No se puede borrar

Published On 05/05/2013 | By Laura López Gutiérrez | Divulgación, Opinión

Considero oportuno, en primer lugar, matizar que violación, agresión sexual y abuso sexual no son sinónimos, sino que integran distintos tipos delictivos. En las tres figuras se ataca a la libertad sexual del individuo, en el abuso a través de la confianza o superioridad sobre la víctima, en la agresión sexual utilizando la fuerza física y en la violación se incluye el acceso carnal.

Puede que por el papel de los medios, que son conscientes de lo que “vende” hoy en día, este tipo de delitos aparezcan a menudo en la televisión, dando así la sensación de que son algo muy habitual. Dicen los entendidos que no estamos ante un aumento de las cifras de comisión de estos delitos, sino que ahora las víctimas los denuncian más, aunque eso no ha acabado con la cifra negra (concepto sobre el que volveremos más adelante). Además, los estudios de los expertos establecen una prevalencia de los delitos sexuales, cifrada en torno al 1% del total de delitos en nuestro país. A modo ilustrativo, en 2011 se incoaron (es decir, se abrió investigación) 2.076.847 expedientes sobre delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico, mientras que tan sólo se abrieron 14.139 respecto a delitos contra la libertad sexual.

A pesar de estos datos, que al fin y al cabo la mayoría de la sociedad tiende a pensar que son muy superiores, los estudios criminológicos arrojan datos devastadores. Así, el 25% de las mujeres será víctima de uno de estos delitos a lo largo de su vida. Esto implica que una de cada cuatro mujeres, un cuarto de la sociedad femenina, será privada de su derecho a la libertad sexual. Con este dato, no quiero obviar a los hombres víctimas, que los hay, como también hay mujeres agresoras, aunque son una parte aún más escondida de este oculto problema.

Todos sabemos que en las películas siempre que alguien dice “no puede ir a peor”, las cosas sólo empeoran. Y ésta ocasión no iba a ser la excepción.

Así, no debemos hacernos una idea de estos agresores como “el típico loco que acecha en las esquinas” que la TV tanto nos ofrece, sino que cerca del 75% de las víctimas conocían a su agresor. También se habla mucho de la reincidencia de los delincuentes que ya han cumplido condena, pero no podemos caer en el amarillismo de la prensa, y debemos ser conscientes de que hay programas como el SAC o DIAS, que están dando muy buenos resultados. Aunque a pesar de ello, da que pensar el hecho de la gran partida presupuestaria que dedicamos a rehabilitar delincuentes sexuales, y que sin embargo, las víctimas de dichos delitos tengan que recurrir a entidades sin ánimo de lucro o sociedades privadas.

Aún más, hay una elevada tasa de agresiones a menores y discapacitados psíquicos, aunque en estos temas, mayor que cero siempre parecerá demasiado, actos como estos son incluso más deleznables cuando afectan a personitas llenas de inocencia y que no pueden defenderse. Como se desprende de un estudio de Save the children en España un 23% de niñas y un 15% de niños menores de 17 años, han sufrido un caso de abuso sexual; y de éstos, un 60% no han recibido ayuda.

Lo peor de estos abusos es que la mayoría tienen lugar en el seno de la familia, lo que provoca una gran confusión en los menores, así como una carga de culpabilidad en el momento en que son realmente conscientes con los años de lo que ha ocurrido. Debido a que muchos temen que al alzar la voz su familia no les crea, o les culpen de pretender romperla. Una muestra de las consecuencias de abusos continuados a menores y de la posible desconfianza en sus palabras por parte de los familiares cercanos del menor lo refleja muy bien la película No tengas miedo: “¿No te das cuenta de lo que dices no tienen ningún sentido, que son imaginaciones tuyas?”. Son las espeluznantes palabras que le dirije una madre a su hija.

La misma entidad sin ánimo de lucro, ha publicado recientemente otro informe sobre la actuación de la Justicia española ante los casos de abuso sexual infantil en el entorno familiar, que pone roja a la justicia española a la hora de su diligencia en la investigación de estos hechos.

La cifra negra que antes hemos comentado, responde al número de delitos que no son denunciados, y ésta, es aún más grande en los delitos contra la libertad sexual en el ámbito familiar. Los expertos consideran que se cometen cuatro veces más delitos sexuales que los que se denuncian. Es desde luego, una asignatura pendiente que le queda a España.

Para finalizar me gustaría que todos reflexionáramos sobre el silencio de las víctimas. El siguiente fragmento es del libro Pretty girl-13, de Liz Coley, y pone de manifiesto por qué alguien callaría algo tan importante como el hecho de ser víctima de un delito sexual.

Me quedé mirando por la ventana, en paz con mi decisión y con mi último secreto. Había demasiado en juego. Las vidas de demasiadas personas se derrumbarían si toda la verdad saliera a la luz.

Agradecimientos: a la profesora Gloria Casanova de la Universidad CEU Cardenal Herrera, pues me ha dado las razones necesarias para escribir este post.

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About The Author

Licenciada en Derecho por la UV, estudiante de Grado en Criminología por la UOC, estudiante del Máster de Sistema de Justicia Penal interuniversitario, por la UJI, UDL, UA y URV. Soñadora, bailarina, incorformista, protestona y con un definido, y defendido, concepto de Justicia.

2 Responses to No se puede borrar

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