Bienvenido a la carrera universitaria de la vida

Published On 26/06/2013 | By Colaboraciones | Crónica

Al final todos buscamos un buen futuro. Unos buenos estudios, unos buenos amigos, una buena familia y, aunque todos intentemos solaparlo en argumentos pasionales, unos buenos ingresos.

Después de meses pensándolo, imaginándote tu vida y todos los cambios a los que te vas a enfrentar, finalmente tomas una decisión. La vida está llena de momentos en los que tienes que tomar decisiones, y este caso no iba a ser menos. Decides ir a estudiar Comunicación en la Universidad de Deusto, en San Sebastián. Haces el equipaje, te separas de todo aquello que te ha hecho sentir tan protegido a lo largo de tu vida, das dos besos, media vuelta, y tomas rumbo a tu futuro.

Los edificios ya no son los mismos. Como tampoco las líneas de autobuses son las mismas, es que ni siquiera lo son los autobuses, que han pasado de ser amarillos a azules y verdes.  La gente viste más elegante; aquí las gabardinas, bufandas y paraguas hacen que todo el mundo te parezca distante. La mujer que lleva el quiosco de tu barrio ya no sabe la revista o las golosinas que te gustan y te sientes frustrada. Has pasado del éxtasis de lo nuevo a la añoranza de lo viejo en una milésima de segundo.

Todo esto se pasa, después de que estés días sentada en una esquina de la clase pensando que eres la marginada social del aula, te dices a ti misma: “No seas miedica, ya habrá alguien tan solo como tú”, y efectivamente. Te fijas bien y encuentras a esa persona que no parece un loco y que está igualmente solo, como tú. Ya lo tienes, le has elegido y te acercas. Ya pasó lo peor. Repitiendo el mismo proceso vas conociendo a gente y creando lo que para ti será tu “grupi”, que aquí es la “cuadrilla”. Primero, segundo, tercero, van pasando los cursos. Claro que echas de menos a tus amigos, a tu familia, tu cama, el tener tus galletas favoritas en el armario todas las tardes, etc. Pero ya nada es tan horrible. Ahora tienes unos amigos con los que hacer planes, muchas cosas que estudiar y un trabajo al que acudir con una puntualidad rigurosa y buena cara para poder decir: “Buenas noches, señor, ¿le gustaría tomar algo?”.

Decir que el trabajo es primordial sería demasiado obvio, pero lo menciono por otras razones: te hace conocer gente fuera de la universidad, tener planes cuando no los tienes, sentirte responsable a ratos y, cómo no, tener dinero para tus caprichos. Aunque no os voy a mentir, compaginar estudios y trabajo no es ninguna chorrada. Si te va a poder más una buena borrachera, rechaza el trabajo.

Vas terminando tercero y además con buenas notas, vas subiendo en el trabajo, ya lo dominas y cada vez más con mayor regularidad. Ya tienes tu carnet de conducir, y sabes qué es lo que quieres hacer.

Y ahí es cuando se fastidia todo.

Cuando llegas a este punto álgido en el que puedes decir “aquí estoy a gusto”, ¡ZAS! Avistas una nube enorme. Después de pensar un poquito, te das cuenta de que llevas tres años adaptándote a un entorno muy característico para nada. Ahora que por fin eres capaz de llegar al Juantxo o a Ikatz sin problema, que has tenido tiempo de cansarte del Ezpala, que sabes que el pintxo-pote de Gros es el mejor, que el paraguas no sirve de nada porque en San Sebastián llueve inclinado, y que cuando pasa un autobús cerca de ti o huyes o te ducha, te vas. Y punto.

¿Cómo que me voy? Llevo tres años aquí, tengo un trabajo, un coche, unos amigos, y ¿ahora me tengo que ir? Es que el máster que quieres hacer no está aquí. Otra decisión que tomar. ¿De nuevo hacer la maleta y dejar lo que me ha protegido los últimos años? Vale, sí, mi máster está en Madrid, pero mi trabajo aquí. La pereza que provoca volver a empezar todo el proceso es más grande que el mismísimo Big Bang. Después de llevar tres años sacándome las castañas del fuego con mis ahorros, ¿tengo que volver a gorronear de mis padres? Si me quedo no hay máster, pero si me voy no hay trabajo.

Constantemente tomando decisiones que te hacen sentir estúpido. Estúpido porque llevas tres años estudiando una carrera universitaria y aún no eres capaz de tomar una decisión sin morirte de miedo. Bienvenidos a la carrera universitaria “vida”, de asistencia obligatoria para todos, pero tranquilos, aunque yo tampoco sepa qué hacer, me tranquiliza mucho algo que me dijo alguien un día: “Esta carrera no se suspende”.

— Colaboración de Irati Isturitz Loinaz.

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Por lo general, gente con mucho tiempo libre y sin nada mejor que hacer que llenar de rica cultura vuestras cabezas escribiendo en MLI. Eso que os lleváis.

4 Responses to Bienvenido a la carrera universitaria de la vida

  1. Jon Intxaurraga says:

    Hombre, creo que cuando nos morimos suspendemos.

  2. Laura López Gutiérrez says:

    Yo diría que sólo se suspende si nos rendimos, la muerte no la suspende.
    Muy buen post, da gusto tener colaboradores así.

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