El Concierto Económico: el Kaiku de Amaya

Published On 19/06/2013 | By Jokin Babaze Aizpurua | Divulgación, Historia

El Concierto Económico Vasco, ese gran desconocido. El fantasma que aparece periódicamente en la palestra política. La gran bicha a la que nadie se atreve a mentar no sea que empiecen a llover tortas por todos lados, o que menciona precisamente para reventar un debate o desviar la atención hacia otro lado. ¿Qué es en realidad el Concierto Económico? Algunos dicen que es un privilegio inaceptable de los vascos, una suerte de preludio del Apocalipsis que en todo caso presagia el fin de la unidad indisoluble de la nación española. Otros que es un sistema antiquísimo que se legitima en que su origen se pierde en los arcanos de la Historia, poco menos que es un sistema ideado por Dios para Aitor y Amaya, vascos primigenios, pues por todos es conocido que los vascos, aunque también somos humanos (al menos hasta que se demuestre lo contrario), descendemos de una línea diferente a la de Adán y Eva, y por ello debemos tener un sistema tributario diferente.

Vale, sí, es cierto, exagero. Pero tampoco os creáis que mucho, viendo las barbaridades que dicen los políticos, los medios de comunicación y esos monigotes de feria a los que denominamos “tertulianos”. La cosa, señoras y señores, es mucho más simple, racional y normal que las chorrisandeces que se oyen y leen por ahí.

Para entrar en materia, diremos que obviamente el origen del Concierto Económico no es un pacto mitológico. Pero es que ni siquiera tiene un origen medieval, ni mucho menos: nace a finales del siglo XIX, concretamente en 1878, y lo hace porque, a raíz de la denominada Ley derogatoria de los Fueros del 21 de julio de 1876, se extendía a las, por aquel entonces, denominadas provincias vascongadas “los deberes que la constitución política ha impuesto siempre a todos los españoles de acudir al servicio de las armas cuando la ley los llama y de contribuir en proporción a sus haberes a los gastos del Estado”. Esto no quiere decir que antes de 1876 los vascos no acudieran al servicio de las armas cuando la ley los llamaba ni que no contribuyeran a los gastos del Estado, que sí que lo hacían, pero mediante un complejo sistema que, este sí, tiene un origen medieval que no voy a entrar a explicar ahora.

Lo que hay que tener en cuenta es que esa mención a “los deberes que la constitución política ha impuesto siempre a todos los españoles” hay que cogerlo con pinzas, porque en España el sistema tributario fue prácticamente medieval y por tanto lleno de regímenes especiales y exenciones y excepciones hasta 1845, año en que se inicia la gran reforma tributaria, acompañada de las reformas en materia mercantil e industrial. Y es que ya se sabe que en España nos tomamos las cosas con calma en lo que a modernizar se refiere, y para muestra un botón: mientras el Código Civil Francés, el llamado Código Napoleónico, se aprobó en 1804, y el Austríaco en 1812, el Español no vio la luz hasta 1889. Nuestro Código Civil está más cerca en de la creación de las galletas Oreo (1912) que del nacimiento de la codificación, y en todo caso, es más joven que la Coca-Cola (1886). Pero no sigamos por esta línea, y volvamos al tema que nos ocupa.

La cosa es que en ese momento comienza un toma y daca entre las instituciones vascas y el Gobierno de la Nación que tanto Nicolás Vicario y Peña en Fiat Lux, como Federico Zabala y Allende en El Concierto Económico: ¿Qué ha sido, qué es, qué debe ser? relatan magistralmente.

El Gobierno tenía un serio problema: “¿Cómo puedo hacer para cobrarles impuestos a estos vascos cuando dicen que hasta ahora no pagaban nada? ¡Con lo pesados que son los vascongados con sus fueros y libertades! Tengo que tener mucho cuidado con lo que hago, que lo mismo se me vuelven a revelar… ¡Pero tampoco puedo permitir que sigan haciendo lo que quieran!” y cosas así pensaba Antonio Cánovas del Castillo, Presidente del Consejo de Ministros.

Y es que, efectivamente, había quien decía que los habitantes de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa nunca pagaron ningún impuesto al Rey de Castilla. Por ejemplo, Pablo Gorosabel, en Noticia de las cosas memorables de Gipuzkoa (Lib. IV, Cap. II, Sec. I), nos dice que “uno de los fueros más importantes, en cuya posesión se halla la provincia de Guipúzcoa, es la exención de las contribuciones directas, que en los antiguos reinos de Castilla se pagan al Estado”. Sin embargo, actualmente tenemos claro que eso no era correcto, sino que los habitantes de Álava, Vizcaya o Guipúzcoa pagaban impuestos como la Alcabala, además de los establecidos por las propias Juntas Generales, solo que sus contribuciones a la Hacienda del Reino eran tan reducidas que muchas veces, y aunque suene a chiste, directamente no aparecían reflejados en las cuentas.

Además, se encontraron con otro problema, que puede que también suene a broma, pero así se menciona en los textos que he citado arriba: que no había forma de que los vascos pagaran los impuestos modernos, acostumbrados como estaban a los impuestos establecidos hasta entonces por las Juntas Generales, y que además los impuestos modernos no se adaptaban a la economía del país.

Así que se llegó a un acuerdo que mi profesor de Derecho Financiero I exponía gráficamente al poner en boca del Gobierno de la Nación las siguientes palabras: “Mirad, como vosotros habéis estado cobrando los impuestos, y lo habéis hecho bien, seguid haciéndolo: me dais la cantidad que yo os diga, y allá vosotros lo que hacéis con el dinero”. Y de aquí es donde surge el famoso Cupo, que suponía que las Diputaciones Forales pagaban una cantidad a tanto alzado al Gobierno de la Nación, y se quedaban con el resto.

Y esto, señoras y señores, es el origen del Concierto Económico, institución jurídica cuyo funcionamiento básico explicaremos en un futuro post, pero que lo que está claro es que casi desde su propio origen fue causa de debates y enfrentamientos políticos tan variados que bien podríamos denominarlo la “Caja de Pandora” de la política vasca. O mejor. Adaptándolo a la singular idiosincrasia de nuestra amada Euskal Herria, el Concierto Económico es el “Kaiku de Amaya”.

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One Response to El Concierto Económico: el Kaiku de Amaya

  1. Iñaki says:

    Pues a mí me dejas con hambre de más, y menos mal que has dicho que habrá una segunda parte, porque estaba curioseando el enlace a los libros y veo que hay mucho escrito sobre el tema, mucho más de lo que seré capaz de leer este verano…

    Ansioso espero (de nuevo).

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