No es un juego de niños

Published On 09/05/2013 | By Maje M. S. | Reportaje

Tal vez parezca una obviedad afirmar que el acoso escolar no se trata de un juego entre niños. La fundación de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo (ANAR) ha publicado en abril de 2013 un informe con datos acerca del maltrato contra niños. De 1778 niños, un 15,5% sufren de acoso en el ámbito escolar, llamado también por su término anglosajón bullying.

Al pensar de forma genérica en estos dos términos asociados (menor de edad y acoso), las conclusiones pueden llevar hasta aquel drama que tiene lugar en el núcleo familiar: padre/madre violento que no solo se ensaña con su pareja, sino que, además, le zurra también a los críos. Una búsqueda por Google nos puede llevar a la misma idea. En el archivo de enlaces de la web de El País, por poner un caso, tiene 15 entradas en 2013 que incluyen el término “acoso”. Varios de ellos se refieren al ámbito familiar. Las noticias sobre el bullying hablan, por ejemplo, de un colegio catalán que tiene que indemnizar a la familia de un chaval con 30.000 euros por una sentencia presentada en 2010. La primera entrada es una carta al director. 

Los medios de comunicación suelen sacar alguna noticia de sucesos graves ocurridos como consecuencia de conflictos entre alumnos en centros educativos. Por “suerte”, en España, aquellos que acaban en suicidio son los menos. Y “suerte” entre comillas, porque semejante trance no deja sino, en el mejor de los casos, leves secuelas en la personalidad del futuro adulto.

Una de las víctimas mortales del pasado año fue una joven ecuatoriana, residente en Ciudad Real, el pasado mes de noviembre. Perdió la vida en el hospital, después de haber sido ingresada al intentar quitarse la vida. El consejero de Educación afirmaba, entonces, que se investigarían las circunstancias para depurar responsabilidades “si las hubiera”.

Y he ahí donde radica gran parte de la problemática del acoso en los centros escolares. Se ve como si fuese una cosa entre niños, un conflicto menor, algo sobre lo que profesores, padres y directores de los centros no tuviesen ningún tipo de responsabilidad (por no decir culpa). Se gira la cara ante una realidad difícil de mirar de frente.

Incluso entre los propios chavales la situación es complicada. Lo normal es que, ante una agresión, el resto prefieran callarse ante la posibilidad de que ellos se transformen en la siguiente víctima. Esto deja al agredido en una situación de absoluto desamparo. Los profesores no hacen nada por evitar que le peguen (en el “mejor” de los casos, cuando se trata de agresiones psicológicas, el daño es mayor y más difícil de localizar a simple vista). Sus compañeros no le defienden, puede que incluso algunos se sumen al bando agresor. Al fin al cabo, un instituto se rige un poco por la ley de la jungla: o comes o eres comido.

Para los alumnos que sufren de acoso escolar cada jornada lectiva es una tortura. La tensión, el miedo y la inseguridad son parte de su día a día. Cuando, además, el bullying se manifiesta a través de acoso psicológico, el resultado puede llegar a ser trágico. Los datos sobre cuántos suicidios de menores de edad se deben a estas causas son difusos. Cualquier dato sobre suicidios, de por sí, se encuentra difícilmente. Las últimas cifras son de 2006: un total de 41 suicidios de adolescentes entre 13 y 19 años. No se recogen las causas de los mismos. Sin embargo, la cifra, aunque lejana en el tiempo, resulta escalofriante. Más de cuatro decenas de personas, prácticamente unos niños, encontraron problemas en su vida diaria de tal índole como para decidir quitarse la vida.

Falta concienciación. En cada hogar, cada instituto, cada aula. En cada uno de nosotros, al fin y al cabo. No por haber dejado atrás la edad del pavo somos más ajenos a esta realidad. Incluso algunos, a lo mejor, aún tengan secuelas de un trato similar en el instituto. Tal vez hayan perdido a alguien. Por un momento, pensemos en el sufrimiento por el que ha de pasar una víctima hasta decidir que la única solución es quitarse la vida.

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About The Author

Estudiante de Periodismo. Cuando me quedo sin palabras, intento expresarme con fotografías. Desastre y curiosa por naturaleza.

8 Responses to No es un juego de niños

  1. Y sin olvidar que ahora gracias a Internet –y en especial las redes sociales– el bullying no termina en el colegio. Hoy en día para un niño resulta muy dificil evadirse del maltrato colectivo que sufre por parte de sus compañeros.

    El bullying es una cuestión muy complicada. Es una presión horrible para un niño, a quien sólo le quedan tres alternativas: 1) padecerlo con resignación, 2) suicidarse o 3) adaptarse de forma que evolucione en un sentido en el que sus compañeros ya no le perciban como un sujeto “merecedor” de maltrato. Conozco ejemplos de los tres casos.

    • Maje M. S. says:

      Cierto. El problema abre horizontes con Internet hasta niveles insospechados hasta ahora. El acoso puede perseguir al crío hasta dentro de su propia casa, y evitar que este tenga un sitio de paz. Todo con algo tan diminuto como un teléfono móvil.

      Es complicado. Además, en el primer y el tercer caso que dices, las secuelas son casi inevitables. En el segundo, una tragedia para su familia.

      Recomiendo este corto, que no he metido en el texto por ser demasiado lacrimógeno: http://www.youtube.com/watch?v=Vi0AZ-DI9OU

    • Daniel says:

      No me seas, la cuarta opción sería una intervención por parte del centro educativo. Los maestros y pedagogos deben intervenir para prevenir y erradicar estas situaciones.

      • Maje M. S. says:

        Si no son capaces de detectar las situaciones, complicado lo tienen desde los centros para intervenir de algún modo. De hecho, hay ocasiones en las que lo saben y no hacen nada. La concienciación debería empezar por ellos, por los adultos. Padres, profesores, pedagogos.

  2. Laura López Gutiérrez says:

    En mi opinión, creo que el problema es aún mayor. ¿Por qué un niño se convierte en agresor de otro? ¿Cómo se lleva a cabo dicha transición?
    Es triste que muchos padres deleguen el total de la educación de sus hijos a los centros educativos, cuando estos son completamente incapaces de suplir la educación familiar necesaria.
    El único modo posible que veo de solucionar los casos de acoso escolar, violencia familiar, abusos, etc. , es aportando a las nuevas generaciones el apoyo y la educación que necesitan y se merecen. “Resetear la sociedad no es fácil ni rápido, pero probablemente sea lo único que funcione.

    • Maje M. S. says:

      Y también si el comportamiento de esos años determinará un futuro agresor (en el ámbito familiar, por ejemplo).

      Es un problema tan sumamente amplio y grave y, al mismo tiempo, tan tabú…

      Yo no veo mucha esperanza para arreglarlo. Como decía Taig, Internet eleva el ámbito de acoso hasta límites insospechados. ¿Cómo se puede controlar eso?

  3. Iñaki says:

    Es muy difícil todo esto. Aunque igual que otras muchas cosas a las que sí se les busca solución. Voy a permitirme decir una barbaridad (para según quién lo lea): nos horrorizamos cuando se habla de violencia de género, o no digo ya de terrorismo, y en cambio esta violencia es prácticamente habitual en las aulas a edades tempranas (y no tan tempranas).

    Hace falta más concienciación social y más ganas de querer mejorar la Educación en todos los sentidos. Pero eso, que hay que querer, y ni siquiera las familias tienen claro de qué va este tema ni están dispuestas a admitir que “su nene” pueda no ser precisamente un angelito.

    Buen post. Buen estreno, Maje.

    • Maje M. S. says:

      Es más que probable (aunque hablo sin datos en la mano) que los casos de agresores a edades tempranas se transformen, en el futuro, en agresores adultos. Ya sea en el ámbito de la violencia de género, a los hijos incluso… Pero es un tema tabú. No sé si por pereza de tratar el tema, que se vea como cosa de niños, como algo que ha habido desde que el mundo es mundo. Me preocupa, también, como se trata a la figura del “matón” en algunas ficciones (televisivas, seriales o cinematográficas, principalmente), asociándolo a la popularidad, mientras que el acosado (el friki, el feo, el del aparato de dientes) va unido, irremediablemente, a características negativas y de rechazo.

      Ojalá no haya que lamentar muchas más muertes por casos así hasta que se solucione.

      Gracias, Iñaki. Quería estrenarme hablando de algo serio =)

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