“¡Muera la inteligencia!”, y ensalce al conocimiento

Published On 25/02/2013 | By Cristian Mollà Esparza | El Blog por los autores, Opinión

Constancia, rigor, criterio, ingredientes como estos lo que articulan una buena argumentación.

La sociedad actual abarca multitud de conocimientos basados en estos y otros sustantivos que enmarcan y son, el trasfondo de numerosas investigaciones, de una multitud de autores, de largos estudios, reflexiones y transformaciones del saber. Hace falta tener presente la capacidad de gestionar, saber utilizar, como también fundamentar el conocimiento que nos rodea y que cada cual emplea, para reflejar una humilde opinión, una reflexión o un profundo diálogo.

Avalar tu propio criterio resulta una práctica costosa y dificultosa, aun así comporta una densa actitud de propiedad y razonamiento. Razonar y argumentar mediante explicaciones y consideraciones avaladas por una terminología, expone al alcance de todo el mundo un claro respaldo que parte de principios propios. Así, recurrir a una variada revisión bibliográfica, establecer mención de autores con cierto reconocimiento científico, o considerar recientes investigaciones, transforman de buenas formas una mera creencia, una apreciación individual, una consideración o una opinión en argumentaciones más consistentes.

Elaborar una exposición, o un debate, o aun así un diálogo con cierta claridad, un orden y un contenido documentado, aporta una visión más rica y elaborada del trabajo y del esfuerzo que hay detrás. La capacidad que hay al recorrer, discrepar, o aceptar las diferentes teorías, modelos, y realidades hace único cada trabajo, cada artículo, ensayo, memoria, examen, publicación, etc. Estos siempre tendrán un factor en común, la fundamentación que los avala, el establecimiento de la cimentación sobre la cual se fabrica, el basar en la historia del conocimiento su propia realización, producción o fabricación.

Leer, estudiar, indagar sobre algún tema, dejarnos llevar por nuestro interés del saber y conocer, provoca en cada cual de nosotros una nueva visión de aquello que suponíamos, creemos, o comúnmente desconocíamos.

Muy poco reconocimiento y validez se encuentra en multitud de expresiones abstractas, imprecisas, de paradero desconocido, extraídas y partidas de argumentos débiles y vagos, con la absoluta competencia que los hace ser de fácil refutación y dignos de ignorar. Por supuesto es inaceptable expresiones mágicas y sesgadas como «Yo pienso», «Yo creo», «Deduzco que», «Creo recordar», «No sé dónde leí», «En la tele han dicho», que ensucian, destruyen, derriban y de qué manera, el trabajo de evolución y transformación de nuestra herramienta fundamental en esta sociedad: el conocimiento.

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