Historia de una licenciada en Periodismo: “¡Anda, teníamos estudio de radio!”

Published On 17/07/2013 | By Maje M. S. | Crónica

Se acabó. Cinco años de licenciatura pasados en un suspiro, resumidos en un discurso de 10 minutos en una graduación. En unos abrazos profundos, en despedidas definitivas. Por fin licenciada. Pero, ¿cuánto nos han cundido los años de estudios en la Licenciatura de Periodismo en la Universidad de Valladolid? (Para los desorientados: Valladolid, allá por el medio de Castilla, a una hora en AVE de Madrid, encabezada por un alcalde digamos… de mediáticas declaraciones. Abre la boca y sube el pan. Un primor).

A lo largo de estos cursos no han faltado las críticas de los alumnos sobre cómo están planteados estos estudios superiores en la única facultad pública de toda Castilla y León que los alberga. Dejaremos el debate sobre si Periodismo debe o no ser un estudio universitario para otra ocasión.

Atrás queda una sucesión de cursos en los que las asignaturas pasaban sin coordinación entre ellas. Y, así, aprendimos que no existía el periodismo de interpretación ―en primero―, para después toparnos en cuarto con la premisa de que, al contrario, todo (o casi) era susceptible de ser interpretado, y más el periodismo. ¡Oh, desdichados de nosotros! Tres cursos de sabiduría para echar a la papelera de reciclaje.

Lo que sí dimos año tras año fue Historia. Vaya si la estudiamos… Y comprobamos en nuestros pobres oídos cómo puede cambiar el relato de los hechos dependiendo del enfoque que le otorgues. Que se pueden estudiar los años 50 en España sin mentar la palabra “dictadura”. O que los ingleses son tipos muy raros. Pero, sobre todo, que nada es una cuestión baladí en lo que a la Historia se refiere, sea cual sea su enfoque. Y que da igual cuanto la estudies, siempre habrá alguna fecha que tengas que buscar en Google.

Y entre un poco de Historia, algo de Geografía, Tecnología, Derecho o Arte Contemporáneo, allí escondidas, estaban las asignaturas de aquello que realmente nos importaba a todos: el Periodismo. Recuerdo con especial cariño el susto que me llevé preparando la matrícula en septiembre de 2008 cuando vi que había algo llamado “Teoría de la información y teoría de la comunicación”. Nada bueno podía augurar incluir dos veces la palabra “teoría” en el nombre de una asignatura. Y así fue. Conocimos a McLuhan, a NoelleNeumann, Grijelmo… Aprendimos a distinguir los géneros, que no se escribe igual para radio, televisión, prensa escrita e Internet y que todo queda muy bien en la teoría y pocas veces pudimos aplicarlo a la práctica dentro de las aulas. Muchos se llevaron una sorpresa al descubrir en el ocaso de la licenciatura (marzo del quinto curso, para ser más exactos) la existencia de un estudio de radio dentro de la facultad. Algunos afortunados incluso pudieron verlo con sus propios ojos; para otros, se quedará en una leyenda urbana. Como anécdota, una imagen mental y sonora: visualizad un estudio de radio pared con pared con la sala de estudio. Imaginaos ese estudio sin insonorizar, con unas paredes dignas de las manualidades de Art Attack.

Si hay algo que merece un apartado específico han sido los encargados de hacer posible ese desastroso plan de estudios al borde de la extinción (esperemos que el Grado funcione mejor). O, lo que es lo mismo: los profesores. Algunos con más esfuerzo que otros, todo hay que decirlo.

El criterio más diferenciador entre la gran masa docente es la calidad humana. Separar la barrera alumno-profesor que te inculcan desde pequeño se vuelve una tarea asombrosamente fácil cuando tratas con profesores con una gran calidad humana. Los que no te miran con superioridad desde la tarima, los que no van solo a soltarte el discurso que traen preparado de casa y se van sin darse cuenta siquiera de si la clase atendía. Los menos, la gran mayor parte del tiempo.

Los recortes del último año supusieron una masacre para con los asociados, que tuvieron que preparar asignaturas desde cero días antes del inicio de curso. Nuevamente, algunos con más esfuerzo y dedicación que otros.

La universidad no es lo que es (o lo que debería ser) sin la labor de cada uno de los miembros que la desempeñan. Por desgracia para todos, nunca se cumplen los roles como se debiera. Por suerte, a falta de quejas que lleguen a buen puerto en medio de la burocracia universitaria (digna de estudio, aún no he topado con una funcionaria simpática en Valladolid), siempre nos quedará Internet para echar pestes.

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Estudiante de Periodismo. Cuando me quedo sin palabras, intento expresarme con fotografías. Desastre y curiosa por naturaleza.

2 Responses to Historia de una licenciada en Periodismo: “¡Anda, teníamos estudio de radio!”

  1. Patricia says:

    Totalmente de acuerdo contigo, añadiría más cosas, cientos, desde horarios solapados, profesores que no iban, el pasotismo de todos ellos, a los asociados porque los firmaban los contratos tres meses después de haber empezado y nos lo contaban y los de las “otras asignaturas”, es decir casi todos, que no enfocaban al periodismo nada, algunos lo simulaban, otros ni esos.
    Les dimos igual desde que entramos al negociado a preguntar cómo se rellenaba la matrícula hasta el día de la graduación que ni nos miraron, o de reojo para encajar las sutiles críticas que duraron 10 minutos.
    Pero ahora con el título en la mano (es un decir porque vale 209€ y aún tengo que ahorrar) no quiero enfadarme más, ni con ellos por mediocres ni con nosotros por consentidores.
    Enhorabuena licenciada

    • Maje M. S. says:

      Toda la razón, Patri. Pero yo creo que, a estas alturas, como dices, no hay que enfadarse más. Prefiero quedarme con el profesor que llamó a Javi para decirle que seguía vivo y quería venir a la graduación, o las profesoras que se preocupan más por nosotros sin habernos dado clase que algunas que no se preocupaban ni dentro de su aula…

      Ahora bien, de las de negociado no cre que me libre, porque una es amiga de una señora de mi bloque. A modo venganza/karma, cuando veo que entran al portal, no las espero en el ascensor =P

      Enhorabuena a ti también.

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