Ensoñación nostálgica: el olvido del que está hecha la memoria

Published On 04/03/2013 | By Jon Gurutz Arranz Izquierdo | Opinión

“Odio la resignación, la paciencia, el heroísmo profesional y cualquier sensiblería forzosa. También odio las artes decorativas, el folklore, la publicidad, la voz de los locutores, el aerodinamismo, el olor de la gasolina, la actualidad y la gente borracha. Me gustan el humor subversivo, las pecas, las rodillas, el pelo largo de mujer, las risas de los niños en libertad, una jovencita corriendo por la calle. Deseo el amor que vive, lo imposible y lo quimérico. Temo conocer mis límites con precisión. Mi único deseo es enriquecerme con nuevos y estimulantes pensamientos. Odio mi pasado y el de los demás”. ~ R. M.

De forma ocasional, es frecuente que viejos recuerdos vuelvan a deambular por la cabeza, durante esa fiesta neurofisiológica que llevan a cabo los neurotransmisores y la sinapsis neuronal en ella. Y aquellas experiencias que deberían quedarse fijadas de forma permanente e inmutable allá atrás en el tiempo y en nuestra memoria (quedándose como lo que son, hechos terminados y superados), deciden reaparecer y merodear por el contexto actual; el cual, por ser nuevo, debería ser rico en posibilidades y no en un reflejo de lo ya realizado. Este hecho, más habitual de lo sanamente admisible y psicológicamente manejable, puede incluso llegar a representar una soga que nos asfixie de cara a tomar ciertas decisiones en el futuro.

Recuerdos y pensamientos añejos, reconfortantes en su momento, que se tornan nocivos o hasta peligrosos, debido a que su nueva función no es más que la de provocar frustración e impotencia en el sujeto. Al saber éste, aunque simplemente lo intuya, que es imposible en la mayoría de ocasiones modificar algo ya acontecido, y pueden llegar a ser causantes de algo mucho más perjudicial para la persona: el que ésta intente repetir eventos ciegamente de forma compulsiva. La pestilencia anodina de la vida cotidiana es una de las principales causas que puede provocar que este reflujo mental ocurra.

A su vez, bien es cierto que el auge de ciertos dispositivos ―anuncio que me recuerda horrores a esto―, que inciden en la socialización constante y en la prostitución reiterada de lo íntimo, no parece que nos vaya a facilitar la tarea de intentar no vivir sepultados bajo decisiones pasadas y pensamientos remotos.

Creemos conocernos, y por eso vivimos bajo la ficción de que nuestra identidad, esa construcción a posteriori a la que llamamos “Yo”, es racional, lineal y obedece a nuestras órdenes autónomas y voluntarias. Tal es la fe que profesamos y depositamos en nuestra capacidad cognitiva que olvidamos que la identidad es muy fácil de moldear, modificar y manipular. De cambiar, al fin y al cabo. Y es por esto que ciertos sucesos traumáticos en nuestra vida que consideramos demasiado vertiginosos pueden hacernos sentir débiles y desamparados, provocarnos consternación, incluso inducir que nos olvidemos de quiénes creemos que somos en la actualidad, o quiénes pensábamos que éramos hasta antes de ese suceso; y es precisamente por eso, que puede ocurrir que recurramos de forma instintiva a fraguar de nuevo ideas ya vividas, a rememorar pensamientos ya realizados y a intentar seguir ejecutando acciones ya acabadas.

Y no, la única utilidad real que puede tener esta especie de retrovisor mental es para prevenir el ahogamiento que provoca la incertidumbre de lo que está por llegar. De lo que podemos ser. Es necesario comprender que buscar refugio en hechos sucedidos es algo infantil, y denota una construcción mental inferior, básicamente porque incluso ese consuelo en el que nos arropamos puede ser falso. De modo que nos encontramos ante una memoria mentirosa, que evita que tomemos decisiones en base a lo que ya hemos sido, y que a la vez tergiversa y distorsiona lo que somos o en lo que nos podemos convertir. Finalmente, acabas basando tu identidad actual en una fotografía difuminada y amarillenta en la que ni siquiera tú puedes reconocerte.

Si el no ser capaz de concebir un futuro mejor a corto plazo, puede ser la causa de una mala decisión, ¿qué es acaso vivir del propio recuerdo? Es como engullir incesantemente tu propio vómito. Hay que abrazar la incógnita, y depositar nuestra esperanza en ella por emocionante y reconfortante. Ambicionad con lo desconocido.

“Nostalgia literally means the pain from an old wound.”

De todas formas, esto no son más que palabrejas. Que te mantienen calentito por las noches, y ya. No sirven para absolutamente nada más. “¡Y la memoria me engaña!”.

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About The Author

Empecé como chico de los recados para Oreka Komunikazioa y miembro del Ala Dura, sector Pito-Jai, del Euskal Kultur Mintegia; luego, hice esquelas preciosísimas en el DA (entrad, ¡que cada día hay nuevas!); después, en El País, aprendí que ser periodista es discutir mucho y muy fuerte con tu jefe; al final, me licencié en Humanidades y Comunicación (HUCO) en Deusto y, al ver que lo mío no era nada de todo eso, acabé en la UPV/EHU estudiando Antropología Social. Además, gracias a mi inglés “Hi! I’m Big Muzzy!” colaboro en Mapping Ignorance. También he trabajado en los Cursos de Verano de la UPV/EHU. Soy una persona de poca fortuna genética y un desecho vital. Por favor, no me miréis, me provoca miedito y consternación.

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