin embargo, había una corriente de algunos jueces más progresistas que decían que, con independencia de que se puedan juzgar o no los hechos, lo importante es conocer la verdad. Y una vez que la verdad sea conocida por lo menos así habremos reparado algo a las víctimas. Porque las víctimas tiene tres derechos: a la verdad, la justicia y la reparación.

P. ¿El restaurar los derechos de las víctimas, a través de la Memoria Histórica, contribuye a asentar una democracia?

R. Sí, eso se da al exhumar las fosas porque conocer la verdad es reparador y consolida los valores democráticos. Que ¿después no se puedan juzgar a los criminales? Pues es muy probable porque ha pasado mucho tiempo, pero existen razones de peso por las que investigar hechos así como también se está haciendo lo mismo con actos similares en otros lugares del mundo. Esto, en manos de Garzón, provocó un factor novedoso y, al mismo tiempo, una gran revolución mediática. Incluso se ve en Google cuando escribes: “Memoria Histórica”, y observas los picos que ha tenido la búsqueda cuando se realiza el debate en el Parlamento de España hasta la Ley de 2007 y, especialmente, por los datos que salen de la gráfica más elevados que nunca cuando tiene lugar la intervención de Garzón.

Lo que va a terminar pasando con Garzón es que, por ésta y otras razones, nadie quiere ayudarle ni salvarle de la situación en la que se encuentra. Quizá si hubiera sido en otro momento o fuera cualquier otro juez, se habrían habilitado procedimientos para resolver su enredo. Aquí, sin embargo, él se encontró con que le dijeron: “Ahí te aguantes”, iba a decir otra palabra, y ni unos ni otros quisieron atenderle ni ayudarle. Se ha quedado prácticamente solo.

P. ¿Es cierto que en este juicio fue la primera vez en la que se escuchaba a víctimas del franquismo ante un tribunal?

R. Claro. Nunca antes habían sido recibidas las víctimas que ahora están haciendo las reclamaciones. Presentaban documentación a través de sus abogados y representantes, pero no eran citadas para que pudiesen contar lo que les había pasado en forma de declaración. De haber sido así, quizá al terminar de escuchar ese testimonio un juez podría haberles dicho: “Sepa usted que lo que me ha dicho me parece verdaderamente importante y voy a hacer todo lo que esté en mi mano para ayudarle. Le comprendo, y me parece lógico y coherente que usted pida la implicación de la institución llamada Administración de Justicia”. Eso no ha ocurrido jamás. Por eso, precisamente en el juicio, se selecciona a una serie de personas para que cuenten lo que les había ocurrido y que puedan decir lo que piensan libremente. Ahí es cuando vemos a gente mayor que cuenta que nunca ha sabido el paradero de muchos de sus familiares y que, de haberlo sabido, su vida habría sido diferente. Que no está reparado ese dolor. Y eso tiene esta dimensión casi sorprendente, ¿no? Porque lo lógico habría sido que esas personas hubiesen declarado ante el propio Garzón en el procedimiento judicial corriente y ordinario, no en la excepcionalidad de la que ahora resulta que es Garzón el que está sentado en el propio banquillo de los acusados.

P. Dejando a un lado el papel institucional de la memoria, usted en la charla que dio este año a los recién licenciados de Medicina por la UPV/EHU, titulada De carne y hueso, comentó la necesidad ética de llevar a estudiantes a colaborar con las excavaciones de fosas, ¿en qué se fundamenta esto?

R. Cualquier estudiante de universidad tiene la obligación de formarse en una serie de disciplinas concretas que están muy normalizadas, reglamentadas y acotadas; pero el tiempo de juventud y de universidad además te tiene que enriquecer en otra serie de asuntos fundamentales, que pueden ser la literatura, el cine, cualquier arte o las relaciones humanas y personales. En todo ese conjunto, lo que significa el acercarse y ver en directo cuestiones que versan con tragedias que han vivido nuestros antepasados recientes, padres, tíos o abuelos, es algo totalmente necesario. Porque cualquier estudiante universitario tiene una formación de la historia de España, una idea aunque sea simple de lo que ocurrió, tanto del Golpe de Estado que llevó a una dictadura que duró 40 años. Eso se ve reforzado y mejorado cuando precisamente les pones rostro a las víctimas.

Porque entonces descubres que la vulneración de Derechos Humanos no tiene límites geográficos ni temporales. Lo que haya pasado ayer por la tarde en Corea o hace 11 años en Costa de Marfil son temas que te tienen que importar, y no vale decir que son sitios que están muy lejos o que ha pasado hace mucho.

Son cosas que te tienen que preocupar porque con cualquier vulneración de Derechos Humanos están atentando contra ti. Que siempre tendrás algo que hacer, decir, pensar u opinar. Es por eso por lo que me parece algo necesario que los estudiantes universitarios puedan implicarse y participar en las excavaciones de las fosas comunes del franquismo.

Acabas dándote cuenta de que al estudiante, da igual su carrera, le acaba importando porque de lo que ahí se habla son valores universales. No son una especialización en nada, ni una extravagancia cualquiera. Admito que la mayor sorpresa que me he llevado sobre este tema es ver cómo viene gente del extranjero, que está estudiando cualquier cosa, a ver lo que ha ocurrido aquí. Ahí descubres que esto encierra una serie de valores que son útiles para la formación y adquisición de la madurez.

Francisco Etxeberria dando una ponencia: 'De carne y hueso, ¿qué nos pueden enseñar los restos humanos?'

Si le ha gustado, lea la segunda y tercera parte de esta misma entrevista.

Agradecimientos al gabinete de comunicación de los Cursos de Verano de la UPV/EHU (especialmente a Karmele, Aintzane y Marian).

Entrevista realizada con la ayuda de Ainhoa Zubeldia, Adrian Hugo Llorente Aginagalde y Jokin Babaze Aizpurua.

Fotogafía: Jon Gurutz Arranz Izquierdo; la segunda es de Peman y está en el archivo Gure Gipuzkoa; la tercera, pertenece a un fotograma del documental Los caminos de la memoria; y la cuarta es de la Sociedad de Ciencas Aranzadi.

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About The Author

Empecé como chico de los recados para Oreka Komunikazioa y miembro del Ala Dura, sector Pito-Jai, del Euskal Kultur Mintegia; luego, hice esquelas preciosísimas en el DA (entrad, ¡que cada día hay nuevas!); después, en El País, aprendí que ser periodista es discutir mucho y muy fuerte con tu jefe; al final, me licencié en Humanidades y Comunicación (HUCO) en Deusto y, al ver que lo mío no era nada de todo eso, acabé en la UPV/EHU estudiando Antropología Social. Además, gracias a mi inglés “Hi! I’m Big Muzzy!” colaboro en Mapping Ignorance. También he trabajado en los Cursos de Verano de la UPV/EHU. Soy una persona de poca fortuna genética y un desecho vital. Por favor, no me miréis, me provoca miedito y consternación.

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  5. azeria says:

    Una muy interesante entrevista a un señor muy inteligente y cabal, que habla con mentalidad científica si se me permite.
    En mi opinión falta una cultura de las ciencias forenses en nuestro país, y en cuanto a nuestra policía científica, se podría decir lo mismo, ha faltado un encaje científico de verdad en una macro estructura como es la policía. Y como para ejemplo vale un botón basta sólo ir a esta página de un sindicato (http://www.sipe.es/noticias/2013/RPT_Propuesta_Borrador_Oficial.pdf) y observar el borrador de la RPT ( es el lugar donde se detallan los puestos de trabajo y los requisitos necesarios para ellos) y en el archivo pdf buscar antropología forense o genética. Para nuestra sorpresa veremos que los únicos requisitos que se exigen son agente de escala básica (Graduado Escolar) y CICG I/CIC, (un curso general impartido por la academia de policía vasca). Si de verdad hubiese un interés por parte de quien dirige el departamento de seguridad no podría permitir estos desmanes.
    Es evidente que como en todas las instituciones hay gente más y menos cualificada, este es un tema que se puede discutir, pero no quiero con ello poner en duda el trabajo de estos profesionales (http://www.enac.es/documents/enac/entidades/Alcances/LABORATORIOS%20DE%20ENSAYO/665_LE1398.pdf) más bien al contrario, denunciar la falta de compromiso de una institución con estos profesionales.

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