Juan Ignacio Pérez: “Hay sectores sociales que por ideología mantienen espacios de irracionalidad”

Published On 04/06/2013 | By Jon Gurutz Arranz Izquierdo | Divulgación, Entrevista

Doctor en Biología y Catedrático de Fisiología Animal, Juan Ignacio Pérez Iglesias ha permanecido vinculado desde sus inicios a la gestión académica. Primero como Director de Departamento y vicedecano, y después como vicerrector de Euskera. Elegido en el 2004 Rector de la Universidad del País Vasco, frente al también catedrático de su Facultad Iñaki Antigüedad, en un centro universitario que encarnaba en sus aulas y despachos el “choque entre los espíritus de Ermua y de Lizarra”, que arrastraba un déficit acumulado de 32,7 millones y que con sus siete candidatos dejaba entrever la fractura de la comunidad universitaria. Impulsor de la adaptación al EEES y la renovación de un Campus que se caía a trozos, hasta sus detractores reconocen como sus principales méritos el haber conseguido una financiación estable con el I Plan Universitario, el saneamiento de las cuentas y la paz entre las distintas sensibilidades políticas. Abandonó el rectorado en 2008 con un déficit de 3,3 millones, sustituyéndole en el cargo su entonces Vicerrector de Bizkaia, Iñaki Goirizelaia, actualmente en el cargo.

En la actualidad, retirado de la primera línea de la política universitaria, centra gran parte de las horas que no dedica a dar clase en impulsar el diálogo entre la sociedad y la ciencia como coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU. Es gracias a esto por lo que los principales actos de divulgación científica de los últimos años se han podido llevar a cabo. Además de numerosos artículos científicos, ha publicado libros, ha sido asesor científico en programas como Escépticos y mantiene múltiples blogs: Amazings/Naukas (colectivo), Animaladas, Uhandreak, La naturaleza humana y, sobre política, en … un tal Pérez.

Desde el mirador privilegiado en el Bizkaia Aretoa, frente a La Comercial y entre la nueva torre de Iberdrola y la Biblioteca de Deusto, con el Museo Guggenheim de fondo, Juan Ignacio Pérez disecciona para “¡Muera la Inteligencia!” los pormenores de su charla Evolución y cultura humana, dentro del evento El universo en un día, y muchos otros temas que nos atañen a toda la especie.

EL ORIGEN EVOLUTIVO DE LA CULTURA HUMANA

Pregunta. No son pocos los que argumentan que la evolución, entendida como los cambios hereditarios que sufre una población a través de la selección natural para asegurarse la supervivencia, se ha detenido. ¿Es eso cierto?

Respuesta. La gente tiende a pensar, hay muchos que lo dicen, que somos una especie que ha dejado de evolucionar por la cultura. Porque nos protegemos del frío y entonces no necesitamos ninguna adaptación específica para ello; con el calor ocurriría lo mismo. O que los médicos nos curan y por lo tanto podemos relajar la presión sobre nuestro sistema inmune… Todo esto no es verdad. No es verdad. Porque lo que estamos haciendo con la cultura, que efectivamente es un elemento fundamental, no es eliminar presiones selectivas, sino modificarlas. Es cierto que eliminamos ciertas presiones, pero hacemos que surjan nuevas.

Y esto es un aspecto de la cuestión que no se había tenido en cuenta hasta hace relativamente poco tiempo. Desde hace dos o tres décadas, que aparecieron los primeros indicios, y en esta década que ya se está desarrollando el asunto con verdadera dedicación e interés. A mí esto me interesa mucho. Llevo ya cuatro años escribiendo el blog La naturaleza humana, y ahí hablo de todo lo que tiene que ver con los seres humanos. Y últimamente, estoy leyendo cosas que me han suscitado mucho interés que versan sobre el papel que está jugando la cultura en la evolución de la especie.

P. Durante el s. XX, a raíz del nacimiento de la primatología, en las universidades norteamericanas se entendió el estudio de la cultura desde un punto de visto etológico. Pese a que los defensores a ultranza de la definición clásica de cultura de Tylor aún hoy no la compartan. ¿Cree que la cultura puede estudiarse desde un punto evolutivo como un comportamiento social más?

R. Depende de cómo definas el término cultura. Para mi exposición en el El universo en un día, lo defino como: “Esa información, que no se transmite genéticamente, sino que lo hace por aprendizaje o imitación y que incide en nuestras vidas”. Claro, esto es una definición muy vaga. Esto no es una ópera de Wagner o un cuadro de Matisse. Esto es algo mucho más general y que abarca muchísimas más cosas. Por eso dentro de esa definición de cultura entra todo lo que se refiere a las prácticas productivas: agricultura, ganadería, tecnología, etc. Y, efectivamente, es una construcción humana. En tanto que humana, es social, porque somos una especie social; pero también, y esto a mí parece muy importante, es el producto de la evolución.

P. De modo que, ¿la cultura es el producto de la adaptación de la especie humana a su entorno?

R. La cultura, según lo que opinan los que han investigado la interacción entre genética y cultura, en la especie humana surge como una herramienta de adaptación a un entorno muy variable e impredecible. Por lo menos, en lo que respecta a los rasgos culturales más potentes. La razón de esto es la siguiente: adaptarse a un entorno muy variable mediante cambios genéticos no es posible, porque la genética requiere tiempos muy largos; por lo tanto, la única manera de poderte adaptar en un entorno muy variable es disponer de herramientas culturales. Entendiendo la herramienta cultural como la información que puedes aprender, transmitir y utilizar en tu propio beneficio. En todo esto hay una consideración importante: los seres humanos no nos podemos permitir el lujo de evaluar todos y cada uno de los elementos de información que recibimos, es demasiado costoso. Por lo que recurrimos a trucos sencillos [en inglés se llaman heuristics], que nos permiten adquirir esa información y utilizarla, normalmente, en nuestro beneficio. Al respecto, por ejemplo, son muy valiosos dos tipos de sesgos: el de conformidad y el de prestigio. En virtud del primero, ante la duda, haces lo que hace tu grupo y, del segundo, hace que imites al que tiene éxito. La lógica subyacente a esto último es que repites lo que ha hecho otro antes porque si a él le ha ido bien y ha tenido éxito, a ti también te podrá ir bien. Y mediante el de conformidad, refuerzas la identidad del grupo, porque normalmente éste se equivoca menos que uno por su cuenta y riesgo. Estas dos cosas son evidentes en los adolescentes, por ejemplo, que es cuando están aprendiendo: todos se visten igual o repiten patrones de comportamiento. Son referencias de aprendizaje, para estos heurísticos sencillos, que son buenas en un contexto muy variable ambientalmente porque no nos obligan a evaluar toda la información que recibimos y de esta manera también transmitimos información útil.

Pero tienen un problema: en algunas ocasiones transmitimos información maladaptativa. Hay veces en las que resulta mal adaptativo transmitir determinadas ideas, valores o conceptos, por lo que, desde el punto de vista darwiniano, hay ocasiones en las que el modo de selección cultural funciona de forma “errónea”. Esto es muy importante enfatizarlo: desde el punto de vista darwiniano, no desde otro. En todo caso, estamos hablando de un producto, la cultura humana, que es el resultado de nuestra evolución biológica. Y aquí se llega a una especie de contradicción: la evolución biológica desde el principio nos proporciona esa potencia para reproducimos, generar muchas copias de nuestro genoma, pero luego se pueden producir este tipo de efectos colaterales maladaptativos que pueden tener consecuencias negativas desde ese punto de vista.

P. ¿Qué retos son aquellos que tiene que sortear un grupo para adaptarse a su entorno?

R. Me refiero a un entorno especialmente variable, que puede serlo por sí mismo, o porque nos expandimos por todo el planeta. Claro, una cosa es que tú estés en África y puedas soportar el cambio meteorológico estacional; y otra cosa, muy distinta, es que como grupo humano decidas moverte a los polos, por ejemplo. Eso es enfrentarte a un cambio muy rápido en condiciones ambientales; y esta vez lo has buscado tú. El inuit que está en el Polo Norte vive ahí por una decisión que han ido tomando los individuos de ese linaje, porque han querido ir a vivir a un sitio en el que, de entrada, la especie humana no debería estar. Un inuit no podría vivir donde vive si no fuera por sus adquisiciones de naturaleza cultural.

P. En recientes estudios o investigaciones se está dejando claro que ciertas características culturales que creíamos únicas de la especie humana también están otras especies de animales.

R. La cultura no es patrimonio exclusivo de la especie humana. Hay muchas especies animales que tienen cultura. Los pájaros cantores, los del suborden Passeri u oscinastienen lenguaje y se comunican, cometen errores y aprenden, las lenguas evolucionan y se subdividen con facilidad. Ése es el sistema cultural animal más estudiado, pero las orcas también tienen cultura, también los cachalotes y, en general, los grandes cetáceos. Digo que tienen cultura porque se transmiten información que les resulta útil, y que esto no se hace genéticamente. Por ejemplo, es espectacular encontrarse con una familia de orcas y ver cómo al “alimón” todas ellas provocan que una placa de hielo se incline y que la foca que está encima caiga al agua; y, entonces, va la orca, coge a la foca, y la vuelve a poner encima de la placa para volver a empezar y así enseñar a las crías a tirar a las focas de la placa. Eso es cultura. Desde el punto de vista de un biólogo, eso se entiende por cultura. ¿En qué se diferencia la de la especie humana de las demás? Probablemente tenemos el sistema cultural más complejo y potente que hay. Es por esto que sus efectos sobre la propia evolución de la especie pueden ser espectaculares.

P. ¿Se trata entonces de algo más cuantitativo que cualitativo cuando nos referimos a la cultura humana?

R. La frontera es muy difícil de determinar. ¿A partir de qué momento es cualitativo el cambio? Eso es arbitrario. Somos diferentes. En lo esencial tenemos muchísimos rasgos del resto de primates, aunque nuestra prosocialidad está mucho más desarrollada. En primates no humanos sí que hay altruismo y prosocialidad, pero tiene poco que ver con lo de la especie humana.

En nuestro caso, y probablemente esto también sea uno de esos efectos colaterales de carácter cultural: ¿es natural que yo ayude a mi hijo? Por supuesto, eso lo hace cualquier especie; ¿es natural que ayude a mi primo? Sí, también, casi cualquier especie; ¿es natural que ayude al vecino? Ya no está tan claro, si empiezas a pensar en términos de selección de grupo, quizá sí. Pero, ¿es natural que yo ayude a un chino?

P. En ese caso, desde el punto de vista evolucionista, ¿a qué responde esta gran prosocialidad?

R. Creo que la prosocialidad, como rasgo general, nos ha sido muy útil en la evolución de la especie. Se ha seleccionado este tipo de comportamientos porque nos ha venido muy bien. Pero sencillamente, en nuestro “programa de especie”, vamos a llamarlo así, no estaba que nos fuéramos a encontrar con un chino. Probablemente, al hacer uso de las herramientas que hemos desarrollado para trabajar y colaborar con grupos más o menos próximos, cuando somos capaces de racionalizar, que en los grupos lejanos no hay amenaza, podemos poner al servicio de la relación con esos grupos las mismas herramientas que había desarrollado la especie para los grupos más cercanos.  Creo que tiene que ser algo así.

P. ¿Cree que en ese sentido, en lo de la cooperación, vamos a seguir mejorando? ¿Los beneficios que obtenemos de racionalizar la colaboración con otros grupos son obvios?

R. No tengo la más mínima duda. Bueno, salvo que se produzca una crisis de recursos, en cuyo caso haya que pelearse fieramente por ellos. La historia de la especie humana es una historia que tiende a mejorar. Esto para mí es una evidencia palmaria. También en este terreno. El número de muertos en conflictos violentos a lo largo de la historia no ha dejado de descender en términos relativos, e incluso hoy ha descendido, en los últimos años, en números absolutos. Eso es una evidencia. Hay mucha gente que no lo quiere aceptar, pero bueno.

P. Muchos están atacando a Pinker precisamente por eso.

R. Sí, lo sé. Creo que Pinker en eso, como en tantas otras muchas cosas, tiene razón. Hay gente que le ataca también porque siendo psicólogo, ¿dónde se mete él a hablar de guerras…? Él sabe lo que hace.

P. Entonces, ¿la relación entre ciencia y democracia sigue siendo clara?

R. Sí, por supuesto, no tengo la más mínima duda.

Dignísimo Señor Juan Ignacio Pérez, vol. II

LA DIVULGACIÓN CIENTÍFICA
Y LOS ENEMIGOS DE LA RACIONALIDAD

P. Hace más de 150 años que Darwin formuló la teoría de la evolución y a pesar de ello aún tenemos creacionistas y defensores de la tierra joven. ¿Cómo es posible esto siga ocurriendo?

R. Que haya posturas opuestas a Darwin es una cosa que pues, en fin, bueno… Cada vez hay menos, no pasa nada.

P. Y respecto a lo que ha pasado en la UPV/EHU, con el profesor de matemáticas que defendió en su libro la tesis geocentrista y acerca de la teoría de la tierra joven, ¿qué debe hacer una institución como la UPV/EHU ante estos casos?

R. La universidad debe actuar como actuó. Los departamentos del campo al que se refería la cuestión que trataba este hombre, le desmintieron. Hubo quienes demandaron la implicación del rectorado, lo que para mí hubiera sido un gran error. No lo hizo y no lo debería hacer, porque el rector es una autoridad “política”, no académica. Y estas figuras políticas no deben pronunciarse en cuestiones de índole académica; eso tienen que hacerlo los académicos. Y son ellos los que deben desautorizarlo. Para mí eso es fundamental. El profesor en cuestión era de matemáticas, no de física; que, por cierto, de haberlo sido, tendríamos que plantearnos seriamente quién le había dado venia docenci en un campo en el que la ciencia ha determinado con absoluta claridad que la tierra no es el centro del universo. Pero no fue el caso, él es matemático y escribió el libro por su cuenta, lo que habrá que hacer es evaluar si en su campo da bien sus clases o no.

Hace poco también ha habido cierto revuelo por la organización de unos cursos, y de nuevo mucho ruido con eso… Esto es una cosa que desde fuera es muy difícil de entender, pero es que la universidad no dispone de herramientas para poder instruir a cada uno de sus empleados que controlan el tablón de anuncios para decirles qué charla es “buena” y “mala”. Eso es una pretensión absurda desde todo punto de vista. Me parece que también en este tipo de polémica hay, por parte de algunos, cierto deseo de escarnio de la universidad pública.

La universidad pública es una organización abierta y, por eso, muy permeable y muy débil ante este tipo de situaciones. Los que critican esas actuaciones no suelen citar que, en esa misma institución, hay una Cátedra de cultura Científica que está haciendo lo único que se puede hacer para combatir ese pensamiento irracional. Que son excepciones, no son la norma.

P. ¿Cómo se siente cuando desde ciertos sectores o movimientos sociales, como pueden ser grupos feministas o profesores universitarios, le atacan y acusan de “biologicista determinista o cientificista” cuando dice algo tan básico como que la pasión tiene una fuerte raíz biológica? Esto es, que todo comportamiento humano es analizable científicamente.

R. Esto tiene una respuesta muy sencilla. A lo largo de la historia, la ciencia ha ido sustituyendo a la religión como herramienta para entender y conocer el mundo. Cada vez son más los espacios en los que la ciencia tiene mucho que decir y, en algunos otros, todo que decir; y otras cosas, como la religión, tienen cada vez menos. No soy especialmente beligerante con la religión, creo que tiene una razón de existir y tengo mucho respeto a las personas que tienen esas creencias. Simplemente, lo que no le concedo a la religión es una capacidad interpretativa del mundo.

Históricamente la religión ha tenido una utilidad clara y, en algunos momentos, incluso extraordinaria. En concreto, hay gente que en la religión ha encontrado una fuente de tranquilidad respecto a su propia existencia y su destino. El no saber lo que va a ser de uno, o pensar que de uno no va a ser nada, a mucha gente le crea desasosiego. Otro elemento fundamental es que las religiones han servido para establecer comportamientos precisamente prosociales y pautas morales, que al final ayudan al grupo. Pero llega un momento en el que este tipo de normas son, no necesariamente maladaptativas, pero sí innecesarias. Reivindico una ética ajena a la religión y absolutamente civil. Es posible y válida. No necesito una base religiosa para ser una persona ética porque creo que es una característica de la especie.

Ocurre, volviendo a la pregunta, que hay sectores sociales que por razones tan ideológicas como las religiosas, o más, pretenden mantener espacios de irracionalidad en el análisis del mundo. Hay determinados movimientos, ligados a lo que conocemos como pensamiento posmoderno, que de alguna forma están sustituyendo esas fuentes de irracionalidad por otras. Es un rechazo a la capacidad de la ciencia para explicar y entender el mundo.

P. ¿Por qué este estilo de movimientos están tan exentos de crítica?

R. Son cosas características de la izquierda, porque está inmunizada y parece que tiene una venia por parte de ciertos entornos intelectuales. Esto es absolutamente una cuestión muy ideológica. La izquierda en Europa, en ese sentido, va por mal camino.

P.  La pregunta obvia: ¿por qué son tan reacios a la ciencia?

R. Esto requiere un poco más de desarrollo, pero por simplificar: suelo decir que la culpa la tiene Rousseau. Él es el ideólogo de tres ideas que me parecen muy peligrosas y que, en cierto modo, van unidas: una es la del poder de la educación, otra la de la voluntad general y, la tercera, su reivindicación de la irracionalidad; esta última constituye el primer ataque a la Ilustración y es el antecedente del movimiento romántico. Esos sectores a los que aludes creen que la educación no es una simple herramienta de instrucción, sino de adoctrinamiento; de ahormar conciencias, no de educar.

El extremo patológico más violento que ha existido de esta postura es la experiencia camboyana de los Khemeres Rojos. El problema con la noción de la voluntad general se produce cuando, como ocurrió durante el Terror en la Francia revolucionaria, alguien se erige en intérprete de la misma y se coloca por encima de los procedimientos de la democracia. Están relacionados: la génesis de la irracionalidad es la misma y se manifiesta en ambos terrenos. Hay una corriente de pensamiento que comparte estos elementos desde Rousseau y que llega hasta el posmodernismo actual. Y es muy del gusto de cierta izquierda. No puedo articularlo de una forma más precisa, pero es como lo veo.

P. Siguiendo con el tema educativo, ya tenemos el borrador de la LOMCE y tras el informe del comité de sabios de Wert parece que amenaza una nueva reforma universitaria, ¿no cree que justo cuando hemos terminado el proceso de verificación de los nuevos grados  es un poco apresurado comenzar otra reforma?

R. Sí, y sobre todo porque, por lo que he visto de esa reforma, han cometido uno de los grandes problemas que ha ocurrido siempre con la universidad: todos dicen que está sobre-regulada, y no se les ocurre otra cosa que meter nuevas normas. Es el fenómeno de la inflación normativa, que es uno de los males de nuestro tiempo, que afecta con especial virulencia a la universidad. Cuando hemos diagnosticado que uno de los problemas de la universidad es el exceso de normativa, pues no se les ocurre que meter más. Todo lo que no sea quitar norma, y así se lo dije a uno de los miembros que han participado en la ponencia, para mí es un grandísimo error.

P. ¿Comparte la afirmación de Félix Goñi acerca de que uno de los grandes males de la universidad es el gobierno asambleario?

R. Sí, en parte sí la comparto. Pero no es el único problema, hay más: como el exceso de normas y la poca definición de los valores a preservar. El no tener claro para quién trabajamos o qué es lo que tenemos que conseguir.

Dignísimo Señor Juan Ignacio Pérez, vol. III

P. Al entrevistar a Pedro Miguel de Etxenike le preguntó por el relativismo y el cientificismo, ¿cuál es su postura al respecto? ¿Está ya superada la idea de los dos magisterios, esa falsa equivalencia entre saberes, que durante tanto tiempo se impuso: el conocimiento científico explica el qué y el cómo, y lo religioso su significado? En la entrevista a César Tomé, él directamente argumentó que el conocimiento es científico, o no es.

R. Yo de religión no hablo [risas]. Salvo hace un rato que lo he hecho. En relación con la religión, suelo decir que yo no la necesito. Con esto quiero decir que no la necesito ni para entender el mundo, ni para dotarme de un código moral, que para mí son las dos esferas que aporta una religión. Tampoco tengo una especial ansia de trascendencia. No necesito nada de eso, y como no lo necesito no recurro a ello. Pero como le dije a César el otro día, la ciencia no puede demostrar que dios no existe.

Y si no lo necesito, ¡qué más me da!, ¿para qué lo quiero? Por eso, yo no me defino como ateo, sino como materialista. Porque al que se define como “ateo” se le asigna una ausencia, una falta. Y eso no es así, a mí no me falta nada. El problema, de tenerlo, lo tiene quien necesita una entidad sobrenatural. Yo no la necesito. Mi mundo es, en cierto modo, más sencillo y mucho más interesante. Claro, si interviene una entidad sobrenatural entonces ya no tengo que ingeniar ningún mecanismo complicado. En cambio, de esta otra manera, sí, tengo que pensar, hay muchos más interrogantes y es todo más bonito.

P. ¿Podría haber existido este movimiento de divulgación, Amazings/Naukas o la Cátedra de Cultura Científica y eventos como El universo en un día, hace diez años?

R. La posibilidad teórica habría existido, pero habría sido difícil que ocurriera en la práctica. Ha habido mucha suerte. Se ha juntado un proyecto universitario que era bonito, la Cátedra de Cultura Científica, con  una institución que ha estado dispuesta a poner el dinero, la Diputación Foral de Vizcaya, y con una universidad, la del País Vasco, a la que le ha parecido muy buena idea ir por ese camino. Y luego apareció Amazings [ahora Naukas] y la colaboración, importantísima, de EITB.  Esto no suele ocurrir, que confluyan estas posturas.

Lo que suelo decir: valorémosla y aprovechémosla mientras dura porque nada es eterno. Antes o después… [silencio].

MLI

Entrevista realizada con la ayuda de Adrian Hugo Llorente. Fotografía: Manuel Moreno Carral.

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About The Author

Empecé como chico de los recados para Oreka Komunikazioa y miembro del Ala Dura, sector Pito-Jai, del Euskal Kultur Mintegia; luego, hice esquelas preciosísimas en el DA (entrad, ¡que cada día hay nuevas!); después, en El País, aprendí que ser periodista es discutir mucho y muy fuerte con tu jefe; al final, me licencié en Humanidades y Comunicación (HUCO) en Deusto y, al ver que lo mío no era nada de todo eso, acabé en la UPV/EHU estudiando Antropología Social. Además, gracias a mi inglés “Hi! I’m Big Muzzy!” colaboro en Mapping Ignorance. También he trabajado en los Cursos de Verano de la UPV/EHU. Soy una persona de poca fortuna genética y un desecho vital. Por favor, no me miréis, me provoca miedito y consternación.

4 Responses to Juan Ignacio Pérez: “Hay sectores sociales que por ideología mantienen espacios de irracionalidad”

  1. Muy completa e interesante entrevista.

    El tema de la presión selectiva mediante cultura es un tema muy interesante que pienso desde hace tiempo (por lo que me alegra saber que ahora se puede respaldar con estudios). También no solo la cultura sino como muchas veces escribe Juan Ignacio en su blog, la capacidad de adquirir recursos como factor a la hora de elegir cónyuge, que según creo, en la sociedad actual esta determinado directa o indirectamente por el estatus económico del individuo.

    El hecho de que los factores de presión selectiva hayan variado respecto a otras especies hace que me surjan algunas preguntas:
    -Por una parte, entiendo que actualmente a la hora de que los individuos escojan pareja (desde el punto de vista reproductivo, que es el que a fin de cuentas determina que pools genéticos se perpetuaran), son relevantes por un lado los factores de tipo genético (capacidades fisicas -atractivo, rendimiento- e intelectuales) y por otro los factores culturales (educacion, status social, economico, etc). Esto lleva a que las personas con hijos (sean muchos o pocos) están legando no solo su pool genetico sino tambien el “memetico”: Su educación, sus valores y su status social. Es otro tema de discusión si la educación dada por los padres a sus hijos determinara los memes que estos a su vez pasaran a su futura descendencia, pero doy por hecho (aunque tal vez me equivoque) que en un numero importante de casos, si que es influyente, y que con las variaciones necesarias, el legado cultural tiende a perpetuarse (aunque sea mucho mas variable en periodos cortos de tiempo que el biológico, que requiere muchos mas años).

    La duda que me surge es si estos memes (cultura), que por presión selectiva de nuestra sociedad se perpetuaran son los óptimos realmente, desde el punto de vista de supervivencia de la especie o si en el largo plazo (biologicamente hablando) podrían ser contraproducentes.
    Me explico mejor con un escenario hipotético. Se que un único caso es totalmente irrelevante en términos evolutivos, pero lo uso como ejemplo para formular mi pregunta.
    Supongamos (y siento usar religión como ejemplo, por favor que nadie entienda esto como prejuicios) un caso de una estructura poligamica. El primer caso que se me viene a la mente es el “tópico” de un jeque del petroleo: Multitud de hijos con muchas mujeres distintas y un poder adquisitivo realmente alto, con ademas gran influencia social.
    No solo hay una herencia genética amplia en un caso así (en comparación con parejas con un único hijo o ninguno) sino también unos memes muy marcados. Pienso que su éxito reproductivo viene determinado principalmente por su capacidad para adquirir recursos por factores sociales mas que por factores genéticos. La presión selectiva de tipo cultural en este caso no afecta a un pool genetico que tal vez no sea el optimo desde el punto de vista físico ni intelectual.

    Mi duda es si a lo largo de muchísimas generaciones esto podría conducir a nuestro declive como especie. Si en un escenario futuro los criterios que ahora nuestra sociedad utiliza para reproducirse (cultura, dinero…) dejan de ser validos en un futuro, ¿La selección que habríamos realizado durante generaciones basada en esos factores podría tener consecuencias negativas? Se que es imposible predecir lo que ocurrirá, pero si le doy vueltas no tengo claro si en el muy largo plazo la especie podría llegar al aspecto de evolucionar negativamente desde el punto de vista físico e intelectual por darse prioridad en la reproducción a otras cuestiones, aun cuando esa evolución negativa si que terminaría por repercutir en nuestra cultura, pues nuestra cultura depende de nuestra inteligencia. Tampoco se si podría darse el caso de que en el supuesto de que toda esta fantasmada que acabo de montarme se cumpliera, simplemente los factores de presión selectiva variaran y simplemente volviera a darse relevancia a las cualidades biológicas y no economicas.
    O igual acabamos todos convertidos en BORGs, quien sabe =D

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