De querer comerse el mundo a comerse los mocos: carta abierta de una estudiante de máster

Published On 09/06/2013 | By Colaboraciones | Crónica

Haciendo mis “américas” en Barcelona, me topé con la cruda realidad de los estudios superiores en las universidades españolas. Ya me lo temía al analizar de qué manera había transcurrido mi carrera, aunque ni de lejos me imaginaba que en una institución tan grande, con tanto prestigio como a la que me disponía a acudir, pudiera estar por debajo de mis expectativas. Todo pintaba maravillosamente bien desde el principio: un campus enorme, líneas de autobuses, más de una biblioteca, apartamentos para estudiantes, autoescuela, óptica, restaurantes… En definitiva, instalaciones que nos dejan en Donostia con las bragas abajo. Unos compañeros de máster simpatiquísimos, una ciudad nueva —que además había escogido a conciencia—, y muchas ganas de poner en práctica lo que ya sabía y de aprender cosas nuevas para especializarme en publicidad y relaciones públicas.

La primera sorpresa no tardó en llegar cuando entre todos empezamos a preguntarnos qué carrera habíamos estudiado. ¿Empresariales? ¿Traducción? ¿Filología? Si la memoria no me fallaba, uno de los requisitos indispensables para acceder al máster era provenir de una carrera de comunicación, periodismo o publicidad. Puesto que, si me equivoco que me corrijan, no es una locura que en una especialización, un máster, un postgrado, etc., los profesionales que la estudian tengan una base para, EXACTO, precisamente especializarse. ¿O sería viable que un ingeniero, por el simple hecho de pertenecer al campo de las ciencias, se especializara en neurocirugía? ¿Un veterinario en ingeniería industrial? ¿Un arquitecto en biología marina? Supongo que los de letras no tenemos derecho a exigir esas cositas sin importancia. Sabiendo además, como puede comprobarse en cualquier ranking de Internet, que no estamos ni de cerca entre los másters más estudiados: los de negocios y empresariales parecen tener el monopolio de la demanda. Y ojo, que no se me malinterprete: he estudiado este año con esa gente y son profesionales cualificados, y muchos de ellos seguramente llegarán a ser muy buenos publicistas. Pero, ¡vaya! Resulta que yo también soy una profesional y exigiría, si no es mucho pedir, que en mi especialización pudiese estudiar con gente con una base igual a la mía.

Arranca el curso y empiezan las asignaturas. El máster se llama Publicidad y Relaciones Públicas. ¿Dónde está lo segundo en el plan académico? Ninguna asignatura con este contenido, ninguna referencia a este campo profesional. Pero tranquilos, que la contraprestación a este pequeño despiste la suplimos con horas y horas de asignaturas dedicadas a la investigación de mercados. Apasionante para quien le guste, eso sí. Pero entonces, ¿por qué llamarlo Publicidad y RR.PP. y no Publicidad e Investigación de mercados? Fue una pequeña batalla académica que tuvimos con los responsables del máster, con victoria por parte del alumnado, a quienes se nos concedió un seminario de Relaciones Públicas de tres días, y con el claustro de profesores dándonos la razón y pidiéndonos disculpas. Siendo totalmente sincera, también me lo apunto como un pequeño triunfo personal.

Y como estos irrelevantes deslices, de una institución de prestigio y reconocida nacional e internacionalmente, muchos fallos más a enumerar, con los que podría escribir un libro de quejas bastante gordito, tanto a nivel de prácticas, trato académico y profesionalidad. Aunque por supuesto, nunca quitándole mérito a aquellos profesores que se han esforzado en hacerlo lo mejor posible. Haberlos haylos, que conste y se lea.

Hace poco una amiga y compañera mía de la carrera me preguntaba en Londres si realmente valía la pena hacer un máster. Una pregunta que me temía, dada las circunstancias, puesto que en este momento terminas tu carrera y te cae un trabajo del cielo, o “aprovechas” la atroz situación económica para seguir formándote. Tardé en contestarle porque realmente creo que mi experiencia en la ciudad condal ha merecido la pena, y no por las moñerías de conocer a gente nueva y fantástica con la que he compartido momentos deliciosos y memorables, que sin ninguna duda así ha sido; pero siendo objetivos, críticos y realmente honestos, dada mi experiencia, siento que desafortunadamente, al menos concretamente en mi caso, he estado pagando por un título más que por una formación. No sólo he sentido que no aprendía realmente nada nuevo, sino que en algunos casos incluso he llegado a la conclusión de que el máster, siendo oficial como lo es, era un resumen o síntesis de los cuatro años de la carrera de Publicidad. ¿Un plano americano? ¿Cómo está estructurada una agencia de publicidad? ¿Qué es un briefing? Son clases interesantes, lo fueron cuando yo las estudié, y lo son para estudiantes de primero de carrera. ¿Para un máster? Rotundamente no.

Por lo que, tras este escueto análisis mis dudas continúan y aumentan cada día. No me siento lo suficientemente hipócrita para convencer a nadie de que vale la pena realizar un estudio de postgrado por la rama humanística y social, porque mi experiencia no lo avala, y dado que soy una persona sin abuela, diré que mi opinión es 100% fiable, además de contrastable. No obstante, además de lo maravilloso de toda esta odisea barcelonesa a nivel personal, cuento en mi currículum con una nueva práctica profesional que ahí redactadita con una prosa formal queda de lujo, y en el apartado de formación que conste que soy una profesional con máster. Sólo me ha costado todo unos 5.000 euros, por redondear.

— Colaboración de Juliana Rodríguez de los Ríos.

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Por lo general, gente con mucho tiempo libre y sin nada mejor que hacer que llenar de rica cultura vuestras cabezas escribiendo en MLI. Eso que os lleváis.

5 Responses to De querer comerse el mundo a comerse los mocos: carta abierta de una estudiante de máster

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  3. David says:

    Antes de matricularse en un Máster conviene mirarse muy bien el plan de estudios. Es más, la programación del estudio de un Máster debería hacerse al menos con un año de antelación. No tiene mucho sentido percatarse al comienzo del curso que en el Máster en que nos acabos de matricular no hay tal o cual asignatura. Para entonces ya deberíamos saber:

    1. El plan de estudios del Máster.

    2. Qué asignaturas vamos a cursar exactamente, así como la manera en que seremos evaluados.

    3. Qué bibliografía vamos a tener que consultar.

    Y por supuesto, convendría que fuésemos realistas: si somos graduados en humanidades, es mejor que no nos matriculemos en un máster en Ingeniería Aeroespacial. Creo que cada uno debería ser consciente de sus capacidades y limitaciones.

    En definitiva, Internet debería usarse para algo más que para chatear y perder el tiempo en las redes “sociales”. Antes de matricularse de nada, conviene informarse muy bien y con mucho tiempo de antelación.

    Saludos cordiales.

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