Manhattan - Roger Schultz

Autopista hacia la bancarrota

Published On 26/04/2013 | By Joseba Egia Larrinaga | Economía, Opinión

En los últimos años, el derroche que la administración pública ha realizado es por todos sabido y, como resultado de esto, España es uno de los países europeos con mejores infraestructuras, pero a su vez con mayor deuda pública. Todas esas infraestructuras, muchas veces caprichos de los propios políticos, vamos a tener que pagarlas los ciudadanos.

En un principio, como vimos en aquel capítulo de Salvados (‘Cuando éramos ricos’), parece que a todos nos gusta que la autovía, el aeropuerto o el tren de alta velocidad lleguen a nuestra ciudad y, cómo no, los políticos han sabido sacar partido de ello publicitándose durante las pertinentes inauguraciones. La ventaja de la obra pública respecto a otras acciones políticas es que, en general, es difícil encontrar a quien se oponga y, además, solo puedes hacerlo el que gobierna.

Como argumento para la construcción de todas estas infraestructuras y obras faraónicas, hablaron de la importancia de su realización para el crecimiento del país y su avance. Pero muchas de ellas realmente no eran necesarias y en otros casos tampoco se realizaron estudios previos de evaluación económica o de evaluación de potencial de uso. Así, a día de hoy, nos encontramos con infraestructuras que no son rentables, poco útiles y que no sirven para impulsar la productividad. A todo esto hay que añadirle que durante esos años de derroche surgió una especie de competición de infraestructuras entre comunidades autónomas. ¿No hubiera sido más interesante haber invertido durante esos años en actividades con mayor repercusión en la económica?

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En cuanto al déficit, es evidente que las obras públicas no han sido las únicas culpables del estado de las cuentas públicas, pero sí una de las principales causas. Y como resultado nos quedan esas maravillosas infraestructuras construidas, de cuando “éramos ricos”, por pagar.

No obstante, el derroche no solo ha ocurrido en la construcción de infraestructuras: la existencia de organismos duplicados, los canales de televisión públicos no rentables, ciertas empresas públicas, etc.,  han supuesto también un gasto innecesario durante todos estos años, y aunque sea menos visual que un aeropuerto, no deja de ser un gasto inútil.

¿Haber derrochado tanto dinero es una causa o un agravante más de la crisis? 

El despilfarro de dinero público constituye un agravante de la crisis, pero no su causa directa. Como ya expliqué en mi anterior artículo, la crisis que vivimos es, en esencia, una crisis financiera, provocada por la especulación de las subprimes. No es una crisis de producción o energética, como lo fueron las ya clásicas crisis del capitalismo durante el siglo XX, sino que se trata de una crisis que se gesta en la especulación del sistema financiero, y acaba por afectar a toda la economía.

La salida habitual de una crisis ha sido, históricamente, incrementar el gasto público: la inversión estatal se convertía en el motor para revitalizar la actividad económica. Sin embargo, el excesivo endeudamiento con el que se encuentra la administración impide ahora esa salida. En las décadas de bonanza económica precedentes, se ha gastado demasiado dinero público en inversiones de dudosa utilidad, lo cual, llegado el momento de dificultades, ha acrecentado todavía más los efectos de la crisis.

Es decir, durante los años en los que la economía ha marchado bien, la administración no ha sabido orientar el gasto público con criterios de sostenibilidad, sino que se ha sumado a inflar todavía más la burbuja inmobiliaria. En España, la Ley del Suelo se ha utilizado como una herramienta funesta, en dos sentidos: por un lado, ha servido para justificar obras públicas faraónicas; y, por otro, ha facilitado la especulación privada. 

¿En qué debería gastar el Estado?

En España se acometieron demasiadas infraestructuras al mismo tiempo. Conviene no olvidar que, en el contexto europeo, España es el primer país en kilómetros de autopista, primero con más kilómetros de líneas ferroviarias de alta velocidad, cuenta con dos de los cinco puertos marítimos con mayor tráfico de mercancías de Europa, y tiene la mayor tasa de aeropuertos por habitante.

Sobre semejante proliferación de inversión en infraestructuras, pesa siempre la sospecha de una gestión pública orientada a ganarse la fidelidad de los votantes. Porque, en realidad, ¿quién iba a oponerse a tener un aeropuerto cerca de su casa, al que pudiera llegar por una autopista de varios carriles?

En cambio, frente a la abundante inversión en obras y hormigón, España es, por poner solo el ejemplo de la Sanidad, el país con menor número de camas de hospital por habitante de la Unión Europea. Durante demasiados años, se ha identificado el desarrollo social con la proliferación de unas infraestructuras que, en muchos casos, no se iban a llegar a utilizar. Es el caso de algunos de los 46 aeropuertos de los que dispone España.

Además, debe tenerse presente el elevado coste de mantenimiento de algunas infraestructuras, que debería llevar a abandonar aquellas que no son rentables ni necesarias.

 ¿Se debe invertir en nuevas infraestructuras o mejorar las existentes?

Airport_Ciudad_Real_LERL_1No deberíamos acometer nuevas infraestructuras, sin que previamente quede demostrada de manera fehaciente su necesidad y viabilidad. A cada plan de inversión, debería acompañarse siempre un proyecto de gestión sopesado, justificado y razonable, que ampare la necesidad social de la inversión, su sostenibilidad económica futura, y la viabilidad de asumir el coste de su mantenimiento con fondos públicos. Mantener las infraestructuras representa, ya de por sí, un alto coste para las administraciones públicas.

Por ello, deberíamos limitarnos a mantener y mejorar aquellas infraestructuras que sean viables y socialmente rentables, y abandonar sin miramiento alguno el resto; así, daríamos por perdido el dinero inicialmente invertido―algo que, en realidad, ocurre ya en la actualidad―, pero evitaríamos el sinsentido de mantener unas infraestructuras inútiles social y económicamente hablando.

El ejemplo más elocuente es el de la red de carreteras. El mantenimiento de la red actual, en condiciones de eficiencia y seguridad, supone un coste en muchos casos inabordable para la administración pública, lo que abre el debate sobre el establecimiento de pago de peajes en carreteras libres hasta ahora. Resulta evidente que, ante esta situación, los esfuerzos públicos se han de centrar en mantener y mejorar nuestra red viaria, renunciando de una vez por todas a acometer nuevos proyectos, cuya financiación sería más que trabajosa, y que nos llevaría a tener que incrementar todavía más los ya altísimos costes de mantenimiento.

Conclusión

Por lo tanto, queda claro la ineficiencia en la gestión de los políticos en la administración del dinero público, ya que éste ha sido utilizado como medio para la captación de votos sin sopesar los gastos a futuro que podrían conllevar la creación de grandes infraestructuras por todo el país. Además, podríamos estudiar a fondo el número de casos de corrupción que se han realizado en la construcción de dichas infraestructuras, como en el Palma Arena de Palma de Mallorca o en la Ciudad de las ciencias y las artes de Valencia.

Todo esto ha supuesto la creación de un legado en forma de deudas impagables para la sociedad española. Estas deudas tienen un doble efecto en la economía del país: por un lado, el efecto directo de necesidad del pago de deuda a otros países o inversores para recuperar los niveles de endeudamiento; por otro lado, tiene un efecto colateral mucho más grave: dados los niveles actuales de endeudamiento, es imposible la utilización de recetas clásicas para salir de la crisis como lo es la obra pública a gran escala. Este hecho afecta directamente en los sectores productivos y de la construcción, aumentando si cabe la tasa de paro y dinamitando una fácil salida de la crisis.

Los políticos que realizaron estas nefastas gestiones tienen nombre y apellidos por lo que se debería tratar de buscar responsabilidades reales, ya que las responsabilidades una vez más quedan diluidas con la supuesta dificultad de la gestión de los bienes públicos.

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Además, la sociedad debe entender que la inversión pública es un arma de doble filo que puede destruir la sociedad del bienestar en el que creemos que vivimos. Cualquiera que haya jugado al Simcity sabrá que no se puede apostar por crear y mantener todas las infraestructuras al mismo tiempo, ya que el dinero público tiene sus fronteras. Se debe tratar de crear una sociedad sostenible a largo plazo construyendo solo las infraestructuras necesarias y cuidando las prioridades sociales, como lo son la sanidad y la educación.

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About The Author

Estudiante de Ingeniería de la Organización industrial en la Universidad del País Vasco, Junior Empresario, triatleta, amante del opensource ...culo-inquieto en general.

2 Responses to Autopista hacia la bancarrota

  1. Jon Ander says:

    Unas cuantas puntualizaciones:
    Que España sea uno de los países con mayor deuda pública es completamente falso, sólo hay que ver la gráfica a la que tú mismo enlazas para ver que estamos a nivel de Alemania en la media europea.
    Otra cosa es, que es de las que mayores problemas tiene para colocar su deuda.

    Que las infraestructuras tengan que tener un impacto en la productividad del país es algo cuestionable, creo que toda inversión pública ha de tener el bien de la población como fin único, no la “productividad” o algunos parámetros técnicos como pueden ser la rentabilidad (cosa harto difícil de medir si intentas medir, por ejemplo, el coste de un hospital).

    La mayor parte de la deuda actual, no la hemos heredado de la construcción de dichas infraestructuras, (la mayoría, terminadas antes del 2008), como por ejemplo, el Palma arena, finalizado en 2007 (ya que lo mentas en el artículo). Sino de la caída de la recaudación fiscal y la poca flexibilidad de los gastos (algunos sí asociados a estas infraestructuras, sino mirar los déficits anuales del BEC y Supersur).

    Las grandes infraestructuras no creo que fueran el problema, sino uno de los síntomas del cáncer que hemos tenido: la cultura del pelotazo, del hormigón armado y de muera la inteligencia. Se me llevan los demonios cuando oigo a los responsables hablar de productividad cuando son los responsables de que la mayoría del esfuerzo económico del país se haya dedicado durante los últimos 15 años haya sido a algo tan productivo e innovador como alicatar medio país.

    Por esto creo que tu artículo sólo rasca la superficie, y no va al mehollo del problema, no todo es culpa de las inversiones locas del político de turno, y creo que hay más transfondo en la educación y la mentalidad que otra cosa.

    • yayitazale says:

      Hola:

      España es uno de los países de la UE con un mayor crecimiento de deuda pública en los últimos años. Además, es uno de los países con mayor deuda pública en porcentaje del PIB, estando en el puesto número 9 de los 27, por encima de Alemania, y es el quinto de 27 en deuda general del gobierno.

      Además de esto, hay que añadir que en estos momentos España tiene el mayor déficit de los 27 países, a un -10% del PIB. Todo esto hace crecer la duda de los inversores en la compra de deuda española (reflejada en la prima de riesgo) por lo que colocar la deuda es cada vez más caro.

      Por lo tanto como bien dices se debe tratar de invertir la situación a tener un superávit para poder ir pagando la deuda contraída hasta ahora y bajar la presión sobre los prestamos hacia este país. Para ello el gobierno está tratando de bajar el déficit generado por los gastos y la baja recaudación fiscal.

      Por lo tanto, creo y por eso lo pongo en el artículo que España es uno de los países con una deuda pública mayor, no solo en números actuales, sino a futuro. ya que el alto interés de la deuda que estamos colocando actualmente (un poco más bajo en los últimos dos meses) en contra del déficit del país hace que la deuda siga creciendo de forma imparable.

      Las grandes infraestructuras no fueron el problema central, pero no trata de eso el artículo. Si navegas por la página, podrás ver que estoy llevando una temática concreta sobre la crisis y voy dando pinceladas de lo que opino sobre el tema, pero no entro a debatir algunos temas que están detrás de una crisis como la que estamos viviendo.

      EN próximos artículos trataré otros temas como el desempleo o la deslocaliación, en los que tampoco tratare el trasfondo real de la crisis, si no que hablare del problema concreto dando alguna pincelada de la conexión con los problemas que he tratado en otros artículos.

      Un saludo y gracias por tu comentario.

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